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 LA CIUDAD DE NICEA EN EL SIGLO VIII. HOY IKNIK EN TURQUÍA 

SEGUNDO  CONCILIO DE NICEA SÉPTIMO  CONCILIO ECUMÉNICO AÑO 787.

En la redacción del tema nos vamos a seguir el siguiente esquema.

1.-Motivación del Concilio.

2.-Circunstancias del Concilio.

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1.-MOTIVACIÓN DEL CONCILIO.LA CRISIS ICONOCLASTA

La crisis iconoclasta es  un interesante episodio dentro de la historia del Imperio Bizantino, en el que tiene lugar un conflicto a nivel político, religioso, artístico, estético y social, de gran trascendencia.Aunque aflora en el siglo VIII, parte de un debate que ya lleva gestándose desde los tiempos más primitivos del cristianismo. Participan dos concepciones diferentes y dos formas opuestas de ver la religión: los ortodoxos o iconódulos, y los anicónicos. Dentro de estos últimos, además, existe una vertiente más radical, los iconoclastas. Primero, veamos en qué consiste cada uno:

los iconódulos o defensores son aquellos que defienden el uso de imágenes dentro del culto religioso.

– los anicónicos o detractores rechazan el uso de imágenes dentro del culto religioso, ya que toda imagen está realizada con materia, y adorar la imagen es adorar la materia de la que está hecha, reduciendo a Dios a la materia de la representación.

los iconoclastas o destructores.no solo rechazan el uso de imágenes, sino que además reaccionan violentamente, abogan por la destrucción de las imágenes, considerándolas idolatría y herejía.Ya en el año 730, el emperador bizantino León III el Isaurio prohíbe la representación de la divinidad.

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Apoyado en fundamentos teológicos, comienzan a generarse posturas cada vez más excluyentes, y dentro de esta postura oficial anicónica cobra fuerza la iconoclastia, en parte alentada por el propio emperador, que buscaba arrebatar a la Iglesia oriental tanto el peso político como los territorios y riquezas, para hacer frente a una crisis económica. Al año siguiente, los ortodoxos responden, desde Roma, proclamando el papa Gregorio III la iconoclastia como herejía. En 754, Constantino V convoca un nuevo concilio, en el que se reafirma la iconoclastia, que supone el inicio de una persecución y destrucción de imágenes.  León V (emperador entre 813 y 820) se vuelve a imponer la iconoclastia, que se mantendrá hasta la muerte del emperador Teófilo en 842. A su muerte, su viuda, la emperatriz Teodora, regresa definitivamente a la ortodoxia, permitiendo la veneración de las imágenes.

La que justifica el culto a las imágenes es  la méthexis, es decir, que   en ella haya algo  de lo representado y si lo representado es algo santo, la imagen podrá recibir la devoción del ser representado bien sea Dios, la Virgen , los santos.La postura iconódula es encabezada por San Juan Damasceno (675-749), figura de la iglesia oriental que expondrá 3 sermones “Contra aquellos que desprecian las imágenes sagradas”.. Vuelve a partirse de la méthexis, el concepto de la participación  ”. Si cualquier realidad de la naturaleza es criatura de Dios, todas las cosas participan de la belleza y de la bondad divina, por lo tanto es perfecto y adecuado poder representar a Cristo porque participa también de esa belleza divina al ser Hijo de Dios, quien es el logos. Participa de ese modelo de percepción, y por lo tanto, a partir de esa participación se puede entrar en contacto con el original, con el que realmente representa. Si el hombre es imagen divina, y el hombre participa de la belleza y bondad divina, ¿cuánto más no participará Cristo que es Hijo de Dios? El icono tiene en él mismo parte de esa bondad y belleza divina y sobre todo es el medio de comunicación con la divinidad.

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Pero siguiendo con la doctrina de la participación. toda imágen cumplirá una función religiosa positiva si la imagen reproduce algunos aspectos del ser representado, bien sea Dios en la Trinidad, bien sea Cristo que es Dios, bien sea la Virgen bien los santos, destacando siempre los fines  de las imágenes pueden ser varios: fin catequético, fin de comunión con lo representado, fin de centrar la atención en el acto religioso.

