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LA EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACIÓN DIALOGADA.

LA ORACIÓN Y SUS CLASES

1.-LA ESENCIA DE LA ORACIÓN.

La oración es desde el punto de vista de la fenomenología de la religión, uno de los fenómenos mas importantes, de modo que casi se puede dar como buena la afirmación de que allí donde hay oración hay religión, y por el contrario su falta pone en peligro la existencia de la religión.

            Por otro lado la oración es, en la mayor parte de las religiones un ámbito muy apropiado para la experiencia de la divinidad entendida como la realidad que transciende la naturaleza. Es este el motivo por el que antes de examinar los fenómenos en los que según Juan de Ávila se puede tener experiencia de Dios, nos ocupamos brevemente de hablar de la oración y sus clases, teniendo muy en cuenta lo que el maestro Ávila dice de ella.

ORACIÓN VOCAL.

La oración está integrada por unos factores que la definen y están siempre presentes en todos los modos de orar, desde la más ingenua invocación vocal, hasta la más alta forma de contemplación mística; además estos factores sirven para distinguir la oración de otros actos con los que podría confundirse tales como las invocaciones mágicas y ciertas meditaciones o reflexiones sobre Dios., que tienen más de estudio que de oración.

            Entre estos factores conviene destacar desde el principio el hecho de que la oración es una consecuencia, es decir sigue siempre a algo anteriormente dado; es pues una reacción a un estímulo previo porque la persona cuando ora, lo hace como respuesta. La oración es en sí misma una respuesta a algo previamente dado.

            La respuesta consiste en que la persona que ora entabla con Dios una relación viva y personal; mas tal tipo de relación es sólo posible tras una cierta vivencia de la presencia de Dios, estímulo que la provoca: únicamente si alguien se siente ante Dios se mueve a orar.

            Desde este punto de vista, la oración es la respuesta que la persona religiosa da al hecho de la presencia de Dios de algún modo sentida o por lo menos aceptada por la fe. Esta presencia no sólo promueve la relación sino que la  determina en el sentido de calificarla; es decir, hace que sea una relación viva, vital; tiene las propiedades de la relación interpersonal.

            Según esto la oración es la comunicación vital que el hombre entabla con Dios representado con caracteres personales y vivido como presente. Por lo mismo, toda oración tiene los componentes propios del diálogo, aunque éstos sean más o menos explícitos; en cualquier caso se desarrolla sobre el presupuesto de que Dios no está ajeno a la relación sino de algún modo escucha y participa en la comunicación.

            Pero no toda relación con Dios es oración: también las invocaciones mágicas y la reflexión sobre Dios, en mayor o menor medida, suponen una relación con la divinidad; sólo la relación que brota de la aceptación de Dios como Dios, es propiamente oración.

            Estos son pues los elementos constitutivos de la oración.

1.- Relación.2.-relación viva.3.-de carácter interpersonal.4.-con una realidad a la que se atribuyen propiedades personales. 5.- vivida como presente y 6.-reconocida como tal.

            Juan de Ávila da una definición en la que están presentes estos factores puramente fenomenológicos, la define como :

“  Una secreta e interior habla, con la que el alma se comunica con Dios, ahora sea pensando, ahora pidiendo, ahora haciendo gracias, ahora contemplando y generalmente por todo aquello que en esta secreta habla se pasa con Dios.” (Cf. A. Filia 71; 38)

.

2.-CLASES DE ORACIÓN.

 De la oración se pueden hacer diversas clasificaciones, así se habla de oración vocal y mental, de oración de petición, de alabanza, de acción de gracias etc. Para nuestro intento nos fijaremos en aquellas clasificaciones que nacen de su factor esencial, factor que anteriormente hemos descrito como un determinado tipo de  relación con Dios, fijándonos pues en este factor diríamos que la oración se divide de acuerdo con la forma o modo cómo se establece la relación con Dios.

            Juan de Ávila nombra distintos tipos de oración atendiendo a este factor , así habla de la oración vocal, de  la meditación, contemplación, de la oración de simple mirada, de quietud, de la vía de los alumbrados o dejados, de recogimiento…

            Si se analizan las descripciones que hace de estas diferentes clases creo que todas pueden englobarse en dos grupos: el primero el que denominaríamos como oración dialogada y el segundo a la que clasificaríamos como oración mística.

