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ERNESTINA DE CHAMPOURCIN EN BUSCA DE UNA PATRIA SIN EXILIOS.

1.-Vida y obra.

2.-Sobre la poesía de Ernestina de Champourcin.

3.-Dios y la fe cristiana en la obra de Ernestina de Champourcin.

4.-Presentación de algunos de sus poemas religiosos.

IMAGEN DE VITORIA. ALAVA. ESPAÑA.

1.-VIDA Y OBRA.

Ernestina de Champourcín Morán de Loredo, nació en Vitoria el 10 de julio de 1905, de una familia católica y tradicionalista que le ofreció una esmerada educación (en la que se refuerza el conocimiento y uso de diferentes lenguas) en un ambiente familiar, culto y aristocrático, junto a sus hermanos.

Su padre era el abogado de ideas monárquicas, pese a su inclinación liberal-conservadora, Antonio Michels de Champourcin. Poseía el título de barón de Champourcin, lo que atestiguaba que la familia paterna, provenía de la Provenza francesa.

Por su parte, Ernestina Morán de Loredo Castellanos, como se llamaba su madre, nació en Montevideo, y era la única hija de un militar, asturiano de ascendencia, con quien viajó frecuentemente a Europa.( Wikipedia)

Vi solamente una vez en mi vida a Ernestina Mitchels de Champourcín y Morán de Loredo. Fue en el Parque del Retiro madrileño, a mediados de los años ochenta, en medio de la muchedumbre que acudía —bajo la lluvia, naturalmente— a la Feria del Libro. El Retiro fue uno de los paisajes de su vida.

FERIA DEL LIBRO EN EL PARQUE DEL RETIRO. MADRID.

Ernestina firmaba ejemplares de sus obras en una caseta. Era una anciana de silueta leve y voz dulce y quebrada como un cristal con unos ojos asustados tras los gruesos cristales de las gafas.

Nunca quiso que la llamaran poetisa. Prefería el término poeta. Y fue poeta, hija de poeta y esposa de poeta. Había nacido en Vitoria en 1905, y su padre, el barón Michels de Champourcín, escribía poemas en los ratos libres que le dejaba la abogacía. Su madre era uruguaya, y le proporcionó, desde la infancia, una educación privilegiada: poesía, música, literatura, inglés, francés…

He dicho que el Retiro madrileño fue uno de los paisajes de su vida, como lo fueron las sierras de Madrid para los personajes de Velázquez o los cielos de Holanda para las mujeres de Vermeer.

Otros de sus paisajes sería Moguer, pero no como lugar físico, sino como telón de fondo ideal de toda su poesía. Ernestina leyó en su adolescencia Platero y yo, y el poeta de Moguer se convirtió enseguida, junto con San Juan de la Cruz, en un punto de referencia inexcusable de su creación poética.

Conoció personalmente a Juan Ramón cuando paseaba por la Granja segoviana con su esposa Zenobia. Desde entonces, explicaba, “Juan Ramón no fue para mí únicamente un poeta admirado, sino una especie de compañero de sentimientos y vivencias”.

A los 21 años publicó su primer libro, En silencio, y empezó a ser conocida en los círculos culturales de Madrid. Asistía a tertulias literarias con Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. En 1926 se inscribió en el Club Lyceum, donde se hizo cargo de la Sección de Literatura. Era lo que entonces se llamaba una mujer moderna, decidida, con inquietudes políticas y sociales.

JUAN JOSÉ DOMENCHINA   SU ESPOSO.

En 1927 publicó su segundo libro, Ahora, y se constituyó, según algunos críticos, en la primera voz femenina del grupo poético del 27. Tres años después conoció a un joven poeta, Juan José Domenchina, con quien acabaría casándose.

Domenchina era amigo de Manuel Azaña, futuro presidente de la II República Española, y a partir de 1931 fue su secretario personal. En ese mismo año Ernestina publicó su poemario La voz en el viento, prologado por su maestro Juan Ramón Jiménez. Luego salió a la luz su primera y última novela, La casa de enfrente.

