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 IGLESIA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

SINTESIS DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA. EL SIGLO XI.

 A continuación anticipamos la temática a desarrollar  sobre el siglo XI.

 1.-Un siglo de reformas y de recuperación del prestigio del papado.

2.-El gran Papa Gregorio VII y el problema de las investiduras.

3.- Se lleva a cabo la primera de las Cruzadas.

4.- Nuevas órdenes religiosas y movimientos eremíticos.

5.- Algunas devociones propias del siglo.

6.- El Cisma de Oriente: separación de la Iglesia griega de la latina.

 COLEGIO CARDENALICIO.

1.-UN SIGLO DE REFORMAS Y DE RECUPERACIÓN DEL PRESTIGIO DEL PAPADO.

                El siglo comienza viviendo las secuelas de los males de la Iglesia y especialmente del papado, del siglo anterior,  en el que la intromisión del emperador y de los nobles en el nombramiento de papas y obispos, así como la participación de estos en los asuntos temporales, llevó a la Iglesia a uno de los peores momentos de su historia. A mediados del siglo XI, sin embargo, se realizarán  un conjunto de reformas que  acabarán con las causas de los males pasados.

            Una de ellas  fue la creación del Colegio cardenalicio por el papa Nicolás II mediante el decreto “Produces sint” del año 1059 en el que  se establecía que sólo los cardenales participarían en la elección del papa.

            El nombre de Colegio Cardenalicio hace referencia, en primer lugar al conjunto de presbíteros que rodeaban al obispo de Roma, así como a otros  obispos en los primeros siglos del cristianismo. A partir del siglo VI, los presbíteros o sacerdotes de las 25 iglesias de Roma reciben el nombre de presbíteros cardinales, palabra derivada del latín cardo, o bisagra, porque eran como el eje de la Iglesia Romana. A su vez era costumbre llamar cardinal o incardinatus  a un clérigo, fuera o no sacerdote  que estuviese incorporado a una iglesia de manera estable. Posteriormente fueron denominados diáconos cardinales a los encargados de atender a los pobres de las catorce regiones de Roma, encargados también de asistir al Papa, en las celebraciones litúrgicas y en los asuntos administrativos.

A esos 14 diáconos, se añadieron 4 diáconos palatinos que servían al papa en su palacio. Finalmente había 7 obispos  que atendían las siete iglesias suburbanas de Roma y que acompañaban al papa en las funciones litúrgicas a los que se llamaban obispos cardinales. El Colegio Cardenalicio en sus comienzos estaba formado por estos tres grupos que ayudaban y acompañaban al papa de forma estable: Presbíteros cardenales, díáconos cardenales y palatinos y obispos cardenalesEn el siglo XI había en total 53 cardenales. En el transcurrir de los siglos el número, la autoridad y prestigio  de los  cardenales fue creciendo, desempeñando las más variadas funciones por encargo de los papas.

            Con el decreto del papa Nicolás II en el que se determinaba que solos los cardenales serían los encargados de la elección del papa, la intervención del clero,  de la nobleza y pueblo romanos, quedó reducida a la aclamación del papa elegido. Con relación a la intervención del emperador se utilizó una forma un tanto  ambigua “ al  joven rey Enrique y a sus sucesores les correspondía el debido honor y reverencia”, pero no la decisión de elegir papa.

File:Pope gregory vii illustration.jpg

2.- EL PAPA GREGORIO VII, Y EL PROBLEMA DE LAS INVESTIDURAS.  

De vida santa guió a la Iglesia teniendo como  meta la reforma que lleva su nombre, reforma gregoriana. Con él  la sede romana volvió a ser respetada como rectora espiritual, luchó por la independencia de la Iglesia.  Bajo pena de excomunión prohibió a los eclesiásticos  ser investidos  en sus cargos por el  emperador, reyes y señores feudales, para ello escribió de su puño y letra a casi todos los obispos de Italia, Francia y Alemania, a los abades de Cluny y Montecasino, al arzobispo de Canterbury, al rey alemán Enrique IV, al rey Felipe I de Francia, a Alfonso VI de Castilla, a Sancho de Aragón, a Guillermo de Inglaterra, a los reyes de Hungría, Noruega, Dinamarca, Eslabona y al emir de Marruecos, para que se abstuvieran de hacer ningún tipo de nombramientos eclesiásticos y le ayudaran a promover una reforma de costumbres.

