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SAN JUAN DE ÁVILA. .

SAN JUAN DE ÁVILA Y LA RENOVACIÓN DE LA IGLESIA DESDE DENTRO DE LA MISMA.

  Dividiremos este tema en los siguientes apartados:

1.      El anhelo de Renovación y Reforma de la Iglesia en tiempos de Juan de Ávila.

2.      La contestación en el interior de la Iglesia del siglo XXI  y las enseñanzas de Juan de Ávila.

3.      La Nueva Evangelización y la vida de san Juan de Ávila.

 MARTÍN LUTERO Y SUS 95 TESIS EN LA PUERTA DEL TEMPLO

 1.-LA RENOVACIÓN Y REFORMA DE LA IGLESIA EN TIEMPOS DE JUAN DE ÁVILA.

 La reforma  propiciada por Juan de Ávila, en su tiempo, en el siglo XVI,  es un ejemplo de cómo reformar la Iglesia  desde dentro de la misma.

La época en la que le tocó vivir al sancho manchego  fue un tiempo en que  Renovación y Reforma era el grito que se escuchaba en todos los ámbitos de la iglesia, como un anhelo que embargaba a sus mejores hijos.

            Como consecuencia de ese grito surgieron básicamente dos grupos de reformadores, los que para propiciar la reforma terminaron por separarse de la Iglesia dando lugar a una de las heridas más sangrantes en el corazón de las comunidades cristianas, como la mal llamada reforma de  Martín Lutero, Zuinglio, Calvino y Enrique VIII  y frente a ella   la de aquellos otros que llevaron a cabo tal reforma partiendo de su permanencia en la Iglesia.

Juan de Ávila, quien participó de forma activa en una Reforma que se produjo en España antes de la  misma celebración del Concilio de Trento, con la floración de los santos obispos españoles, un espiritualidad común propiciada por Cisneros , basada en el conocimiento de la sagrada Escritura, la doctrina sobre la fe llamada a convertirse en experiencia, el conocimiento por amor, la imitación, hasta literal en el seguimiento de Cristo,  especialmente en el amor al prójimo, castidad , austeridad y pobreza,  la llamada universal a la perfección  de todos los fieles, la gratuidad de la salvación, el deseo de encontrar seguridad en la misma y  con las reformas concretas  de muchas de las órdenes religiosas tanto de varones como de mujeres.

SAN JUAN DE ÁVILA. OBRA DE MARÍA JESÚS MARTÍNEZ. SIGLO XX. PARROQUIA DE MIGUELTURRA.

Estos esfuerzos reformadores desde el interior de la iglesia  culminaron en la Renovación  y Reforma llevada a cabo por el Concilio de Trento.

La influencia de san Juan de Ávila en el concilio  es históricamente demostrable. No pudo participar en él por su precaria salud. Pero a través del Arzobispo de Granada, D. Pedro Guerrero, envió dos Memoriales, que fueron acogidos en el aula conciliar con aplauso general.

Sus criterios influyeron en los acuerdos de este Concilio en temas de tanta importancia como la institución de los Seminarios, la reforma del estado eclesiástico, cuya maldad y desorden describía el santo con gran amargura, la formación de los cristianos , el desarrollo de la oración mental y hasta la contemplación frente a la pura oración vocal propiciada por el monachus non  est pietas de Erasmo, la importancia de los sacramentos en la vida cristiana, su doctrina sobre la naturaleza de los mismos   etc.de  modo que Pablo VI pudo decir en la homilía de la  canonización  del santo manchego que “el Concilio de Trento adoptó decisiones que él había preconizado mucho tiempo antes”.

Él mismo Juan de Ávila demostró su actitud reformadora hecha desde el interior  de la Iglesia, corrigiendo, después del Concilio, alguna de sus obras como el Audi Filia, o su idea sobre la justificación, y las tendencias que algunos de sus discípulos adoptaron sobre el quietismo calificado por el Santo como “ pestilencia”

 

OBISPOS ANGLICANOS ACEPTADOS POR LA IGLESIA CATÓLICA.

LA CONTESTACIÓN DE LA IGLESIA EN EL SIGLO XXI Y LAS ENSEÑANZAS DE SAN JUAN DE ÁVILA.

 En la  actitud  de aceptación del Magisterio de la Iglesia como norma de vida cristiana , Juan de Ávila se presenta como un modelo en el que puede conjugarse, por un lado, la crítica constructiva a los distintos miembros de la Iglesia, incluidos sus pastores, y por otro, la disposición  a renunciar a las propias opiniones cuando sobre ellas se ha pronunciado el Magisterio de un modo definitivo.