 3.-LA ORACIÓN DIALOGADA.

              Se llama oración dialogada a aquella en la que se dan de forma explícita elementos componentes de un díalogo. Son modos de orar en los que el orante “habla” con  Dios, bien porque pronuncia literalmente palabras con su boca o porque las  “dice”mentalmente. En este tipo de oración todos los actos que se realizan tienen una evidente apoyatura verbal: está hecha de imaginaciones, representaciones, pensamientos, reflexiones, así como sentimientos y afectos nacidos de las mismas; la persona que así ora puede unas veces pedir, otras alabar, dar gracias o adorar etc.

            En ella Dios es representado como “ interlocutor “ con el que se dialoga, es por ello que en la misma el orante se siente como alguien distante de Dios en algún sentido” estando con Él, junto a Él.

4.-LA ORACIÓN MÍSTICA.

            Como posteriormente, en el apartado en el que hablemos de la experiencia de Dios en la oración mística nos detendremos pormenorizadamente en su descripción, bástenos por ahora  describir este segundo tipo de oración, como aquella en la que están ausentes todos los elementos que hemos dichos integran la oración dialogada: no hay palabras, la mente está en calma, ausente la reflexión, los pensamientos es pues un silencio mental entendido como la falta de todos aquellos factores que integran nuestro conocimiento habitual.

            En esta clase de oración Dios no  es representado como “interlocutor” sino como centro al que el orante se vivencia unido, en cierto sentido fundido con él.

 

LA EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACIÓN DIALOGADA.

Preguntarse por la experiencia de Dios en la oración, no es preguntar por algo sobreañadido a la misma. Algún tipo de vivencia de Dios ha de darse en el orante para que la oración cumpla su definición, pues no es posible entablar una comunicación viva y personalizada sin alguna “presencia” de la persona con quien se entabla la comunicación. Esto ya quedó indicado al afirmar que la persona cuando ora lo hace como respuesta.

            Mas la oración en su transcurso, parece genera nuevas experiencias; Juan de Ávila insinúa que no hay verdadera oración cuando en el desarrollo de la misma no aparecen estas experiencias que permiten al orante comprobar que Dios está “ respondiendo” a los intentos de entrar en relación con Él.

            A ellas nos vamos a circunscribir, y en este apartado, a las que se dan en la oración dialogada, de la mano de los escritos de Juan de Ávila.

            Unos textos suyos pueden situar mejor que ninguna otra descripción, el tipo de experiencias con las que nos vamos a encontrar:

            En la oración todo se ha de hacer con el mayor sosiego que pudieren para que si Dios los quisiere hablar no los halle tan ocupados que calle Dios .( Carta 5)

            Es importante fijarse en lo que afirma. Está diciendo que la oración toda ella ha de ir encaminada a un único fin; para lograrlo hay que hacer las cosas “ con el mayor sosiego que pudieren” y lo que se busca es que Dios se manifieste hablando y no callando… Y refiriéndose a la respuesta divina dice:

            “ Algunos hay a quien Dios toma los corazones y obra en ellos que no han menester sino acogerse a Dios, y enseguida hallan tanta lluvia de pensamientos buenos y comunicación de Él que no han menester sino seguir tal guía.” ( Carta 1.)

            El texto nos da en apretado resumen el núcleo de esta experiencia: Dios toma los corazones; obra en ellos, produce tal comunicación de Él que no hay más que estar a seguir tal guía.

            Y en otra ocasión expresa lo mismo haciendo una enumeración más amplia de los efectos de la presencia de Dios:

            “ Este negocio todo consiste en recibir los movimientos e influencias… y lo que entonces le fuere dado, agora sea compasión, agora amor, o dolor o temor de pecados, o edificación de costumbres, o lágrimas…todo lo tome sin desechar nada.” ( Carta 5)

            Los textos , pues, en orden a la descripción, pueden tomarse en su literalidad: Dios se comunica con el orante causando en él una multitud de estados:

PARA EXTASIARSE.

