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EL PRODIGIO DEL PERDÓN DE DIOS A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS Y  VISIBILIZADO EN SU IGLESIA.

 El tema del perdón de los pecados en la práctica de Jesús durante su vida pública fue algo tan central que podemos decir que toda su enseñanza y predicación sobre el Reino de Dios tiene en el perdón su más genuina manifestación.

 Una  de las cosas que se viene de inmediato a la mente es cómo Jesús que envió  a sus apóstoles  con la misma misión que su Padre le había encomendado, no iba a trasmitir a sus enviados su poder de perdonar los pecados.

Tal trasmisión se encuentra bien fundada en el Nuevo Testamento: ” recibid el Espíritu Santo a quienes perdoneis los pecados les quedan personados a quienes se los retengais les queda retenidos.”  (Juan 30, 22-23).  y en la Tradicción de la Iglesia primitiva .

     San Agustín (430) advierte al creyente: “No escuchemos a aquellos que niegan que la Iglesia de Dios tiene poder para perdonar todos los pecados” (De agon. Crist., III).

· San Ambrosio ( 397) reprende a los Novacianos quienes “profesan mostrando reverencia al Señor reservando sólo a El el poder de perdonar pecados. Mayor error no puede ser que el que cometen al buscar rescindir de Sus ordenes echando abajo el oficio que El confirió…La Iglesia Lo obedece en ambos aspectos, al ligar el pecado y al soltarlo; porque el Señor quiso que ambos poderes deban ser iguales” (De poenit., I, ii,6).

Y se ha seguido manifestando en la Iglesia a través de su historia  , esta historia es la que queremos recoger en este tema bajo el título : EL PRODIGIO DEL PERDÓN DE DIOS A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS  VISIBILIZADO  EN SU IGLESIA y de acuerdo con el siguiente esquema:

1.- Resumen histórico de la disciplina penitencial para el perdón de los pecados  de la Iglesia hasta llegar   a la “confesión actual.

2.-Los pecados que deben ser sometidos a la penitencia para ser perdonados.

3.-Los ritos usados por la Iglesia  para perdonar los pecados a través de la historia.

4.- La penitencia como sacramento.

5.- Formas especiales de  llevar a cabo el perdón.

 6.- La absolución sacramental y su relación con el perdón de los pecados.

7.-Los frutos del perdón de Dios a través de su Iglesia.

LA PARTICIPACIÓN EN LA EUCARISTÍA Y SU RELACIÓN CON EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

 1.-RESUMEN HISTÓRICO DE LA DISCIPLINA PENITENCIAL PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS  DE LA IGLESIA  HASTA LLEGAR A LA “CONFESIÓN” ACTUAL.

Antes de entrar en el resumen histórico al que nos referimos, es necesario subrayar que la Iglesia no sólo tuvo desde el principio conciencia del poder recibido de Cristo de perdonar los pecados, sino que también y como consecuencia de ese poder, la Iglesia tuvo y tiene conciencia de haber recibido también de Cristo  el poder de determinar el modo , la forma o el rito de ejercer tal poder, por lo que no hay contradicción ninguna en el hecho de que la Iglesia haya, según los tiempos, variado la forma o el rito de conceder el perdón de los pecados. 

    Dicho esto pasamos a descripción de las formas históricas .

Lo primero que pone este párrafo en evidencia es que la disciplina de la iglesia para el perdón de los pecados no ha sido siempre la misma.

 LA PENITENCIA EN LA IGLESIA SIEMPRE HA SIDO PÚBLICA.

Se suele decir que la diferencia entre la iglesia primitiva y época patrística y del tiempo actual está en que entonces la penitencia para el perdón de los pecados  era pública y en la actualidad es privada.

            En realidad tal afirmación no es ni histórica ni teológicamente cierta, porque  tanto en la antigüedad como en la actualidad la actitud de la iglesia ante el pecador tenía y tiene  un carácter público puesto que quien ha cometido un pecado grave queda excluido de la eucaristía sacramento fundamental de la Iglesia y se le impone la obligación de confesarse. La diferencia, en lo que se refiere a la publicidad entre el ayer y el hoy está, sólo en el rito empleado para el perdón y la reconciliación con la Iglesia.

            La verdadera diferencia entre la práctica penitencial de la iglesia del pasado y la actual está en que la reconciliación y el perdón de los pecados cometidos después del bautismo  sólo se podía recibir una sola vez en la vida, mientras que en la actualidad puede obtenerse repetidas veces, a voluntad del pecador.

