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DEL VATICANO I AL AGIORNAMIENTO DEL VATICANO II

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Perspectiva histórica

Para acercarnos a la comprensión del contexto histórico-eclesial del concilio Vaticano II parece necesario volver la mirada a la sucesión de sumos pontificados de la primera mitad del siglo XX, pero aquí vamos a preferir un recorrido diferente, por áreas temáticas interrelacionadas, partiendo de una brevísima consideración de la historia de la Iglesia del XIX y sus grandes cuestiones, llegando hasta el tiempo de san Pío X. Sobre el gran pontificado del santo papa Sarto se ha escrito mucho y la polémica ha sido grande, un poco como sucedió con el del beato Pío IX, pues se les suele situar en el contexto de la gran confrontación entre la Iglesia y la Modernidad contemporánea.

Resultado de imagen de una rebelión contra la revelación

Quienquiera se proponga conocer el siglo XIX encontrará entre los autores una coincidencia general en señalar este tema como el que configuró toda la historia del siglo, incluso como expresión casi final de una rebelión contra la revelación situada en los orígenes de la Edad Moderna.En esta línea, el reclamo de autonomía de la razón y de la vida misma frente a una instancia religiosa superior, sea la de Dios o la de su Iglesia, irá convirtiéndose en constitutivo de un nuevo sentido de la realidad, re-presentada en adelante sin dependencia y en contraposición con la dogmática cristiana. Más aún, la proyección de futuro que realiza el movimiento ilustrado, de enorme acogida en sectores medios y altos en la sociedad, será la de una humanidad que se auto-construye según la auto-determinación inherente, al llamado de liberación radical de lo natural frente a lo sobrenatural. 

Resultado de imagen de de espaldas a Dios.

Desde luego, en la memoria reciente de la Iglesia que comenzaba el siglo XX con san Pío X, el XIX había sido el de la victoria contra un enemigo implacable que se movía a sus anchas en una nueva cultura configurada de espaldas a Dios. Es importante que vaya quedándonos claro, que la primera mitad del XX transcurrió en la Iglesia con una fuerte impronta polémica con la Modernidad y de combate con las fuerzas enemigas, quizá infiltradas en el organismo eclesial y la pars sanior de las sociedades occidentales. 

Resultado de imagen de estudios bíblicos.

En esta línea, el campo de batalla fundamental tendría que ser el teológico y doctrinal, pues una catequesis eficaz sólo podía darse desde una teología sólida y sin fisuras. Pero había un problema: desde fines del XIX en la teología católica venían dándose desplazamientos más allá de lo tradicional, como efecto del impacto que venía produciendo desde décadas atrás la teología protestante liberal, teología contestataria frente a la fe eclesial (en sus propio marco de referencia protestante), teología “libre” o, mejor dicho, fuera de control, que abría cuestiones nuevas proyectando preguntas y respuestas en áreas cruciales de la dogmática o los estudios bíblicos.

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Como luego se evidenció en la historia misma –y esta no es una interpretación- algunos fermentos de genuina renovación teológica se mantuvieron vivos y lograron producir frutos gradualmente más importantes y con capacidad de cambiar el panorama, justo en la década previa al concilio Vaticano II. Los movimientos litúrgico, bíblico, y de impulso de los estudios históricos y patrísticos, son inseparables de avances en el campo dogmático, por ejemplo, en el eclesiológico .

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La Revolución Francesa hizo estallar un proceso en cadena que transformó rápidamente la cultura y la civilización occidentales, instalando nuevos paradigmas desde los cuales entender la vida social y proyectar su curso. Así, la naciente Modernidad contemporánea ya no sería religiosa, la Iglesia vería limitado su poder y capacidad de influir, y el Liberalismo forjaría la matriz que determinaría un nuevo régimen político e institucional. Desde la Libertad como valor generatriz, vendría una nueva cultura secularizada .

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LA RESISTENCIA DE UNA IGLESIA PERSEGUIDA

Seguiría después la secularización, , la democracia, el marxismo, la primera guerra mundial, la guerra Cristera, le Holocausto hispano, la segunda guerra mundial Es importante advertir, de todas formas, que el pensamiento de Marx y Engels fue releído y re-elaborado por autores importantes que les sucedieron en el tiempo: de manera eminente, Lenin, Trostky, y Mao Zedong.Con esta mirada a los grandes modelos político sociales de la Modernidad, el Liberalismo y el Socialismo marxista, surgidos en el XIX, es importante pasar a la experiencia histórica de la Iglesia con ellos en el siglo XX.Pero la coyuntura de los años 30 sería la que llevaría Europa a la Segunda Guerra Mundial. En la guerra española ya actuaron proyectando en la realidad su carácter antagónico y su determinación de expresarlo bélicamente, las fuerzas que se enfrentarían a partir de 1939.