Un documento denominado Dictatus Papae, es la síntesis del pensamiento de Gregorio VII  y el programa que se proponía llevar a cabo a la vez y que tras su muerte fuese seguido de forma general en la Iglesia. Gregorio fue el primero que quiso una separación  entre la Iglesia y el estado. El documento es el siguiente:

   La iglesia Romana ha sido fundada sólo por el Señor. -Sólo el Romano pontífice es definido con justo título universal. -Sólo él puede deponer o absolver a los obispos. -Su legado en concilio está por encima de todos los obispos, aunque sea de grado inferior a ellos, y puede  pronunciar una sentencia de deposición contra ellos. -El papa puede deponer a los ausentes.

-No se debe bajo el mismo techo de aquellos que han sido excomulgados por él.-El sólo puede, según la oportunidad, establecer nuevas leyes, constituir nuevas comunidades, transformar una colegiata en abadía y viceversa, dividir un obispado rico o unir obispados pobres.-Sólo él puede usar las enseñas imperiales.

-Sólo al papa todos los príncipes besan los pies. -El es el único cuyo nombre será pronunciado en todas las iglesias. -Su nombre es único en el mundo. -A él le está permitido deponer al emperador. A él está permitido transferir los obispos de una sede a otra si hay necesidad. -El puede ordenar donde quiera un clérigo de cualquier iglesia. -El que ha sido ordenado por él puede recibir la iglesia de otro, pero no ser soldado ; pero no debe recibir de un obispo un grado superio.- Ningún sínodo sea definido general sin su orden. -No existe ningún texto canónico fuera de su autoridad. -Su decisión no debe ser reformada por nadie y sólo él puede reformar las decisiones de todos. -El no debe ser juzgado por nadie. -Ninguno ose condenar a aquel que ha apelado a la Sede Apostólica.

-Los asuntos graves concernientes a una iglesia, cualquiera que sean, deben ser comunicados. -La Iglesia Romana nunca ha errado, como atestigua la Escritura, y nunca cometerá errores. -El Romano Pontífice, si fuera ordenado según los cánones, es indudablemente a través de los méritos de san Pedro establecido en la santidad, como testimonia san Ennodio obispo de Pavía en acuerdo con numerosos padres, como se puede ver en el decreto del beato papa Symmaco.

–Bajo orden y con permiso del papa está permitido a los súbditos sopesar una acusación. El puede, sin necesidad de una asamblea sinodal, deponer o absolver a los obispos. /El que no está de acuerdo con la Iglesia no debe ser considerado católico.-El papa puede liberar del juramento de fidelidad a los súbditos de un príncipe inicuo. justo título universal. –fidelidad a los súbditos de un príncipe inicuo.

ENRIQUE V EN LA PUERTA DEL PAPA EN CANOSA.

Es conocida la lucha que entabló con el emperador alemán Enrique IV, que se opuso al papa en el tema de las investiduras, y en el de la reforma de la disciplina y moral eclesiástica, Gregorio lo excomulgó y le exigió hacer penitencia en Canosa, para recibir la absolución. Reconciliado, convocó un concilio en Maguncia y nombró un antipapa con el nombre de Clemente III. Después fue a Italia y tras tres años de asedio logró conquistar Roma, obligando a Gregorio VII a refugiarse en el castillo de Santángelo. El papa derrotado militarmente, se retiró a Salermo donde falleció el 25 de mayo de 1085 recitando las palabras del salmo 44: “He amado la justicia y odiado la iniquidad y por eso muero en el destierro” 

            A los ojos humanos Gregorio murió como derrotado, pero dejó una semilla en la Iglesia que  dio abundantes  frutos, permaneciendo su obra durante mucho tiempo. Víctor III le sucedió y  después Urbano II, éste dio a conocer su programa: “Resuelto a caminar por las huellas de mi bienaventurado padre, el Papa Gregorio, rechazo lo que él rechazó, condeno lo que él condenó, amo lo que el amó y me uno en todo a sus pensamientos y acciones.” Con éste espíritu Urbano II continuó luchando contra la simonía y venta de cargos eclesiásticos, así como por la reforma de la Iglesia.

El problema de las investuduras continuaria  hasta el siglo siguiente en el que se solucionaría definitivamente en tiempos del Papa Calixto II.

