Rosalía Castro de Murguía por Luis Sellier.jpg

ROSALÍA DE CASTRO   EL PROBLEMA DEL SUFRIMIENTO HUMANO Y LA FE EN LA EXISTENCIA DE DIOS.

             Estos son los putos del tema:

1.-Nota Biográfica.

2.-Obra poética.

3.-Rosalía de Castro, el problema del sufrimiento humano y la fe en la existencia de Dios.

CASA MUSEO DE ROSALÍA DE CASTRO .

 1.-NOTA BIOGRÁFICA.

 Nació en Santiago de Compostela, el 1837 y murió en Padrón 1855. Hija natural del sacerdote José Martínez Viojo (1798-1871) y María Teresa de la Cruz Castro y Abadía (1804-1862), una hidalga soltera venida económicamente a menos.

Con frecuencia, los biógrafos de la escritora gallega han ocultado la condición eclesiástica de su padre, así como también trataron de obviar el hecho de que fue registrada como hija de padres desconocidos y que se libró de entrar en la Inclusa al hacerse cargo de ella su madrina María Francisca Martínez, fiel sirviente de la madre de la recién nacida.

Parece que sobre los seis o siete años Rosalía se encontró bajo la custodia de su tía paterna Teresa Martínez Viojo en la aldea de Castro de Ortoño, perteneciente al municipio coruñés de Ames

Escasa parece que fue su formación estudió algo de francés, dibujo y música, para la que tiene cualidades extraordinarias.

En 1856 viaja a Madrid y se aloja en casa de una de sus tías: Carmen Lugín de Castro, madre del escritor Pérez Lugín.

Enemiga de frecuentar cualquier tipo de reunión social, Pilar Sinués, otra escritora que residía en la Corte, no consiguió nunca que asistiera a la suya.

El 10 de octubre de 1858 se casa en la iglesia de San Ildefonso con Manuel Martínez Murguía, de veinticinco años y destacado periodista.

FAMILIA DE ROSALÍA DE CASTRO.

La mayor parte de su vida estuvo gravemente enferma a pesar de lo cual tuvo seis hijos uno de los cuales murió en un accidente a los nueve meses y la última que nació muerta. (…) Juguete del destino, arista humilde,/ rodé triste y perdida; pero conmigo lo llevaba todo: llevaba mi dolor por compañía.

En 1871 el matrimonio se traslada a la Coruña, debido al trabajo de su marido que tiene a su cargo el Archivo de Galicia, y más tarde a Santiago, donde dirige el de allí y la Biblioteca de la Universidad. Mientras, Rosalía compatibiliza la escritura con la vida doméstica y continúa alejada da de la pública.

Siempre que su salud se resentía volvía a su casona de Padrón donde murió en 1855.

SEPULCRO DE ROSALIA DE CASTRO EN SANTIAGO DE COMPOSTELA.

Resultan especialmente ilustrativas las fidedignas líneas escritas por González Besada sobre los últimos momentos de Rosalía: «…recibió con fervor los Santos Sacramentos, recitando en voz baja sus predilectas oraciones. Encargó a sus hijos quemasen los trabajos literarios que, ordenados y reunidos por ella misma, dejaba sin publicar. Dispuso se la enterrara en el cementerio de Adina, y pidiendo un ramo de pensamientos, la flor de su predilección, no bien se lo acercó a los labios sufrió un ahogo que fue comienzo de su agonía.

Delirante, y nublada la vista, dijo a su hija Alejandra: “abre esa ventana que quiero ver el mar”, y cerrando sus ojos para siempre, expiró…».

2.- OBRA POÉTICA.

 Azorín definió Rosalía de Castro como ««uno de los más delicados, de los más intensos, de los más originales poetas que ha producido España»».

