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¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

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COMENTARIO.

El soneto de Lope de Vega es en su estructura, como la mayor parte de su obra, perfecto,  en  cuanto  a  su contenido podríamos estudiarlo desde la realidad que presenta o desde los sentimientos que se expresan.

La realidad  del mismo queda condensada en el último verso, para lo  mismo responder mañana, de momento no hay intención de abrir la puerta al que llama, por lo mismo los sentimientos que varios versos expresan: el de extrañeza por la búsqueda de su amistad, el de culpabilidad al reconocer la dureza de sus entrañas, el de ingratitud al saber que sus llagas redentoras se han secado, el de despego a la súplica del Ángel, o son completamente insinceros o más bien expresión humilde de su incapacidad de conversión por la que terminaría abriendo  la puerta a Jesús tras recibir  la petición de su gracia que lo capacitaría.

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quijotediscipulo

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