 “ Algunas veces es tanto lo que da acá nuestros Señor a sentir de sí mismo que no se acuerda el ánima de nadie, por estar ocupada toda ella en Aquél que es todas las cosas. ( Carta 159)

            Entre los que relata el santo manchego, ya lo hemos oído, unos tienen carácter intelectual; la persona en el transcurso de la oración, se siente enseñada, iluminada, inspirada, sugerida..” qué de cosas que de novedades enseña Dios, con las cuales hace herir al hombre su muslo de espanto”( Carta 148)

            Otros son de naturaleza preferentemente afectiva; sentimientos del más variado orden, amor , agradecimiento, dolor de pecados. Entre ellos nombra muy a menudo la reverencia como si ante Dios lo primero que la persona experimenta es tal actitud. La reverencia es un sentimiento complejo que engloba actitudes de respeto, sometimiento, temor, adoración

            “ Una reverencia que hace temblar de Aquél de quien tiemblan los poderes del cielo” Una reverencia que hace temblar amorosamente( Carta 6)

            Después o junto a la reverencia, nombra un bloque de reacciones emparentadas con el asombro el estupor, la admiración. La persona se siente maravillada, estupefacta por lo que siente, y experimenta en la oración:

            “ Acaece un espanto tal que no se puede decir ni entender ( Carta 148).

   TOCADOS POR EL AMOR.    

           El amor  forma también parte de esos efectos, un amor mezclado de sentimientos de alabanza, agradecimiento, confusión, reconocimiento de la bondad divina…Un amor que alcanza intensidades distintas según la naturaleza del encuentro, y de la persona que lo experimenta pero que está hecho de un componente extático y que puede llevar al literal “ sacar al hombre de sí” “ Un amor con el que desfallecerá su alma” (24)

            Otro grupo es el integrado por sentimientos y actitudes de arrepentimiento, dolor, confusiòn.. Con respecto a ellos advierte, alguna vez, que es lo primero que se produce en el alma en su experiencia y trato con Dios, como si fuere el anverso de la reverencia.

 EL FARISEO Y EL PUBLICANO.

           “ Esta es la primera luz que el Señor da al alma que viene, darle a entender cuan mal ha correspondido al trato con Dios…y hácele desplacerse tanto de sí mismo que no ve en sí cosa que no sea para llorar, ve tales males que ha hecho, o bienes que ha dejado de hacer…y llora. Está tan espantado de su pasada ceguedad, que , como un hombre que de nuevo ve una cosa muy nueva, suele darse una palmada en el muslo, en señal del gran toque que su corazón ha recibido en señal de admiración de aquello. Acaece un espanto tal, que no  se puede decir ni entender, sino  es por aquellos a quien Dios da esta luz.(Carta 148)

            En ocasiones los fenómenos son estados anímicos: de felicidad, paz, sosiego, alegría. En este orden, una de las experiencias a las que hace muy a menudo referencia el santo es al gozo y dulcedumbre que la comunicación de Dios produce en el alma. Gozo que puede repercutir en el estado físico.

            “ Y algunas veces es tanta la dulcedumbre que el alma gusta siendo visitada por Dos, que la carne no la puede sufrir, y queda tan flaca y caída, como lo pudiera estar, habiendo pasado por ella una larga enfermedad corporal. Aunque acaece otras veces, con la fortificación que el espíritu siente, ser ayudada la carne y cobrar nuevas fuerzas, experimentando en este destierro algo de lo que en el cielo ha de pasar.”( A. Filia 778 s.s.) En ocasiones los fenómenos afectan a la conducta, por ejemplo , cómo la voluntad queda reforzada y que el santo interpreta como comprobación personal de lo que dice san Pablo: “ Jesucristo es fortaleza y sabiduría de Dios”( A. Filia 3896)

CUALIDAD DE LAS VIVENCIAS: TRASCENDIMIENTO Y PLENITUD.

El  TRASCENDIMIENTO.

 De estos fenómenos, inspiraciones, sentimientos, estados, ahora no interesa tanto su contenido, como las cualidades de que están adornados, por que es en ellas donde aparece su verdadera dimensión.