Fue precisamente esa originalidad la que motivó la incomprensión de la crítica de su tiempo. Rosalía no se ajustaba a los cánones de la literatura femenina,´

Aunque cultivó la novela, son sus versos los que la convierten en una escritora universal, que trasciende su tiempo y su país. Ella misma era consciente de la extrañeza que producía su poesía, de temática existencial, en la que se planteaba el sentido de la vida, el silencio de Dios, la injusticia social, los problemas de unas gentes que tenían que emigrar para ganarse la vida. No era esa la poesía «femenina», no era así como la sociedad y los críticos pensaban que tenían que escribir las mujeres. Y Rosalía se interroga con un punto de ironía sobre su propia condición:

Daquelas que cantan as pombas i as frores

Todos din que teñen alma de muller,

Pois eu que n’as canto, Virxe da Paloma,

¡Ai!, ¿de que a terei?

Su nombre no apareció en las antologías de escritoras que se editaron en el siglo XIX, ni entre Las cien mejores poesías de la lengua castellana seleccionadas por Menéndez y Pelayo, ni en las omisiones que Antonio Valbuena le señala. Fue el hispanista británico James Fitzmaurice-Kelly el primero en incluirla en su antología Oxford Book of Spanish Verse en 1913. Desde entonces el reconocimiento al valor literario de Rosalía de Castro no ha cesado de crecer.

Con sus libros Cantares Gallegos y Follas novas devolvió al gallego la categoría de lengua literaria que había perdido en siglos de silencio, pero su valor va más allá de la recuperación lingüística. Rosalía se convirtió en la voz de un pueblo que había perdido su voz. No es extraño que en Galicia su figura haya alcanzado una dimensión mítica, de Alma Mater de un pueblo que se siente identificado y representado por ella.

En las orillas del Sar, su libro más conocido, no sólo es, junto con las Rimas de Bécquer la mejor obra del Romanticismo español, sino el punto de partida de una nueva lírica, que será continuada por Antonio Machado y la poesía del siglo XX que llamamos existencial, es decir, aquella que se enfrenta a los grandes enigmas de la vida humana.

Aparte de la obra narrativa, similar en valía a la de otros escritores románticos que fueron sus contemporáneos, la obra poética de Rosalía de Castro la coloca entre los grandes nombres de la literatura universal.

Cfwww.cervantesvirtual.com/portales/rosalia_de_castro/)

Esta es la enumeración de su obra poética

1.-COLECIONES DE POESIA.

La flor (1857) 50%.svg

A mi madre (1863) 50%.svg

Cantares gallegos (1863); original en gallego

Follas novas (1880); original en gallego

En las orillas del Sar (1884) 75%.svg

 

2.-POEMAS IINDIVIDUALES.

 A la memoria del poeta gallego Aurelio Aguirre

Ángel y mujer

Desolación

En un álbum

Hojas marchitas

Las campanas

Mi tierra

Predestinados

Regina

Tiempos que fueron

Un recuerdo

 3.-NOVELAS .

 La Hija del Mar (1859)

Conto Gallego (1864); original en gallego

Flavio (1861)

El Cadiceño (1863)

Ruinas (1866)

Las Literatas (1866)

El Caballero de las Botas Azules (1867)

El Primer Loco (1881)

El Domingo de Ramos (1881)

Padrón y las Inundaciones (1881)

 

 3.-ROSALÍA DE CASTRO   EL PROBLEMA DEL SUFRIMIENTO HUMANO Y LA FE EN LA EXISTENCIA DE DIOS.

             El problema del mal en general y el del sufrimiento humano en particular, y en éste el de los inocentes, es una de las causas que golpea tanto a creyentes como a incrédulos de todos los tiempos acerca de la compatibilidad entre la existencia de un Dios, con sabiduría, poder y bondad infinita con la existencia del mal.

La vida de Rosalía de Castro estuvo rodeada de sufrimientos de todo tipo, tanto propios como ajenos, en su Galicia natal, algo que llevó a la escritora a plantearse este problema diríamos de una forma intensa y personalizada.