Cuando llegó la deseada República, que Ernestina acogió como un tiempo de cambio y esperanza, participó intensamente con Juan José en la vida cultural madrileña. Asistía a las tertulias de Baroja y Valle Inclán, y tomaba parte en los manifiestos poéticos y enlas conferencias en el Ateneo. Durante aquellos años se fue consolidando su prestigio como poeta y en 1934 Gerardo Diego la incluyó en la segunda antología de la Generación del 27.

Durante la guerra civil trabajó primero como cuidadora en una guardería de niños; luego de cocinera; más tarde, en un hospital de sangre. Era el Madrid del “no pasarán”, de los bombardeos, de las carestías sin cuento. Los Domenchina decidieron trasladarse a Valencia.

Allí, Juan José fue nombrado Jefe del Servicio de Información del Ministerio de Propaganda de la República y se ganaba la vida editando boletines en seis idiomas, informando al mundo sobre la situación en España. Ernestina colaboraba con un suplemento literario.

Las sucesivas victorias de los “nacionales” les obligaron a trasladarse primero a Barcelona y al exilio después, acompañando al presidente Azaña. Fue una huída precipitada y dolorosa, en la que tuvieron que abandonar gran parte de sus libros para que otras personas pudieran sumarse a la expedición.

FICHA DE ESPAÑOLES DE LA REPÚBLICA EXILIADOS EN MÉJICO.

¿Qué podían hacer, hacía dónde ir en aquella Europa convulsa en la que se presagiaba la segunda guerra mundial? Afortunadamente, el escritor Alfonso Reyes les invitó a viajar a México, donde llegaron el 1 de junio de 1939.

En México comenzó la época de oro de Ernestina. Aquella zona del mundo se había convertido en el destino de muchos intelectuales españoles exiliados. Su admirado Juan Ramón trabajaba como agregado cultural en la embajada española en Estados Unidos; y en América se asentaron también Emilio Prados y Luis Cernuda.

En la capital azteca tuvieron noticia de la muerte de Azaña en Francia; y como la situación en España no cambiaba, Juan José y Ernestina decidieron quedarse en tierras mexicanas. El cambio no fue fácil. No tuvieron hijos,y sobrellevaron de forma muy distinta el desgajamiento de sus raíces.

Juan José no superó nunca la triste condición del exiliado, mientras que Ernestina, por el contrario, llegó a amar profundamente a su nuevo país. México fue, sin duda, el paisaje más feliz de su vida. Hacía traducciones para la editorial Fondo de Cultura Económica y colaboraba en revistas literarias como Las dos Españas, Rueca, Romance, Istmo.

En 1951 pudo pasar unos días en España para visitar a su familia. Tuvo que viajar sola porque el régimen franquista mantenía abierta todavía una causa judicial abierta contra Juan José por haber sido secretario de Azaña.

BARRIO MARGINAL MEXICANO.

Al año siguiente un sacerdote del Opus Dei, párroco de la iglesia de la Santa Veracruz, de México D.F. le preguntó si podía colaborar dando clases a un grupo de mujeres del barrio.

Era un barrio marginal, con muchas carencias. Ernestina aceptó, y comenzó a atender, semana tras semana, a las gentes de aquel lugar, donde malvivían muchos desheredados de la fortuna, entre maleantes, borrachos y prostitutas.

Allí entre la pobreza y la miseria, descubrió en su alma sus ansias íntimas de Cristo; y comprendió que Dios la llamaba a la santidad; a esforzarse por vivir intensamente el cristianismo según el espíritu del Opus Dei. También Juan José, que murió en 1959, encontró apoyo espiritual, antes de morir, en un sacerdote del Opus Dei.

Los años siguientes a la muerte de su marido fueron particularmente fecundos. Multiplicó su acción a favor de los más necesitados y publicó en varios libros de poemas: El nombre que me diste (1960), Cárcel de los sentidos (1964), Hai-kais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968), y Poemas del ser y del estar (1972).

CASA NATAL DE ERNESTINA EN VITORIA.

En 1972 comenzó su segundo exilio: regresó a España. Pero ya no existía el país que había dejado tras la guerra civil. Los años le habían arrebatado algunos paisajes de su ciudad: aquellos palacetes de la Castellana, los antiguos bulevares… Nada era lo mismo.