 LAS CRUZADAS. CONQUISTA DE LOS SANTOS LUGARES.

3.-SE LLEVA A CABO LA PRIMERA DE LAS CRUZADAS.

              Aunque el nombre de Cruzada ha sido utilizado en general  para designar  las guerras realizadas con un motivo  religioso, en propiedad  y desde el punto de vista histórico, las cruzadas son las acciones guerreras promovidas por los papas con el fin de liberar los Santos Lugares,  es decir los territorios donde nació, vivió y murió Jesús que desde el 1071 estaban en manos de los turcos convertidos al islamismo.

                El origen de la palabra cruzada remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas. Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del Papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia. A los cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc.

   CONCILIO DE CLERMONT.        

Este siglo vio nacer la primera de las ocho cruzadas, la convocó Urbano II el 27 de noviembre de 1095 en el Concilio de Clermont el papa en su convocatoria, entre otras cosas, afirmó:

            “Quienes lucharon antes en guerras privadas entre fieles, que combatan ahora contra los infieles y alcancen la victoria en una guerra que ya debía haber comenzado; que quienes hasta ayer fueron bandidos se hagan soldados; que los que antes combatieron a sus hermanos luchen contra los bárbaros.”

            “Comprometeos ya desde ahora que los guerreros solucionen ya sus asuntos y reúnan todo lo que haga falta para hacer frente a sus gastos; cuando acabe el invierno y llegue la primavera, que se pongan en movimiento, alegremente, para tomar el camino bajo la guía del Señor. Recordaos lo que dijo Mateo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.”

            La convocatoria papal fue recibida con un entusiasmo exultante de forma que  tras la predicación de Pedro el Ermitaño,  se reunió entre el pueblo un “ejército” de 20.000 cruzados, el llamado el ejército de los pobres, hombres, mujeres y hasta niños quienes con hambre y desorientados, llegaron al imperio bizantino, pereciendo la mayor parte de ellos en su camino hacia Jerusalén.

            Después de ellos llegó un ejército, denominado el ejército de los príncipes de 60.000 hombres al mando de Godofredo de Bouillón. Los cruzados tomaron plazas importantes entre ellas Antioquía. En junio 1099 llegaron a Jerusalén la  sitiaron cayendo en manos de los cruzados, el 15 de julio de 1099.

            En Jerusalén establecieron un reino rodeado de turcos y bizantinos.

            Tendremos tiempo de hablar del sentido de las cruzadas, pues las mismas se sucedieron hasta bien entrado el siglo XIII.

MONJES CARTUJOS EN EL REFECTORIO. ZURBARÁN.

4.-NUEVAS ORDENES RELIGIOSAS Y MOVIMIENTOS EREMÍTICOS.

            La orden benedictina, de la que surgiría la reforma de Cluny, que en este siglo llegó a tener  mas de 50.000 monjes, produjo un nuevo brote.

El abad Roberto abandona el monasterio de Molestes y con un grupo de monjes benedictinos intenta volver al fervor primero que Gluny parece haber olvidado a finales del presente siglo. En 1098 fundó la abadía del Cister, esta orden Cisterciense recibió un gran impulso con la llegada a ella de San Bernardo, el abad de Claraval en el siglo siguiente.

 San Bruno  fundó la Cartuja concebida como una fusión de la vida solitaria y monástica, la Cartuja desde sus comienzos fue una orden austera, cuyos miembros vivían en continuo silencio, teniendo como principal búsqueda, la contemplación divina.

            También a finales de este siglo brota un intenso movimiento eremítico, hombres y mujeres movidos por una espiritualidad que anhela la experiencia de Dios a través de la oración y contemplación, se retiran a los lugares solitarios, pero la fama de su santidad atrae a las gentes, convirtiéndose así en evangelizadores.

            Este siglo conoce también una forma de vida religiosa consistente en vivir, bien un hombre o una mujer, en una celda construida al lado de una iglesia, con una ventanita por la que sigue los actos litúrgicos y recibe el alimento.

            Abundantes son en este siglo los hombres y mujeres que hicieron florecer en la Iglesia el árbol de la santidad.  139 en total. Entre ellos hay mártires, monjes, papas, recluidas,… también la Iglesia española, que sigue avanzando en la reconquista con nuevos reinos cristianos, cuenta con frutos de santidad entre sus miembros.

CASA DE LA VIRGEN EN NAZARET.