            Esta rigurosa práctica primitiva en los siglos II y III se fundaba, tal como lo atestigua por primera vez el autor del Pastor Hermas, en la convicción de un inminente fin del mundo.

            Esta práctica,  sin embargo, continuó varios siglos más,  siendo entonces  una medida contra el laxismo  existente en las comunidades cristianas, intentando con ella un comportamiento más acorde con el evangelio

            Las consecuencias de esta práctica es que  produjo un efecto contrario al que con ella se buscaba pues los pecadores dejaban de ordinario la petición del perdón y la reconciliación hasta bien entrada la vejez y hasta el lecho de muerte, de esta forma pensaban que se aseguraban las salvación, por un lado, y por otro, se veían libres de las rigurosas penitencias que se solían imponer a los pecadores que obtenían el perdón.

            Otra de las consecuencias negativas de esta práctica a partir del siglo VI fue la separación entre el aspecto jurídico  y disciplinar del pecado de su contenido teológico por el que quedaba privado de la amistad con Dios.

   LA PENITENCIA  .MARCELO GRANDE. PARROQUIA DE MIGUELTURRA. C. REAL. ESPAÑA.      

El cambio definitivo del sacramento de la penitencia se inició en  el siglo VI, según lo atestigua Teodoro de Tarso que fue nombrado arzobispo de Canterbury en 668, ( Paenitentiale Theodori I,13) quien  como digo, testifica, que las iglesias irlandesas y anglosajonas admitieron que cada uno de los fieles pudieran  repetir la penitencia.

            En el siglo VIII , esta práctica ya se había extendido a todo el continente europeo.

            En el siglo IX se pasa a exigir la práctica periódica de la penitencia todos los años en tiempo de cuaresma o tres veces al año.

            En el siglo XII se hace obligatoria la confesión anual.

            El IV concilio de Letrán establece en 1215 esta obligación de una vez al año por lo menos, a  aquellos que hubieran cometido pecado mortal.

            Hoy se recuerda aún el  Catecismo de Ripalda que hablando de los mandamientos de la  Iglesia decía” el  segundo confesar los pecados  mortales  a lo menos una vez dentro del año , en peligro de muerte o si se ha de comulgar.”

 APOSTASÍA.

2.- PECADOS QUE  DESDE EL PUNTO DE VISTA HISTÓRICO   DEBÍAN SOMETERSE  A LA PENITENCIA.

La fe católica jamás ha enseñado que el poder de la Iglesia de perdonar pecados estuviese reducida por ninguna clase de pecado  por muy grave que fuese, lo que sí es cierto es que la Iglesia primitiva examinaba muy seriamente si un pecador reunía las condiciones necesarias para recibir el perdón, tal exigencia  tenía su fundamento en algunos textos bíblicos especialmente de la carta a los Hebreos en ella por ejemplo  se dice: “ porque quien una vez iluminados gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, gustando de la Palabra de Dios y los prodigios del siglo venidero, y cayeron en la apostasía, es imposible que sean renovados otra vez a penitencia, pues de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la afrenta”( Heb. 6,4 s.s.)

            Aunque este texto puede referirse directamente al bautismo que no puede ser reiterado y se olvida del sacramento de la penitencia, pero es expresión de la actitud rigurosa de la primitiva iglesia con relación a ciertos pecados, esta misma actitud puede verse en Heb. 10,26;2,12-16; 1ª Jn 5,16.

            Esta rigurosidad llegó incluso a negar la penitencia en algunos casos, sobre todo en España y Norte de África, y siendo la base de las herejías del montanismo y del novacianismo  que por razones teológicas pretendían excluir de la iglesia para siempre  a quienes hubiesen cometido alguno de los pecados  capitales:  es decir apostasía, homicidios y adulterio.

ASESINADO EN PLENA CALLE.   

El Concilio de Nicea el año 325, ( Cf. D.55) condenó estas herejías y hablaba de la obligatoriedad de someter a la penitencia estos TRES pecados.

            Orígenes habla ya de la obligatoriedad de someter a la penitencia los pecados ocultos.

            En la época patrística se desarrolla el concepto de pecado mortal, el IV Concilio de Letrán determinó como precepto de la Iglesia someter a la confesión penitencial todos los llamados pecados mortales, tal y como viene siendo obligado hasta nuestros días.

 3.-RITOS USADOS  POR LA  IGLESIA PARA PERDONAR LOS PECADOS A TRAVÉS DE LA HISTORIA.