 LAS ORILLLAS DEL RÍO SAR

Será ella sin embargo quien nos informe acerca de la dimensión de su vivencia existencial en este punto, dado que a continuación comentaremos parte de su obra En las orillas del Sar en la que aparece, entre otras, abordado este problema cuyo argumento y sin la poesía de su autora podemos sintetizar así:

Rosalía en una introspección sobre su espíritu descubre que su fe en Dios ha sufrido una crisis nacida de ver que su existencia particular y de su pueblo en general está sometida al sufrimiento del que no logra liberarse que la ha llevado a sentir por Dios un sentimiento en el que se mezclan el rencor y el amor.

            Con el fin de encontrar solución a su crisis vuelve a recorrer lugares de su tierra en los que anteriormente nació y se fortaleció su esperanza y creencia, este recorrido termina en un fracaso permaneciendo su existencia en la amarga oscuridad de su rencor-amor.

A continuación trasmitimos el texto completo de esta parte de la obra precedido de un comentario introductorio a cada parte.

CATEDERAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA.

COMENTARIO.

NÚMERO I.

             En estas primeras estrofas en un análisis introspectivo de sus sentimientos , se planta la poetisa  el que va a ser el argumento central del poema, la interna contradicción de su espíritu entre la fe en Dios y la incredulidad personal que le golpea y que crea en ella respecto a Dios un sentimiento de contradictoria de rencor-odio.

 A través del follaje perenne

que oír deja rumores extraños,

y entre un mar de ondulante verdura,

amorosa mansión de los pájaros,

desde mis ventanas veo

el templo que quise tanto.

El templo que tanto quise…,

pues no sé decir ya si le quiero,

que en el rudo vaivén que sin tregua

se agitan mis pensamientos,

dudo si el rencor adusto

vive unido al amor en mi pecho.

 CASA DE ROSALIA DE CASTRO EN PADRÓN.

NÚMERO II.

 COMENTARIO.

             El alma encuentra un breve descanso en su lucha y la amarga incertidumbre en su vuelta a los lares primitivos, lugares donde florecieron sus primitivas creencias religiosas , un descanso que sin embargo es agridulce, sombrío, porque ahora se siente como si estuviera en un territorio extraño que en el pasado era para ella el ámbito donde en cada rincón sonriendo le aguardaba la esperanza.

¡Otra vez!, tras la lucha que rinde

y la incertidumbre amarga

del viajero que errante no sabe

dónde dormirá mañana,

en sus lares primitivos

halla un breve descanso mi alma.

Algo tiene este blando reposo

de sombrío y de halagüeño,

cual lo tiene, en la noche callada,

de un ser amado el recuerdo,

que de negras traiciones y dichas

inmensas, nos habla a un tiempo.

Ya no lloro…, y no obstante, agobiado

y afligido mi espíritu, apenas

de su cárcel estrecha y sombría

osa dejar las tinieblas

para bañarse en las ondas

de luz que el espacio llenan.

Cual si en suelo extranjero me hallase,

tímida y hosca, contemplo

desde lejos los bosques y alturas

y los floridos senderos

donde en cada rincón me aguardaba

la esperanza sonriendo.

 

NÚMERO III.

COMENTARIO. Revive antiguas vivencias que hacían dichoso su despertar: el sonido de las campanas, el luminoso rayo de sol , visiones con alas de oro nacidas de una fe con venda celeste . Es significativa esa calificación de la fe como algo ciego, venda celeste.

Hoy el sol sigue siendo el mismo lo que se ha disipado son las visiones , que en vano llama y busca. Sintiéndose atraída por el antiguo camino a Las Orillas del Sar decide bajar en su busca con la esperanza de que ese camino le salga de nuevo al paso lleno de blancos fantasmas, nueva calificación de los contenidos de la fe.

 Oigo el toque sonoro que entonces

a mi lecho a llamarme venía

con sus ecos que el alba anunciaban,

mientras, cual dulce caricia,

un rayo de sol dorado

alumbraba mi estancia tranquila.