5.-ALGUNAS DEVOCIONES PROPIAS DEL SIGLO.

            1.-Entre  las devociones  practicadas  en el siglo XI que estamos historiando, está la de las peregrinaciones a los Santos lugares. Estas peregrinaciones se  iniciaron en la Iglesia antes de la paz otorgada por el emperador Constantino en el 313, aunque aumentaron considerablemente cuando la Iglesia gozó de paz y libertad en el Imperio Romano. Las más antiguas peregrinaciones cristianas tenían a su vez, como destino Roma así como  a las tumbas de los mártires.

            La más famosa de las peregrinas de esa época fue una española de nombre Egeria, quien nos narra cómo se celebraban estas peregrinaciones en Tierra Santa en el siglo IV.

            Las peregrinaciones en honor a la Bienaventurada Virgen María cobran fuerza entre los siglos V-VII principalmente en Nazareth.

            Uno de los lugares más prestigiosos, en el siglo XI, es el Sepulcro del Apóstol Santiago de cuya fama se hace eco la orden cluniacense. A lo largo del siglo la llegada de peregrinos se intensifica y se inicia, por parte de los reyes cristianos, una labor que facilitará el tránsito hacia Santiago. Se construyen  puentes y hospitales en los enclaves necesarios. Se establece una ruta principal, el llamado Camino Francés. En el 1073 da comienzo la construcción del tercer templo consecutivo sobre la tumba del apóstol: la gran catedral románica que hoy conocemos.

            La peregrinación, desde sus comienzos tenía un sentido, ayudando a la comprensión de que  la vida cristiana era como un peregrinar hacia una meta, término de nuestra vida terrena y comienzo de la vida eterna. Los peregrinos encontraban en tales peregrinaciones un impulso de renovación espiritual.

 2.- El culto a la Eucaristía fuera de la misa. La devoción de ir a orar ante el sagrario tiene un precedente histórico en el monumento del Jueves Santo que precisamente se lleva a cabo a partir de este siglo, aunque ya el sacramentario Gelasiano habla de la reserva eucarística en este día. El monumento del Jueves Santo introduce la práctica de ir a orar ante el Sagrario, devoción que presupone la reserva del Santísimo iniciada en el siglo IX con ocasión de las controversias eucarísticas referentes a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

3.-Espectacular incremento de la devoción a la Virgen. Signo de este crecimiento son la multitud de oraciones utilizadas por los fieles para invocarla, entre ellas  el Ave María, Salve Regina, el Ave Maris Stela. La Asunción de María, la Purificación de Nuestra Señora y Natividad, son tema de las variadas expresiones artísticas: pintura, escultura, literatura o música. En España son varios los monasterios dedicados a Santa María en esta época: El de Ripoll en Gerona, el de Santa María de Poblet en Tarragona, el de Santa María de Huerta en Soria

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 6.- EL CISMA DE ORIENTE SEPARACIÓN DE LA IGLESIA GRIEGA DE LA  IGLESIA CATÓLICA.

            El suceso más triste para la Iglesia en este siglo es la ruptura entre la iglesia griega, cuyo centro era Constantinopla, y la latina que tenía en Roma su sede presidida por el papa.

            La separación se vino gestando a lo largo de varios siglos, con sucesos como el cisma promovido por Acacio en el siglo V, por el problema del culto a las imágenes al que se opuso el emperador de oriente León III el Isáurico, más tarde , en el siglo IX por Focio, con el problema de la procedencia de la tercera persona de la Trinidad, consumándolo Miguel Celulario, patriarca de Constantinopla el 16 de julio de 1054.

            Desde entonces la hoy denominada Iglesia ortodoxa, sigue separada de la Iglesia católica, cerca de 300 millones de fieles ubicados especialmente en Grecia, Bulgaria, Rumanía y Rusia y el resto de pueblos eslavos integran esta Iglesia , que mantiene prácticamente la misma fe que la Iglesia católica, si exceptuamos  la negación del Primado del Papa,  así como los dogmas de la Inmaculada Concepción y Asunción de María a los cielos, definidos  posteriormente a la separación,  y algunos aspectos relacionados con la liturgia y disciplina eclesiástica.

NOTA. Este tema se completa con la Historia de los Papas del siglo XI que se encuentra en la CATEGORIA  del Blog : HISTORIA DE LOS PAPAS SIGLO A SIGLO.