 Los datos existentes permiten determinar el rito utilizado por la Iglesia para perdonar al pecador a partir del siglo III.

            El primer paso del rito se iniciaba con la confesión de su pecado ante el representante de la Iglesia. Esta confesión era individual y privada sólo el confesor debía conocer el pecado confesado.  El segundo paso era la imposición de una penitencia que hacia visible su  condición de penitente ; esta penitencia podría ser varia, obras penitenciales, vestidura penitencial, ocupar el lugar de los penitentes en el templo etc. El tercer paso era el de la reconciliación o absolución del pecador. En algunos lugares la  absolución se llevaba cabo a las pocas semanas, pero en la mayoría de las veces el tiempo era mayor, y en no pocas circunstancias se aplazaba hasta la hora de la muerte.

El rito de la reconciliación consistía en una oración y la imposición de  manos del Obispo, y en la Iglesia oriental se añadía unción,  y normalmente se hacia el jueves santo, el acto de la reconciliación era público. El cuarto paso era el del cumplimiento de las obras satisfactorias impuestas tras la reconciliación.

                        A partir del siglo IV  se establece una regulación precisa del rito que tendió a hacerse universal en toda la iglesia, esta regulación supuso la reducción del tiempo de la penitencia que en tiempos de Inocencio I y León I se equiparó  al tiempo de la cuaresma,  y  a su vez la reconciliación podía hacerla un sacerdote y en cualquier tiempo y no sólo el Jueves Santo. En la época patrística se consideró como la parte principal del rito el cumplimiento de las obras satisfactorias después de la absolución. Los cuatro pasos del rito se conservaron pero con estas nuevas modalidades.

                        A partir del siglo VIII tal como se indicó en el punto primero se extendió a toda la Iglesia  la práctica por la que el sacramento podía repetirse tantas veces cuantas el pecador quisiese, a partir de esta fecha la confesión de los pecados que siempre fue privada y secreta pasó a convertirse en la parte principal del rito sacramental, y por ello el sacramento comenzó a llamarse el de la confesión.

LOS LIBROS PENITENCIALES.

Los libros penitenciales contenían detalladamente la penitencia que debía imponerse tras la confesión, ya mucho más suaves, por lo que la penitencia se denominada tarifada , es decir determinada por los libros penitenciales de acuerdo con la naturaleza de los pecados confesados. Los libros penitenciales a finales del siglo VIII dividía el rito en dos partes la primera era la confesión de los pecados e imposición de la penitencia la segunda parte la reconciliación mediante una oración y la imposición de manos

                        A partir del siglo IX se unieron estas dos partes: 1.- Confesión. 2.- Penitencia.3. Absolución 4.- Obras de satisfacción . Estas cuatro partes se realizaban a la vez, ante  el sacerdote o el obispo.

                        A partir del Concilio de Trento el rito del proceso penitencial se redujo prácticamente a tres pasos: 1.- Confesión de los pecados.2.- Absolución   de los mismos 3.- Imposición de obras satisfactorias. He dicho prácticamente , pues en verdad se conservaron los cuatro momentos del proceso penitencial, puesto que la Confesión de los pecados ante el sacerdote que debía ser detallada, indicando el número de veces que se había cometido cada pecado, las circunstancias en las que se había hecho, eso que técnicamente se llamó confesión numérica y específica de cada pecado, fue considerada como una penitencia por la violencia y dificultad y vergüenza que en algunos casos podía conllevar tal confesión.

4.-EL PROCESO PENITENCIAL COMO SACRAMENTO.

La convicción de que la forma de actuar de la Iglesia con los pecadores tenía influjo en orden a la salvación o condenación de los mismos fue unánime desde los comienzos de la Iglesia tal convicción aparece de forma especialmente clara en autores Tertuliano, Orígenes, san Cipriano. También los padres de la Iglesia : Ambrosio, Agustín, Jerónimo etc. afirman expresamente que el rito de la  absolución o reconciliación con la Iglesia significa una nueva infusión del Espíritu Santo, y destacan que reconciliación con la Iglesia es igual a reconciliación  con Dios.

                        Desde el siglo XII el número de los sacramentos quedó fijado en siete, entre ellos el proceso penitencial. Esta sacramentalidad no fue impugnada por la Iglesia Oriental destacando igualmente el sentido eclesial concedido por la absolución o reconciliación, tal sentido se perdió a partir de la controversia teológica con Wiclef y Hus, que negaban la pertenencia a la Iglesia de los pecadores, mientras que la doctrina católica afirmaba que los pecadores no dejaban de pertenecer a la Iglesia por esta condicción, por lo que el sacramento de la reconciliación o penitencia perdió su sentido eclesial, adquiriendo una matiz más individualista, la penitencia no significaba por lo tanto una reconciliación con la iglesia que el pecado no había roto, sino la reconciliación con  Dios.