Puro el aire, la luz sonrosada,

¡qué despertar tan dichoso!

Yo veía entre nubes de incienso,

visiones con alas de oro

que llevaban la venda celeste

de la fe sobre sus ojos…

Ese sol es el mismo, mas ellas

no acuden a mi conjuro;

y a través del espacio y las nubes,

y del agua en los limbos confusos,

y del aire en la azul transparencia,

¡ay!, ya en vano las llamo y las busco.

Blanca y desierta la vía

entre los frondosos setos

y los bosques y arroyos que bordan

sus orillas, con grato misterio

atraerme parece y brindarme

a que siga su línea sin término.

Bajemos, pues, que el camino

antiguo nos saldrá al paso,

aunque triste, escabroso y desierto,

y cual nosotros cambiado,

lleno aún de las blancas fantasmas

que en otro tiempo adoramos.

 EL CAUCE DEL RIO SAR.

NÚMERO IV.

 COMENTARIO. Puesta ya en el camino, senda amiga, con mirada incierta,/ busco por la llanura/ no sé qué sombra vana o que esperanza muerta,/ no sé qué flor tardía de virginal frescura/ que no crece en la vía arenosa y desierta: Sombra, esperanza muerta, fantasmas, venda ciega, son calificaciónes del objeto de su búsqueda, en contraste de lo que fueron santas alegrías.

Y a partir de ahí sigue describiendo su caminar por lugares que le resultan conocidos a la orilla del río. Trabanca , la Torre , La Presa, Fondón, y traen a su alma bellos recuerdos : Como un eco perdido/, como un amigo acento /que sueña cariñoso/, el familiar chirrido del carro perezoso/ corre en alas del viento y llega hasta mi oído /cual en aquellos días hermosos y brillantes/ en que las ansias mías eran quejas amantes,/ eran dorados sueños y santas alegrías.

 Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,

caigo en la senda amiga, donde una fuente brota

siempre serena y pura,

y con mirada incierta, busco por la llanura

no sé qué sombra vana o que esperanza muerta,

no sé qué flor tardía de virginal frescura

que no crece en la vía arenosa y desierta.

De la oscura Trabanca tras la espesa arboleda,

gallardamente arranca al pie de la vereda

La Torre y sus contornos cubiertos de follaje,

prestando a la mirada descanso en su ramaje

cuando de la ancha vega por vivo sol bañada

que las pupilas ciega,

atraviesa el espacio, gozosa y deslumbrada.

Como un eco perdido, como un amigo acento

que sueña cariñoso,

el familiar chirrido del carro perezoso

corre en alas del viento y llega hasta mi oído

cual en aquellos días hermosos y brillantes

en que las ansias mías eran quejas amantes,

eran dorados sueños y santas alegrías.

Ruge la Presa lejos…, y, de las aves nido,

Fondón cerca descansa;

la cándida abubilla bebe en el agua mansa

donde un tiempo he creído de la esperanza hermosa

beber el néctar sano, y hoy bebiera anhelosa

las aguas del olvido, que es de la muerte hermano;

donde de los vencejos que vuelan en la altura,

la sombra se refleja;

y en cuya linfa pura, blanca, el nenúfar brilla

por entre la verdura de la frondosa orilla.

 

EL PASEO DEL ESPOLÓN EN PADRÓN A LA ORILLA DEL SAR.

NÚMERO V.

 COMENTARIO. Continúa admirando la belleza del camino de la que en su juventud extrajo el sentido de su existencia: visiones de armiño, ilusiones,suspiros de amor… hoy barridos por la inconstancia ciega, todo eso está perdido: la fragancia de las flores, perdió su azul el cielo ,el campo su frescura, el alba su candor… los años pasados niegan al alma toda ilusión, todo dulce consuelo … y lo más importante la duda religiosa la destierra de la vida eterna.

 ¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón, oh Iria Flavia!