            Estas cualidades las podemos englobar en dos: La cualidad o nota de trascendimiento y la  de plenitud. Hablamos ahora de ellas.

            El sentirse trascendido es una situación en la que la persona se experimenta como sacada del orden natural y  mundano en el que habitualmente se desenvuelvo siendo colocada en un ámbito completamente nuevo y que capta como absolutamente distinto y des-semejante.

            San Juan de Ávila ha expresado esta situación subjetiva como propia del encuentro con Dios con palabras ya dichas pero que ahora alcanzan su verdadera dimensión:

            “…totalmente muda y absorbe al hombre y lo saca fuera de sí…Deja al alma tan harta y tan otra que le parece resucitar de muerte a la vida”

            Esta nota se ve ilustrada por la valoración que de las cosas hace la persona tras las experiencias. Se le produce una relativización de todo que se traduce en un desinterés y despego . Una frase del maestro Ávila puede dibujar bien este aspecto. Hablando  de lo que la persona siente cuando entra en diálogo con Dios, afirma: “ que le es gran asco y gran tormento el tratar con ellas ( las cosas y tareas ordinarias) ( Carta 6)

            El trascendimiento tiene otro aspecto que conviene destacar: lo que la persona vive en su diálogo y encuentro con Dios, sólo puede ser alcanzado saliendo y olvidándose de si. Este olvido de sí no es un ascético renunciamiento por lo que uno se priva de algo para alcanzar una cosa mejor, sino la vivencia de que para alcanzarlo es necesario seguir un camino distinto del de los deseos y aspiraciones naturales porque este camino desenvoca siempre  en el hallazgo de algo igualmente natural, bienes, satisfacciones y felicidad naturales, muy distintas de las que experimenta cuando sale de sí.

 

LA NOTA DE PLENITUD.

            Ante Dios, por lo que dice Juan de Ávila, la persona se siente plenificada y salvada, con una plenitud total y nueva.

            No es la felicidad  y satisfacción consecuencia de la posesión de bienes y metas terrenos. El lenguaje utilizado sugiere la aparición de algo que abre a la peprsona un orden nuevo de posibilidades de realización. Algo:

“ que deja al alma tan harta y tan otras que parece haber resucitado de muerte a vida

            Es como si estuviera ante un bien distinto y una felicidad nueva. La persona encuentra realización definitiva que la hace no necesitar, ni esperar nada más.Ha encontrado su centro:

“ el sosiego del que anda buscando algo que completamente la satisfaga.”

            La plenitud consta según el santo de estos elementos:

     –El encuentro de un bien nuevo.

      -Bien único y suficiente.

     -Que llena y plenifica de modo definitivo.

    – Toda la vida, con él, adquiere un nuevo sentido,

     – Quien lo encuentra deja de apetecer otras cosas.

     – Su pérdida es la perdición de la persona.

 Todo esto lo pone el santo en Dios. Él es vivenciado como bien plenificante

 Bien sobre todo bien, solo y suficientísimo bien,

¿ en qué se deleita quien en ti no se deleita?

Y ¿ quien no te desea y se muere de hambre por ti,

cumplimiento de nuestros vacíos

y sobrado enchimiento de los más interiores senos y rincones de nuestras entrañas.

Búsquete quien algo busca,

pues quien te halla pone fin a buscar otras cosas.

Gócese de ti y contigo quien es amigo de gozo,

pues sólo tú haces al alma tan de verdad gozosa,

que matas las congojas y tristezas como un fuego…abrasa y deshace unas pequeñitas pajas” ( Carta 76)

         Estas dos notas están presentes en todos los fenómenos de experiencia de Dios y aunque haya diferencias en la forma e intensidad de los mismos su presencia determina el dato y hecho humano de los fenómenos de “experiencia religiosa de Dios.”

      Como creo haber dicho en otro lugar estos hechos son vivencias subjetivas que  algunas personas viven y experimentan en su relación con la divinidad, el valor  de las mismas desde el punto de vista objetivo debe ser analizado enjuiciado.

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