5.-FORMAS ESPECIALES DE CONCEDER EL PERDÓN.

                          La historia nos da cuenta de la existencia de formas especiales del proceso penitencial. Podemos mencionar entre ellas   el proceso penitencial seguido con los clérigos y herejes en los siglos IV y V.

            Otra de las formas en las iglesias orientales  en los siglos V y VI era la confesión de los pecados hecha a monjes que no eran sacerdotes la cual se mantuvo hasta el siglo XIV.

            También la llamada penitencia claustral es decir el ingreso en un monasterio a un pecador arrepentido a quien se le había impuesto una penitencia durante todo su vida, por ejemplo la abstención del uso matrimonial, atestiguada en el siglo V.

            Finalmente la obligación de confesar sus pecados a un seglar en el caso de falta de sacerdote que fue considerada obligatoria en Occidente desde el siglo XI al XIV.

 6.- LA ABSOLUCIÓN SACRAMENTAL Y SU RELACIÓN CON EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

 Hemos visto como la mayoría de los Padres de la Iglesia afirmaba que la reconciliación o absolución de los pecados a través del rito penitencial era el medio por el que el pecador recibía el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, sin embargo algunos Padres valoran tanto la actitud subjetiva del pecador que se arrepiente antes de la confesión, que dan a entender que la absolución no es el medio por el que se logra el perdón de los pecados, sino el arrepentimiento del pecador, en este caso la absolución tendría unicamente el valor de una declaración de que estaba perdonado.

            Esta idea llegó a ser una convicción entre los teólogos escolásticos quienes afirmaban que lo que realmente perdonaba los pecados era el arrepentimiento del pecador de forma que al confesarse si el pecador está realmente arrepentido ya se le había perdonado su culpa. Hasta mediados del siglo XIII, aunque se declara la obligación de confesarse, no se dice que la absolución sacerdotal influya en el perdón de los pecados, a la misma le atribuyen otros efectos: mera declaración de que su pecado está perdonado, perdón del reato de pena que conlleva cada pecado mortal, transformación de un pecado perdonado condicionalmente  en un perdón absoluto, reparación de la separación de la comunidad, confirmación sensible de que Dios le ha perdonado etc.

            El mismo Tomás de Aquino considera que lo normal es que se acerque al sacramento de la penitencia una persona que ya ha sido perdonada y justificada en virtud de su arrepentimiento, aunque matiza que un pecador a quien falta el arrepentimiento sin mala voluntad por su parte, recibe el verdadero arrepentimiento por la gracia de la absolución sacramental y con ello el perdón.

            A partir del siglo XIV la teología occidental llegó a la convicción  de que el perdón de los pecados mortales cometidos después del bautismo eran perdonados por el sacramento de la penitencia llegando así  a lo que fue la doctrina constante de la Iglesia hasta nuestros días, salvo las excepciones que hemos dejado apuntadas.

ESTE HIJO MÍO ESTABA PERDIDO Y HA SIDO HALLADO.

7.-LOS EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN.

El efecto principal de este sacramento es la reconciliación con Dios. Este volver a la amistad con Él es una “resurrección espiritual”, alcanzando, nuevamente, la dignidad de Hijos de Dios. Esto se logra porque se recupera la gracia santificante perdida por el pecado grave.

Aumenta la gracia santificante cuando los pecados son veniales.

Reconcilia al pecador con la Iglesia. Por medio del pecado se rompe la unión entre todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo y el sacramento repara o robustece la comunión entre todos. Cada vez que se comete un pecado, la Iglesia sufre, por lo tanto, cuando alguien acude al sacramento, se produce un efecto vivificador en la Iglesia. (Cfr. CIC nos. 1468 – 1469).

Se recuperan las virtudes y los méritos perdidos por el pecado grave.

Otorga la gracia sacramental específica, que es curativa porque le devuelve la salud al alma y además la fortalece para combatir las tentaciones.

Este es el prodigio que se renueva constantemente en la Iglesia de Cristo, ecuchar con oidos humanos la palabra humana  que habla en nombre de Cristo: ” el Señor te ha perdonado, vete en paz“.

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