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En efecto, frente a la maquinaria política y militar soviética, que pugnaba por fortalecerse y expandir su ideología por diversos medios, se alzó la fuerza, primero política y luego militar, del Fascismo y el Nazismo .Así en los años 30 se extendió en Europa y la Unión Soviética un fenómeno nuevo, el Totalitarismo. Irónicamente, dos discursos ideológicos opuestos y enemigos, terminarán enlazados históricamente al compartir un modelo político y social, efecto de la radical perversión que terminó convirtiéndolos en expresiones supremas de inhumanidad. las dos ideologías chocaron buscando destruirse, y el resultado no podía ser sino el final de una de las dos. Fue así que uno de los resultados de la Segunda Guerra Mundial fue la práctica desaparición del Fascismo, del panorama político-ideológico del mundo.

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La Santa Sede, en la persona del papa Pío XI, condenó en su momento, los abusos extremos del gobierno mejicano de Elías Calles, pero de manera especial, el horror de la persecución contra la Iglesia en la España republicana de Manuel Azaña. Y en esta línea, condenó el comunismo en 1937 como “intrínsecamente perverso” y mayor enemigo del cristianismo.Respecto al Fascismo italiano y al Nazismo alemán, la Santa Sede fue también muy clara. No obstante el muy anhelado arreglo final de la antigua –y para la Iglesia- crítica cuestión de los Estados Pontificios en 1929, pendiente de solución con el estado Italiano desde 60 años atrás, en 1931 el Papa criticó la estatolatría y el totalitarismo fascista, y en 1937 en el apogeo de la popularidad del nazismo condenó también el neo-paganismo en Alemania.

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¿POR QUÉ LA CARIDAD CRISTIANA TERMINÓ SIGNIFICANDO LIMOSNA?

Esto último, en la línea de la condena a la ideología hitleriana que los obispos alemanes habían realizado en 1932, poco antes de la llegada al poder del futuro amo del país. De este modo, brilla por sí misma la coherencia del magisterio y la actitud de la Iglesia frente a los totalitarismos, más allá de todo cálculo político o sentido de oportunidad .Resultó pues que el cristianismo tuvo que competir con las ideologías que proyectaron utopías seductoras sobre el pueblo y la sociedad en general. . La cuestión ahora es entender que el mismo cristianismo católico se vio conmovido por las preguntas y anhelos de la Modernidad, y sobre todo por una cuestión: ¿Por qué las cosas no habían salido bien? ¿Por qué la fe cristiana no llegó a producir los efectos sociales anhelados por la humanidad, como una mayor justicia y fraternidad entre la gente? ¿Por qué la caridad había terminado significando limosna, y no amor de Dios participado en el hombre?

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LA LUCIDA REACCIÓN  DE LA IGLESIA CATÓLICA.

Así, en la época en que las grandes ideologías del siglo XIX comenzaban ya a proyectarse en la realidad del XX, el pensamiento católico reaccionó con maravillosa lucidez.Desde la Revolución Francesa en adelante, la Iglesia no sólo no había sido destruida sino que, sobreponiéndose a grandes dificultades internas y externas, había seguido adelante, manifestando una vitalidad humanamente inexplicable.

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COMUNIDAD MISIONERA DE SAN VICENTE DE PAUL.

En efecto, el siglo XIX fue de una renovación espiritual importante, no sólo en el clero –religioso y secular- sino también en los laicos. Los manuales de Historia de la Iglesia o de Historia de la Espiritualidad reflejan esto . Ya en la segunda mitad del siglo, en Europa y América el asociacionismo laico, la presencia católica en la prensa gana posiciones. Es una Iglesia vibrante, en absoluto inane, que se arremolina en torno a sus obispos, al Papa, y que tiene ya un alcance universal: las misiones católicas llegan a lugares antes desconocidos de Asia y África.

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Sin embargo, al cambiar de siglo, entre teólogos y pastores no deja de haber cierta inquietud: Todo parecía estar bien en muchas partes, pero algunos signos preocupantes iban avisando que en realidad no era así. ¿Acaso nosotros mismos, no hemos reparado hoy, en que en sociedades antiguamente cristianas ocurrieron expresiones colectivas inauditas de anti-cristianismo?Pues entreviendo fragilidades profundas en el subsuelo de las sociedades cristianas, los obispos católicos celebraron concilios regionales y los papas aguzaron su atención para fortalecerlas .