Hay dos aspectos en los cuales la  actual vida de la Iglesia puede ser un reflejo de lo vivido por ella  en el siglo XVI, en primer lugar , la existencia de una contestación en el mismo seno de la Iglesia católica, en este siglo XXI. Una contestación que ha dado lugar a un cisma como el originado por el obispo Lefebvre  y otra en la que sus protagonistas  que permanecen  en el interior  de la Iglesia, aunque  poniendo  en cuestión varios aspectos de su vida.

 Entre las cuestiones contestadas   unas están  referidas   a doctrinas relativas a la fe cristiana, como  la doctrina de la Justificación, o la eternidad de las penas del infierno, o el modo de entender la infalibilidad pontificia. Otras hacen referencia a doctrinas morales como la naturaleza de la sexualidad humana, la teología de la liberación, el modo de aplicación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, otras, en fin  de carácter disciplinar, como la supresión del celibato obligatorio para los presbíteros, la situación de la mujer en la iglesia y su acceso al ministerio ordenado etc.

            En san Juan de Ávila podemos encontrar  modos compatibles con la crítica eclesial y la obediencia al Magisterio.

La base de esta conciliación la pone Juan de Ávila no tanto en el hecho de dar muchas y buenas leyes, sino en hacer buenas personas dispuestas al cumplimiento de las mismas. 

En  segundo lugar en la promoción de la personalización de la fe infusa, en busca de su transformación en experiencia, y en un tercer lugar en el desarrollo de la caridad infusa bajo la acción del Espiritu Santo, centrada en la liberación de los pobres  en todas sus dimensiones y en  especial aquellos  que Juan de Ávila llama los   más cercanos parientes de nuestro Señor Jesucristo.

Junto a ello el análisis de las motivaciones  que están debajo de esas contestaciones fruto de lo que Juan de Ávila llama el propio conocimiento que deben llevar a las personas a la convicción, de que hasta  puede ser mejor equivocarse con la Iglesia que acertar fuera de ella, partiendo  del carácter histórico de la vida eclesial, por la que la Iglesia se renueva   en el tiempo, por la acción de Cristo Jesús  a través del Magisterio.

UN NUEVO RENACER.

3.-LA NUEVA EVANGELIZACIÓN  Y LA VIDA DE SAN JUAN DE ÁVILA.

            El segundo  aspecto de la obra de Juan de Ávila se relaciona con el proyecto de la Nueva Evangelización en la que se encuentra sumergida la Iglesia Católica  del siglo XXI

Los distintos campos y dimensiones de la pastoral y de la nueva evangelización, a la que los fieles  están convocados  se  pueden ver iluminados y fortalecidos a la luz de los escritos y vida de este santo pastor y evangelizador.

            En el campo de la catequesis Juan de Ávila es un buen modelo y estímulo para los cristianos hoy. Él sabe transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los misterios centrales de la fe y en su implicación en la vida cristiana ;  provoca la adhesión a Jesucristo y llama a la conversión. Inventa un catecismo en verso para cantar con los niños, con tanto éxito pedagógico que los jesuítas lo adoptaron en sus Colegios, y se extendería por buena parte de España, y particularmente por América, e incluso en África.

            Su método tenía, además, la particularidad de que los mismos niños se convertían en catequistas de otros niños. Los consejos que escribe para los catequistas son sumamente prácticos y actuales. Al Concilio de Trento pide que urja la catequesis y le manifiesta la conveniencia de que se haga un catecismo para toda la cristiandad. Éstas y otras son las facetas en las que el estilo de este gran catequista sigue siendo de plena actualidad.

CLAUSTRO DE LA UNIVERSIDAD DE BAEZA. ANDALUCÍA. ESPAÑA.

            Respecto a la pastoral de la educación y de la cultura, de tanta importancia en nuestros días, Juan de Ávila fue un pionero. El fundó una Universidad, dos Colegios Mayores, once Escuelas y tres Convictorios para la  formación  integral de clérigos. Varias de estas escuelas y colegios eran para niños huérfanos y pobres.

            Él encarnó en su vida la pobreza y el amor a los pobres. Cuando celebró su Primera Misa en Almodóvar, repartió todos sus bienes entre los pobres.  Durante un buen trecho de su vida vivió de la limosna, con sus zapatos y sotana raidos. Se hospedaba y vivía en casas pobres, como la que todavía se puede visitar en Montilla. Quería imitar así el ejemplo de Cristo, que nació, vivió y murió en pobreza. Como criterio de discernimiento en los candidatos al sacerdocio señala el espíritu de pobreza, y de los sacerdotes decía  que son “padres de los pobres“.