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2.-CIRCUNSTANCIAS DEL CONCILIO

Séptimo concilio ecuménico de la iglesia Católica, celebrado en 787. (Sobre las controversias ocasionadas por este concilio y las circunstancias en las que se convocó, ver ICONOCLASIA, SECCIONES I y II). Los legados papales tuvieron que abandonar la ciudad de Constantinopla tras el fracasado intento de celebrar allí un concilio que tratase de la Iconoclasia, debido a la violencia de la soldadesca iconoclasta. En Sicilia, ya de vuelta a Roma, fueron reclamados por la emperatriz Irene, que había remplazado las tropas amotinadas por otras mandadas por oficiales en quienes confiaba. Hecho esto, se convocó un nuevo concilio para 787 en Nicea de Bitinia. Las cartas del papa a la emperatriz y al patriarca (ver Iconoclasia II) demuestran superabundantemente que la Santa Sede aprobó la convocatoria del concilio. El papa escribió después a Carlomagno:” “Et sic synodum istam, secundum nostram ordinationem, fecerunt” (y así celebraron este concilio siguiendo nuestras indicaciones).

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LA EMPERATRIZ TEODORA.

La emperatriz regente y su hijo no asistieron en persona a las sesiones, pero estaban representadas por dos oficiales de alto rango: Petronio, patricio y cónsul anterior y el chambelán imperial y Secretario de estado (logothétēs), Juan, con el que estaba asociado como secretario el patriarca anterior, Nicéforo. Las actas representan constantemente a la cabeza de los miembros eclesiásticos a los dos legados romanos, el arcipreste Pedro y el abad Pedro; detrás de ellos venía Tarasio, patriarca de Constantinopla y después dos monjes orientales y sacerdotes, Juan y Tomás, representantes de los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén.

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Las operaciones del concilio muestran que Tarasio, hablando con propiedad, dirigía las sesiones. Los monjes Juan y Tomás afirmaban representar a los patriarcas orientales aunque éstos no sabían que el concilio había sido convocado. Sin embargo no era un fraude por su parte: habían sido enviados, no por los patriarcas, sino por los monjes y sacerdotes de rango superior que actuaban como sedibus impeditis, en lugar de los patriarcas a los que se impidió actuar por si mismos. Su excusa era la necesidad. Más aún, Juan y Tomás no firmaron en el concilio como vicarios de los patriarcas sino simplemente en nombre de las sedes apostólicas de Oriente. Con la excepción de estos monjes y de los legados romanos, todos los miembros del concilio eran súbditos del imperio bizantino. Su número, obispos y representantes de obispos, varía en los historiadores antiguos de 33p a 367. Nicéforo comete un error manifiesto al hablar de 150 miembros: las Actas del concilio que aún existen muestran no menos de 308 obispos o representantes de obispos, a los que hay que añadir un cierto número de monjes, archimandritas, secretarios imperiales y clérigos de Constantinopla que no tenían derecho al voto.

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BASÍLICA DE SANTA SOFÍA EN LA ACTUAL TURQUÍA.

3.-EL CONCILIO.SU DOCTRINA Y CONDENAS.

La primera sesión se abrió en la iglesia de Santa Sofía el 24 de septiembre de 787. Tarasio inauguró el concilio con un breve discurso: “El año pasado, al principios de agosto, se quiso celebrar, bajo mi presidencia, un concilio de la iglesia de los Apóstoles en Constantinopla; pero aunque la ausencia de algunos obispos a los que hubiera sido fácil contar, y cuyos nombre prefiero no mencionar, puesto que todos los conocen, fue imposible celebrar el concilio. Los soberanos se han dignado convocar otro en Nicea y Cristo ciertamente les premiará por ello. Es a este Señor y Salvador al que los obispos deben también invocar para pronunciar después el juicio equitativo de forma justa e imparcial”.