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Por su parte, en el panorama de la enseñanza de la teología y la producción teológica, también había movimiento. La misma tragedia del Modernismo condenado por san Pío X, y que puso muy en guardia a la Jerarquía de la Iglesia durante toda la primera mitad del siglo XX frente a innovaciones peligrosas, expresa actividad intelectual.En los manuales de Historia de la Teología se describe cómo hubo movimientos de renovación que, a distancia de los excesos del protestantismo liberal, trabajaron seriamente en los campos litúrgico, bíblico, patrístico e histórico, e incluso ecuménico. En la época del papa Pío XII, justo al terminar la Segunda Guerra Mundial, surgió la denominada “Nouvelle Theologie”, gracias sobre todo a una generación de dominicos y jesuitas que abrieron horizontes más allá de los enfoques tradicionales.

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Así, para bien o para mal –en la historia, como en la vida, siempre hay de los dos- abonando al futuro escrito de Habermas sobre la caducidad de la metafísica (1988), el futuro cardenal Danielou escribió en la revista de los jesuitas franceses en 1946 que la historicidad y la subjetividad introducidas por la filosofía en la teología, obligarían a ésta a ensancharse, pues “… [Es] muy claro que la teología escolástica es ajena a estas categorías” .Es importante señalar que esta febril etapa de búsqueda de una renovación teológica, justo décadas antes del Concilio, se vivía y proyectaba en viva conexión con la realidad eclesial. Son conocidísimas las expresiones de Karl Rahner y Romano Guardini: “el cristiano del futuro o será un místico o no será”, y aquella del anuncio de un “despertar de la Iglesia en las almas”. Es obvio, que estaban pensando en que la fe debía darle forma y tener efecto en la sociedad.

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YVES CONGAR

De modo que los frailes y presbíteros de la segunda post-guerra soñaban con una, digamos, “utopía cristiana” distinta, diferente, a la proyectada por el socialismo marxista, por ejemplo. Para realizar esta “nueva cristiandad”, los laicos tendrían que despertar a su misión peculiar, y en esa línea personajes como Congar escribieron sobre la teología del laicado, publicando también sobre los impostergables cambios que tendrían que producirse en el clero, de cara a una evangelización realmente nueva. Así por ejemplo, en los 60 se publicaron artículos preciosos del gran teólogo dominico producidos en las décadas del 40 y 50 .

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CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

Un campo en el que también es preciso incursionar en esta presentación, es el de los cambios en el clero y el laicado en la primera mitad del siglo. Ya adelantamos algo sobre la expansión del catolicismo a escala realmente mundial. Ahora es preciso anotar que, desde luego, esto implicó la aparición de generaciones de sacerdotes y obispos también de todas las razas, lenguas y raíces culturales, fenómeno realmente nuevo en la historia cristiana.Como consecuencia natural, los episcopados nacionales, que habían ido constituyéndose como conferencias e irían encontrando su sentido, tarea, y lugar en la Iglesia (proceso en realidad acabado, puede decirse, en el pontificado de Juan Pablo II), le cambian bastante más que el rostro a la Jerarquía católica. Pensemos en el colegio cardenalicio, desde Pablo VI en adelante, por ejemplo.

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LA ANULACIÓN DEL CONCILIARISMO Y GALICANISMO,

Es importante mencionar también algo que a menudo se pierde de vista: el triunfo providencial del ultramontanismo a fines del XIX, consolidado en la primera mitad del siglo XX, y con ello, la proyección de un nuevo escenario de firme unidad entre el primado papal y el episcopado, desde el concepto y la realidad teológica de la colegialidad. Así por ejemplo, serias problemáticas históricas y teológicas como las del conciliarismo o del galicanismo, desaparecen en este siglo.En esta línea, en un clima de efectiva unidad afectiva con el Papa, obispos y sacerdotes, de un clero más formado y preocupado por su continua reforma en cuanto a vida (espiritualidad) y a cuestiones pastorales, la Iglesia de la primera mitad de siglo XX afronta el desafío de la descristianización producida por la secularización social y cultural venida desde el XVIII.