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PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO.

1.-¿ Qué juicio te merecen las Cruzadas  destinadas a la liberación de los Santos Lugares?

2.-¿ Porqué crees que determinadas discusiones reciben el nombre de discusiones bizantinas?

3.- El culto que la iglesia católica tributa a la Virgen María  tiene , según tu opinión fundamento en los evangelios y en el resto de los libros del Nuevo Testamento?

 

PARA UNA HISTORIA DE LA IGLESIA EN EL SIGLO XXI

Por SIC el 4 de febrero de 2011

 

¿ EL FINAL DE LA IGLESIA CATÓLICA EN EUROPA ?

El pensamiento ilustrado siempre ha vaticinado el fin del cristianismo, ya que parte de un principio falso de que la religión, sea cual sea, es, por naturaleza irracional, además su lectura de la historia de la fe cristiana está llena de prejuicios. La posmodernidad es heredera de esas mismas tesis y ve a la Iglesia Católica como un enemigo a destruir, o al menos a desactivar o silenciar, porque es el gran colectivo global y organizado que se resiste el pensamiento único relativista y secularizador. De ahí, todo intento mediático de acallar su labor humanitaria, samaritana y docente en favor de la sociedad. A la vez, que se persiste en la leyenda negra de tiempos pasados y redimensiona los pecados, delitos y faltas de algunos de sus miembros.
Esta corriente ha calado en grandes sectores de la sociedad que piensa que al cristianismo le queda “tres telediarios” en Occidente. También algunos grupos de cristianos han sucumbido a esta mentalidad y se han convertido en “profetas de calamidades” que impregnan el tejido eclesial de un pesimismo contagioso que impide ver la santidad, la belleza y la bondad en el seno de “su propia madre”, la Iglesia Católica. Pero como dice el refrán tan conocido: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
Lo cierto es que nuestra fe en Jesucristo, Hijo de Dios vivo, no contradice ninguna verdad racional, no exige al hombre la renuncia de todo aquello que lo hace verdaderamente hombre, para ser cristiano. No es aceptable la idea de que también el cristianismo es una religión fundamentalista, ya que la interpretación de la Biblia a luz la Tradición y del Magisterio de la Iglesia preserva a los cristianos de las excesivas sujeciones políticas nacionales –auténticos subjetivismos colectivos- como se da en otros credos (Cf. Benedicto XVI, Verbum Domini, 36-38).
Es más, la realidad moderna de la laicidad tiene su origen precisamente en el cristianismo, que desde sus inicios es una religión universal y no identificable con el Estado (cf. Lc 20,25). Para los cristianos ha sido siempre claro que la religión y la fe no están en la esfera política, sino en la realidad humana. El Papa en su Mensaje para la Jornada de la Paz de este año, así como en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, ha descrito como en la actualidad hay dos tendencias opuestas, dos extremos fundamentalistas y socialmente nocivos: el laicismo excluyente en el mundo occidental y los fanatismos islamistas e hindúes que quieren imponer su credo por la fuerza. Tanto en un caso como el otro, hay una carencia y falta de respeto por la libertad religiosa, poniendo en peligro la seguridad y la paz de los pueblos.
Mientras tanto la Iglesia Católica camina en medio del mundo entre “tribulaciones y consolaciones del Señor” (S. Agustín). Ella es “joven y tiene vida”. Su acción benefactora hacia los más pobres y necesitados, nace del Evangelio que anuncia, celebra y vive. Ella no es una multinacional de servicios sociales, sino “maestra en humanidad”, que ofrece y no impone la salvación integral del hombre. Su carta de presentación no es otra que el “amor a Dios y al prójimo” como Cristo nos enseñó. En esta síntesis está la clave de la felicidad personal y el motor de una sociedad más humana.
Por eso la Iglesia “no cesa de convocar hombres de toda raza y cultura… y abre a todos las puertas de la esperanza” (Plegaria eucarística V/d). ¿Creéis que si la Iglesia no estuviera viva se le iba a perseguir como está sucediendo en la actualidad? ¡Qué verdad es el axioma popular!: “A los muertos se les entierra, a los vivos se les combate”. Por eso mismo, sólo el año pasado fueron asesinadas en el mundo 150.000 cristianos por animadversión religiosa. A ello hay que añadir 200 millones de cristianos perseguidos y otros 150 millones discriminados por sus convicciones. (Cf. Informe de libertad religiosa en el mundo 2010, Roma, P.C. Justicia y Paz).
Viene bien que nunca olvidemos aquella máxima de Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Apologético 50,13).Por nuestra parte, oremos sin cesar por la Iglesia perseguida; crezcamos en vida interior para no devolver mal por mal; perseveremos en nuestra ayuda a los más pobres; estemos prestos al diálogo interreligioso y busquemos siempre lo que más nos une que aquello que nos separa (Cf. Juan XIII).