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EL SEGUNDO CONCILIO DE NICEA.

A continuación los miembros procedieron a la lectura de varios documentos oficiales, después de 4 lo cual, se permitió tomar sus asientos a los obispos iconoclastas que se habían retractado. Otros siete que habían conspirado el año anterior para que el concilio no se celebrara, se presentaron y declararon estar preparados para profesar la fe de los padres, pero la asamblea se enzarzó en una larga discusión sobre la admisión de herejes y pospuso su caso para otra sesión. El 26 de septiembre se celebró la segunda, durante la cual se leyeron las cartas del papa a la emperatriz y al patriarca Tarasio, que se declaró en completo acuerdo con la doctrina manifestada en dichas cartas. El 28 ó 29 de septiembre, en la tercera sesión, se permitió a algunos obispos que se habían retractado de sus errores, tomar sus asientos, después de lo cual se leyeron varios documentos. La cuarta sesión se celebró el 1 de octubre. Y en ella, los secretarios del concilio leyeron largas series de citas de la Biblia y de los Padres a favor de la veneración de las imágenes.

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Después se presentó el decreto dogmático, que fue firmado por todos los miembros presentes, por los archimandritas de los monasterios y por algunos monjes. Los legados papales añadieron una declaración en el sentido de que estaban dispuestos a recibir a todos los que habían abandonado la herejía iconoclasta. En la quinta sesión, el 4 de octubre, se leyeron pasajes de los padres que declaraban, o parecían declarar, contra la adoración de las imágenes, pero la lectura no continuó hasta el final y el concilio decidió a favor de la restauración y veneración de las imágenes. El 6 de octubre, en la sexta sesión, se refutaron las doctrinas del conciliabulum de 753. La discusión parecía no tener fin, peo a lo largo de ella se dijeron varias cosas dignas de mención. La siguiente sesión, del 13 de octubre, fue especialmente importante porque se leyó el horos, o decisión dogmática del concilio.

 

Entre los cánones de las actas del concilio son de destacar los siguientes:

El Canon 7 En él se empieza por  defender y explicar  el sentido que ha de tener el culto y veneración  de las imágenes, las imágenes de cualquier tipo esculturas, pinturas, representaciones artísticas de la pasión de Jesucristo, de los misterios de su vida así como de la Madre de Dios y de los santos son un buen medio que ayuda a quien las contempla para pasar de la imagen a la persona representada, mueven el sentimiento de los fieles a la devoción  expresado a través de su veneración, besos y otras manifestaciones sensibles.

Estas  manifestaciones  no se han de entender como un culto de latría que sólo se le debe a Dios, sino de un culto de dulía que es la veneración de un objeto material que por su dedicación exclusiva al culto divino se ha convertido en algo sagrado separado de todo lo profano , por ello imágenes, cálices y otros objetos del culto deben ser venerados.

En el Canon 8 empieza  probando  que este culto proviene y se deriva de la Sagrada Escritura que invita a cantar a Dios , a bendecir su nombre con cantos e Himnos inspirados y de la tradicción de los santos padres

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Sigue después sancionando este culto de forma que “si algún obispo o miembro del clero rechazare tal doctrina ha de ser depuesto y si fueren monjes o laicos sean privados de la comunión Los decretos sobre la veneración de las imágenes de este concilio fueron mal recibidos en occidente  y especialmente entre los francos, debido a una mala traducción del texto griego al latín de la que se deducía que las imágenes no podían ser objeto de ningún culto pues eso era pura idolatría sino que solamente se podían utilizarse como medio de recuerdo, embellecimiento e instrucción de los ignorantes. y a su vez se afirmaba que las mismas imágenes que representaban a la Santísma Trinidad debía adorarse como a la misma Trinidad Santa y Augusta.