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Atrajo mucho la mirada del mundo en su momento, la asombrosa llamada de atención que supuso la publicación del libro “Francia: país de misión” en 1943 pues resultó que la Iglesia despertó de un modo más vivo a una realidad acuciante: las viejas sociedades cristianas estaban llenas de gente no cristiana, cosa especialmente grave –por la culpabilidad que se sentía en el clero- en el caso de los obreros migrantes del campo a las ciudades en busca de un futuro mejor, desarraigados, y en cierta forma abandonados a la prédica política de los profetas de la revolución proletaria.

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LOS CURAS OBREROS EN FRANCIA YO INICIE LA EXPERIENCIA EN SALAMANCA.

En este contexto surgieron iniciativas, inicialmente auspiciosas, como la de los “curas obreros”, que pretendieron dejar las sacristías y casas parroquiales para irse a vivir entre los trabajadores, o al menos cambiaron su rutina clerical por la de los empleados en las fábricas o campos de trabajo físico (canteras, por ejemplo).El experimento –así se planteó, con prudencia- por parte del cardenal Suhard, arzobispo de París, pronto evidenció otro tipo de fragilidades en el clero. Es decir, la de una cierta debilidad ante el atractivo de la ideología marxista, que al parecer seducía mucho en los 50 (a pesar de los signos de totalitarismo que proyectaba ya el “socialismo real” estalinista).

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LOS LIDERES CARISMÁTICOS DEL COMUNISMO

Esto nos lleva a mencionar una conexión que se plantea ya en los 40 pero que en la década siguiente –y por un par más, cuando menos- seducirá a muchos: la de los imaginados frutos que traería un diálogo con el ateísmo contemporáneo. Aunque hoy parezca sorprendente, a pesar de la historia real de la época, el izquierdismo internacional proyectaba ya sobre las sociedades capitalistas de Occidente, un aura de superioridad moral desconcertante. Personajes como el “Ché Guevara”, con el trasfondo de la revolución cubana, proyectaban un algo romántico que cautivó a la generación joven de los tardíos 50, 60 y 70.Llegamos así, casi a la última cuestión en este recorrido histórico eclesiástico. La nueva cultura de masas, fuertemente juvenil, con la ola del cambio y la revolución, política pero también más allá de la política, cultural, comenzaba a generar una gran onda de alto impacto sobre Occidente y desde luego sobre la Iglesia que acababa de recibir un nuevo papa en 1958. Se llamó Juan XXIII. P. Dr. Ernesto Rojas Ingunza Pontificia Universidad Católica del Perú.

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DEL CONCILIO VATICANO I AL AGGIONARMENTO DEL CONCILIO VATICANO I I VIGÉSIMO PRIMER CONCILIO ECUMÉNICO AÑOS 1962-1965.

El 28 de octubre de 1958 fue elegido Papa el patriarca de Venecia, Angelo Giuseppe Roncalli, una personalidad muy distinta a Pio XII. Tenia 77 años de edad, lo cual hico pensar que sería un Papa de transición. No fue así. El 25 de enero de 1959 sorprendió al mundo entero con una audaz iniciativa: convocar un concilio ecuménico con el objetivo de renovar la vida la iglesia y adaptar la disciplina de la eclesiástica a las condiciones de nuestro tiempo.

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 El concilio Vaticano II celebró su primera reunión, con 2.540 padres conciliares, en la basílica de San Pedro; el 11 de octubre de 1962, y la última el 8 de diciembre de 1965. En total, duró algo más de tres años. La gran preocupación de Juan XXIII fue la renovación de la vida de la Iglesia, su puesta al día. Pero también dio un gran aliento al ecumenismo, crean un Secretariado para la Unidad de los Cristianos que inició intensos contactos entre la Iglesia ortodoxa y los líderes protestantes y los judíos.

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Pablo VI, Giovanni Battista Montini, sucedió a Juan XXIII en 1963. Tenía 66 años. Se hizo cargo del Concilio Vaticano desde su segunda sesión. El concilio trazó durante esta segunda sesión un importante programa de renovación cristiana que plasmó en sus documentos especialmente en sus cuatro Constituciones: sobre la Iglesia, la  Sagrada escritura, la Liturgia y la Iglesia del mundo actual.

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 Anuncio y la preparación de los trabajos conciliares

 El 25 enero 1959 Juan XXIII comunicó su designio de convocar un Concilio ecuménico. Al mismo tiempo pedía a los cardenales todas las sugerencias que les pareciesen oportunas para llevar a la práctica ese proyecto.El 17 mayo 1959 Juan XXIII constituyó la Pontificia Comisión Antepreparatoria del Concilio, presidida por el cardenal Tardini y compuesta por los Asesores y Secretarios de los Dicasterios de la Curia Romana.