Mas el calor, la vida juvenil y la savia

que extraje de tu seno,

como el sediento niño el dulce jugo extrae

del pecho blanco y lleno,

de mi existencia oscura en el torrente amargo

pasaron, cual barrida por la inconstancia ciega,

una visión de armiño, una ilusión querida,

un suspiro de amor.

De tus suaves rumores la acorde consonancia,

ya para el alma yerta tornóse bronca y dura

a impulsos del dolor;

secáronse tus flores de virginal fragancia;

perdió su azul tu cielo, el campo su frescura,

el alba su candor.

La nieve de los años, de la tristeza el hielo

constante, al alma niegan toda ilusión amada,

todo dulce consuelo.

Sólo los desengaños preñados de temores,

y de la duda el frío,

avivan los dolores que siente el pecho mío,

y ahondando mi herida,

me destierran del cielo, donde las fuentes brotan

eternas de la vida.

 

ESTATUA DE ROSALIA DE CASTRO EN EL PASEO DEL ESPOLÓN EN PADRÓN.

NÚMERO VI.

 COMENTARIO. Definitivamente tras recorrer el camino siempre bello y fecundo de su tierra, la poetisa, que no deja de sentir en su espíritu un sentimiento de hambre de justicia por ella y su pueblo termina por experimentar aquel sentimiento rencor odio al comprobar que sus clamores no son escuchados por un Dios que guarda un inexplicable silencio.

 ¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!

Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,

del Sar cabe la orilla

al acabarme, siento la sed devoradora

y jamás apagada que ahoga el sentimiento,

y el hambre de justicia, que abate y que anonada

cuando nuestros clamores los arrebata el viento

de tempestad airada.

Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora

tras del Miranda altivo,

valles y cumbres dora con su resplandor vivo;

en vano llega mayo de sol y aromas lleno,

con su frente de niño de rosas coronada,

y con su luz serena:

en mi pecho ve juntos el odio y el cariño,

mezcla de gloria y pena,

mi sien por la corona del mártir agobiada

y para siempre frío y agotado mi seno.

 

NÚMERO VII.

 COMENTARIO. Ya perdida toda esperanza de encontrar un claro sentido a su vida, la poetisa decide retornar paso a paso a su antigua morada oscura y al triste desierto que es su vida.

 Ya que de la esperanza, para la vida mía,

triste y descolorido ha llegado el ocaso,

a mi morada oscura, desmantelada y fría,

tornemos paso a paso,

porque con su alegría no aumente mi amargura

la blanca luz del día.

Contenta el negro nido busca el ave agorera;

bien reposa la fiera en el antro escondido,

en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido

y mi alma en su desierto.

 

FINAL : Al hilo de este final en el que Rosalía ve su alma como un desierto, se me vienen a la mente unos versos de un himno litúrgico que dice: Ahora que mi vida es un desierto/ en el que nunca nacerá una flor/ vengo a pedirte Jardinero/ por el desierto de mi corazón.

            En otra parte de su obra en la que aparecen preguntas y sentimientos similares  , Rosalía recurre también a la súplica cuando dice :

Arrodillada ante la tosca imagen,

mi espíritu, abismado en lo infinito,

impía acaso, interrogando al cielo

y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.

¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana

con sus ecos responde a mis gemidos

desde la altura, y sin esfuerzo el llanto

baña ardiente mi rostro enflaquecido.

¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan solo

lo puedes ver y comprender, Dios mío!

¿Es verdad que los ves? Señor, entonces,

piadoso y compasivo

vuelve a mis ojos la celeste venda

de la fe bienhechora que he perdido,

y no consientas, no, que cruce errante,

huérfano y sin arrimo,

acá abajo los yermos de la vida,

más allá las llanadas del vacío.

Sigue tocando a muerto, y siempre mudo

e impasible el divino

rostro del Redentor, deja que envuelto

en sombras quede el humillado espíritu.

Silencio, siempre; únicamente el órgano

con sus acentos místicos

resuena allá de la desierta nave

bajo el arco sombrío.

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