Publicado el 10.02.2011

UNA  BUENA MANERA DE VIVIR LA COMUNIÓN HOY.

(Juan Rubio) La historia está para aprender y no para arrojarla como venablo a la cara. Y a la historia acudo. Alguna vez quise jugar a la ficción sentando en un café madrileño al padre Ayala, a Escrivá de Balaguer, a Pedro Poveda y a Ángel Herrera. Suculenta tertulia en el Madrid del Directorio de Primo de Rivera. Los cuatro fueron los pioneros de un apostolado concreto que tuvo que buscar su sitio tras el Vaticano II, y que nació como respuesta a una época histórica que lo demandaba. En el germen estaba la intuición de que el laicado es parte fundamental en la Iglesia, no un anexo al servicio de la clerecía. Las instituciones fundadas por ellos –dos ya canonizados y otro con proceso incoado– han dado frutos diversos.

Hoy, en España vuelven con fuerza, mirando a sus orígenes y extendiéndose por el mundo desde su idea genuina. Sentados en la mesa, imagino al padre Ayala explicando el argumento, aunque era un hombre más práctico que de ciencia. Imagino a Poveda escuchando con ésa su sonrisa con acento senequista. Imagino a Escrivá de Balaguer, todo oídos, joven él, aprendiendo de los viejos y callando a lo baturro. E imagino al periodista Herrera Oria tomando notas para editorializar en El Debate.

Quizás hubiera mutuos recelos, propios de la condición humana, pero bullía en ellos la misma inquietud: en un mundo en el que las tinieblas afloran, lo que hay que hacer es encender una cerilla. No lamentarse.

El jesuita manchego fundó con mucha voluntad y pocos medios la Asociación Católica de Propagandistas, renovando las filas del conservadurismo español, obsoleto tras la debacle de Cuba. De la mano del joven periodista Herrera Oria, se lanzó a cuajar un grupo de laicos activos en los convulsos años en los que el krausismo y las escuelas laicas sembraban sus ideas en una España hambrienta e inculta, que recogía sus despojos imperiales.

También el sacerdote linarense Pedro Poveda, desde Guadix, Oviedo y Jaén, con no pocas dificultades de dentro y de fuera, recalaba en Madrid con un proyecto de evangelización de la escuela y de la cultura con un manojo de mujeres a las que invitó a vivir según el estilo de vida de los primeros cristianos.

Un día fue a verlo Escrivá de Balaguer. Poveda dijo de él que había conocido a un joven maño con ideas claras que andaba buscando fundar un grupo de laicos empeñados en la santificación del trabajo. El Opus Dei, con sus ramificaciones y carisma, ha ido buscando un hueco en la Iglesia y en el mundo con su sello peculiar. Desde la canonización del fundador, se han ido situando en un lugar de centro, o al menos de no beligerancia, haciendo del limón agrio de la crítica, limonada refrescante.

Y es que hoy, un siglo después, el espíritu que animó a los cuatro, si bien por derroteros distintos, sigue en la brecha, con ilusión evangelizadora y con páginas áureas a sus espaldas. Hora es de aprender la lección, de no tirarse la historia a la cara y construir juntos. Hay que sentar a la mesa hoy a otros tantos que buscan dignificar al laicado.

Habría que sentar a gentes que, desde las nuevas realidades eclesiales, buscan lo mismo: encender una cerilla en la oscuridad, pero no en la habitación propia, sino en la gran casa común que es la Iglesia. Es una manera de vivir en la comunión.

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 NOTA. ESTE TEMA SE COMPLETA CON LAS HISTORIA DE LOS PAPAS EN EL SIGLO XI. SE ENCUENTRA TAMBIÉN EN EL BLOG. EN LA CATEGORIA HISTORIA DE LOS PAPAS SIGLO A SIGLO.

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