 

Esta versión fue criticada severamente por una asamblea de teólogos francos a la cual asistió Carlomagno.  El  abad de  SanAngilberto  recopiló 85 textos de las actas y las envió  al papa Adrián I. Este documento está perdido, pero su contenido se puede deducir  de otros escritos en los que se muestra una respuesta conciliadora y prudente  del Papa :” Nam absit a nobis ut ipsas imagines, sicut quidam garriunt, deificemus,  Lejos de nosotros que las imágenes, según vocean algunos, sean divinizadas…(PL 1247-92)

Insatisfecho con esta defensa del concilio, Carlomagno mandó  preparar la obra conocida desde entonces como “Quattuor Libri Carolini”. El hecho concreto es que este tema no disminuyó la amistad entre Carlomagno y el Papa.

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(V La última sesión (octava) se celebró el 23 de octubre en el Palacio Magnaura, en Constantinopla, en presencia de la emperatriz y de su hijo. Se pronunciaron discursos, se firmaron los nombres y hubo aclamaciones. El concilio promulgó 22 cánones relativos sobre puntos de disciplina , que se pueden resumir de la siguiente manera:

• Canon 1: El clero debe observar los “santos cánones” que incluyen los apostólicos, los de los seis concilios ecuménicos previos, los de los sínodos particulares que han sido publicados en otros sínodos, y los de los Padres.

• Canon 2: Los candidatos a obispos deben conocer el Salterio de memoria y deben leer con detenimiento, no de forma superficial, todas las Sagradas escrituras.

• Canon 3 condena el nombramiento de obispos, presbíteros y diáconos por los príncipes seculares.

• Canon 4: Los obispos no han de pedro dinero a su clero: cualquier Obispo que por avaricia priva a uno de su clérigos es él mismo depuesto.

• Canon 5 va dirigido contra los que presumen de haber obtenido preferencias eclesiásticas con dinero, y recuerda el canon apostólico numero treinta y los cánones de Calcedonia contra los que compran promociones con dinero.

• Canon 6: Los Sinodos provienciales deben celebrarse anualmente.

• Canon 7: Las reliquias han de ser colocadas en todas las Iglesias: ninguna iglesia debe ser consagrada si no tiene reliquias.

• Canon 8 prescribe las precauciones que han de tomarse contra los falsos conversos del judaísmo.

• Canon 9: Todos los escritos contra las imágenes venerables han de ser entregados, para ser encerrados con otros escritos heréticos.

• Canon 10: contra los clérigos que abandonan sus propias diócesis sin permiso y se convierten en capellanes privados de grandes personajes.

• Canon 11: Cada iglesia y cada monasterio ha de tener su propio ecónomo.

• Canon 12: contra los obispos y abades que entregan propiedades de la iglesia a señores temporales.

• Canon 13: Las residencias episcopales, monasterios y otros edificios eclesiásticos convertidos a usos profanos han de ser devueltos a su propietario legal.

• Canon 14: las personas tonsuradas no ordenadas como lectores no deben leer la Epístola o el Evangelio en el púlpito.

• Canon 15: contra la pluralidad de beneficios.

• Canon 16: El clero no ha de llevar vestidos suntuosos.

• Canon 17: Los monjes no han de salir de sus monasterios para construir otras casas de oración sin tener los medios para hacerlo.

• Canon 18: Las mujeres no han de vivir en las casa de los obispos o en los monasterios de hombres.

• Canon 19: Los superiores de Iglesias y monasterios no han de pedir dinero a los que entran en el estado clerical o monástico. Pero la dote traída por un novicio a una casa religiosa debe retenerse en dicha casa si el novicio la abandona sin ninguna falta por parte del superior.

• Canon 20 prohíbe los monasterios dobles.

• Canon 21: Un monje o monja no debe abandonar un convento para irse a otro.

• Canon 22: entre los laicos, personas de distintos sexos pueden estar juntas, siempre que den gracias y se comporten con decoro. Pero entre los religiosos , los de sexos opuestos pueden comer juntos solo en presencia de varios hombre y mujeres temerosos de Dios, excepto en un viaje cuando la necesidad obliga.

Leclercq, Henri. (1911).

Transcrito por Anthony A. Killeen.

Traducido por Pedro Royo.