            La dimensión sacramental es central en su predicación y sus escritos: la clave de la vida cristiana y de toda la espiritualidad está en la vida divina y la filiación adoptiva recibida en el bautismo. Es un enamorado de la Eucaristía, de la que habla y escribe con corazón enardecido. Particularmente a los sacerdotes aconseja una celebración fervorosa de la Santa Misa, lo cual exige recogimiento y santidad de vida.

            Él se pasaba horas ante el sagrario, donde Cristo “se quedó por el gran amor que nos tiene. Y junto a la Eucaristía, el sacramento de la penitencia,  llegando a  promover una especializaciòn entre los presbíteros, los unos  formados para la predicación  y los otros para la administración del sacramento de la penitencia, al que dedicó muchas horas como confesor, sabiendo que es el lugar donde se restablece la amistad con Dios, y al que exhortaba continuamente en sus sermones.

            Y en medio de su actividad apostólica, la oración. En ella templaba su alma para la predicación. Como dice su biógrafo Muñoz, “vivía de oración, en la que gastó la mayor parte de su vida”. Ordinariamente oraba dos horas por la mañana y dos por la tarde. La define como una secreta e interior habla con que el ánima se comunica con Dios unas veces hablando, otras meditando, otras contemplando y otras de las muchas cosas que el alma se pasa con Dios”.

            El conocimiento de la Sagrada Escritura que llevó a decir a san Ignacio de Loyola que si se perdiese la Sagrada Escritura se podría encontrar toda ella en las enseñanzas del maestro Ávila

            No podemos dejar de recordar un aspecto que fue preocupación principal en su trabajo apostólico: la pastoral vocacional. En primer lugar volcó lo mejor de sus afanes en la formación de los candidatos al sacerdocio, consciente de que la clave de la verdadera reforma de la Iglesia estaba en la selección y buena formación de los pastores, tal como escribía al Concilio de Trento.

            Junto a ello la contemplación constante de la vida del Señor que como dice su primer biógrafo fray Luis de Granada toda su vida, al modo de san Pablo estuvo centrada en el conocimiento del Misterio de Cristo y éste crucificado.

 Ésta fue la pauta de la vida del Cristiano Juan de Ávila: Un hombre que ha aprendido a ser cristiano, contemplando, con una insistencia que puede parecer obsesiva, a Jesucristo, la  Vida de Jesucristo. Éste ha sido su libro: aunque Juan de Ávila es un hombre que sabe de filosofías, que entiende de teología, no fueron éstas las que lo condujeron a este final, ni dejó que las mismas le estorbaran para conseguirlo.

Esta vida, en bloque, le muestra a un Cristo que desde que nace hasta que muere, se lo pasa amando al hombre con la única forma que parece posible amar aquí bajo el influjo de la gracia:  Amar perdonando, amar enriqueciendo, amar compartiendo, amar sacrificándose, amar sufriendo, amar muriendo.

Pero Juan de Ávila no es un obseso de la cruz, de la mortificación, de la ascesis, nada de ésto es valorado por él de una forma absoluta; son sólo expresión del seguimiento de Jesucristo que nos mostró su amor de esta manera. Así de sencillo y así de necesario:

CRISTO DE VELÁZQUEZ. MUSEO DEL PRADO MADRID. ESPAÑA.

“ Cuando yo , mi buen Jesús,  veo que de tu costado sale el hierro de esa lanza, esa lanza es una saeta de amor que me traspasa. Que ahora sepa todo el mundo que tengo yo el corazón herido. ¡ Oh corazón mío ¡ ¿ Cómo te guarecerás? No hay médico que lo cure sino es morir.

            ¿ Qué has hecho amor dulcísimo? ¿ Qué has querido hacer en mi corazón? ¡ Vienes aquí para curarme y hasme herido! ¡Vienes a enseñarme a vivir y hácesme loco!  ¡ Oh dulcísima herida ¡ Oh sapientísima  locura! Que  jamás me vea yo sin ti.

            No solamente la cruz, mas la misma figura que en ella tienes, nos llama tiernamente a amor: La cabeza tienes inclinada para oírnos y darnos besos de paz, con la cual convidas a los culpables, siendo tú el ofendido; los brazos tendidos para abrazarnos; el costado abierto para recibirnos en tus entrañas: los pies enclavados, para esperarnos y para nunca te poder apartar de nosotros.

            De manera que mirándote, Señor, todo me convida a amor: el madero, la figura, el misterio, las heridas de tu cuerpo; y, sobretodo, el amor interior que me da voces que te ame y que nunca te olvide mi corazón.

            Si de ti me olvidare, oh buen Jesús, sea echado en olvido de mi diestra; péquese mi lengua a los paladares sino no me acordare de ti y si no te pusiese como principio de mis alegrías.”( San Juan de Ávila Trat. Del Amor de Dios 406 s.s.)

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