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Juan XXIII quiso que la Comisión Antepreparatoria consultase a todos los obispos del mundo para conocer con más detalle qué argumentos convendría tratar. La misma invitación se extendió más tarde a las Universidades Católicas, Facultades de Teología y Dicasterios de la Curia romana.El 77% de los interpelados enviaron respuesta. Este material fue catalogado por la Comisión Antepreparatoria, que extractó varios millares de proposiciones en las que se condensaban, en pocas palabras, las propuestas formuladas.

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La convocatoria oficial del Vaticano II

Cuando los trabajos preparatorios comenzaban a dar fruto, Juan XXIII convocó oficialmente el Concilio Vaticano II. La bula Humanae salutis lleva fecha del 25 diciembre 1961; en ella el Papa traza un breve cuadro de la situación del mundo, envuelto en guerras y apartado de Dios, y de la vitalidad perenne de la Iglesia. Después de resumir las etapas preparatorias, Juan XXIII convocaba «para el próximo año 1962 él ecuménico y general Concilio, que se celebrará en la Basílica Vaticana, en días que serán fijados según la oportunidad que la Providencia nos hará conocer».El Concilio llevaría el nombre de Vaticano II, como se había decidido ya en 1959, a pesar que el Concilio Vaticano I nunca se llegó a clausurar a causa de la guerra franco-prusiana, en 1870. 

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Los objetivos del Concilio

En la bula Humanae salutis, Juan XXIII fijaba tres objetivos fundamentales: dar una demostración de la vitalidad de la Iglesia en los tiempos actuales, favorecer la unidad de los cristianos separados de Roma, y ofrecer al mundo una ocasión de alcanzar la paz En el discurso de apertura Juan XXIII afirmaba claramente la índole pastoral de esta Asamblea de obispos: «siempre se opuso la Iglesia a los errores, y frecuentemente los condenó con la máxima severidad. En nuestros tiempos, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad…». Este carácter tan propio del Vaticano II se refleja en todos sus documentos (no hay ninguna definición solemne), y fue luego reafirmado explícitamente por la Comisión teológica a la hora de exponer la calificación de las constituciones, decretos y declaraciones emanados por el Concilio.

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 Documentos del Concilio

 La Constitución dogmática Lumen gentium es el documento más importante emanado por el Concilio, y enlaza con la exposición doctrinal sobre la Iglesia iniciada por el Vaticano I en la Const. Pastor aeternus.

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La Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación trata de la Revelación en sí misma y su transmisión, la inspiración de la Escritura, su interpretación, las características del Antiguo y Nuevo Testamento y el papel de la Biblia en la vida de la Iglesia. La principal aportación de este documento es subrayar la estrecha unidad que existe entre Escritura, Tradición y Magisterio de la Iglesia.

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La Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Liturgia, dicta los principios generales en que se debe basar toda renovación litúrgica.

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La Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, consta de dos partes. La primera es una exposición de la doctrina católica sobre la dignidad de la persona, la colectividad humana, el trabajo y la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. En la segunda parte se enuncian los principios que deben regir algunas cuestiones concretas: dignidad del matrimonio y de la familia, la cultura, la vida económico-social, la comunidad política y la promoción de la paz

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 Los demás documentos conciliares -a excepción del Decreto Inter mirifica sobre los medios de comunicación social, que enlaza con la Gaudium et spes– desarrollan la doctrina de la Lumen gentium en algunos puntos particulares: el Decreto Christus Dominus, sobre el oficio pastoral de los Obispos; el Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros; el Optatam totius, sobre la formación sacerdotal; el Perfectae caritatis, sobre la renovación de la vida religiosa; el Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado -de los laicos; el Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas; el Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia; el Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo; la Declaración Dignitatis humanae, sobre el derecho de la persona y de las comunidades a la libertad social y civil en materia religiosa; la Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana de la juventud, y la Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.

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Clausura del Concilio

 La ceremonia de clausura del Vaticano II tuvo lugar en la mañana del 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, con una solemne Misa celebrada por el Papa en la Plaza de San Pedro. Después fueron leídos los mensajes del Concilio a diversas categorías de personas. El acto terminó con la lectura del breve In Spiritu Sancto, con el que se clausuraba el Concilio ecuménico Vaticano II.( Cf.Gran enciclopedia GER)

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