Habían cambiado los nombres de las calles; incluso había estatuas, como la de Colón, que se habían mudado de sitio. Madrid había perdido, para ella, su encanto provinciano. Le parecía un laberinto enorme y extraño, sin perfiles propios, agobiante y desconocido.

A pesar de sus limitaciones físicas, como la sordera o la falta de visión, siguió trabajando, y publicó ocho libros de poemas. En 1981 salió a la luz La ardilla y la rosa, un libro autobiográfico con el que rendía homenaje a Juan Ramón Jiménez.

Sus poemas traslucen a un alma, conocedora de sus limitaciones y miserias, que busca profundamente a Dios.. Su viacrucis es un retrato de su alma.

En 1989 fue galardonada con el premio Euskadi a la literatura en castellano; en 1990 le concedieron el Prometeo. En 1993 recibió el homenaje del Ateneo de Madrid.

Nunca quiso hablar de política, ni de aquel régimen que la obligó a un largo exilio. Falleció el 27 de marzo de 1999, a los 93 años.

Había escrito: Yo creo que morir es estar/es estarse por fin en lo absoluto/en lo definitivo…/Morir es una rosa/que se nos da de balde//un perfume cuajado/en un amor para siempre.( Cf. José Miguel Cejas: Ernestina de Champourcin http://www.conelpapa.com/quepersigue/opusdei/champourcin.htm 27…)

 2.-SOBRE LA POESÍA DE ERNESTINA DE CHNPOURCIN.

 La poesía de Ernestina de Champourcín es profunda y ligera, suave y contundente: melodiosa. Los versos de Ernestina, son de fácil y agradable lectura, y en ellos supo expresar certeramente la intensa hondura de su alma. Esto hace que su temática sea muy distinta a la de algunos de sus contemporáneos.

En parte de su obra se rememora la poesía de los grandes místicos españoles: Santa Teresa y San Juan de la Cruz; así como la obra de Juan Ramón Jiménez. De hecho, en Presencia a oscuras (1952) utiliza sonetos, décimas, romances y otras estrofas tradicionales de la poesía barroca.

Es muy habitual al hablar de Ernestina de Champourcin como poeta de la Generación del 27, hacer recaer la atención sobre todo en su obra anterior a la guerra. Lo cual lleva inmediatamente a comentar, la radicalidad del cambio, que se produjo en la autora durante el exilio, que la lleva hacia la poesía religiosa.

Pero, en cambio, pocas veces se habla de su última poesía, de la que escribió al regresar a España en la que, para algunos autores está lo mejor de su obra, ya que se trata de una poesía en la que se conjuga la contemplación retrospectiva, la memoria, sin dejar de tener una mirada hacia el futuro afrontado con la lucidez y la valentía de quien se acerca a la muerte.

Es por ello por lo que los expertos consideran que en la obra de Ernestina se pueden ver tres etapas, dos de ellas muy claras. Una primera etapa, la de la poesía del amor humano (1905-1936), que abarca los cuatro libros publicados con anterioridad a la guerra civil. Desde En silencio(1926) hasta Cántico inútil (1936), en los que la autora evoluciona pasando de unos orígenes que podrían calificarse de tardorrománticos y modernistas a una “poesía pura” muy próxima a la de Juan Ramón Jiménez.

La segunda etapa, que se separaría de la anterior por un período de nula producción poética, en los primeros momentos del exilio en México, debidos a la necesidad de mantener una actividad remunerada económicamente; que podría denominarse la de la poesía del amor divino (1936-1974), se inicia con Presencia a oscuras (1952) obra que supone un nuevo tiempo en su poesía.

ERNESTINA ENTREVISTADA DOS AÑOS ANTES DE SU MUERTE.

La temática pasa a centrarse del amor humano al amor divino. Se puede ver que la protagonista de obras como El nombre que me diste… (1960), Cárcel de los sentidos (1964), Haikais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968) y Poemas del ser y del estar (1972),tiene una profunda inquietud religiosa.

Una tercera etapa, la de la poesía del amor sentido (1974-1991), es la que se inicia con la vuelta del exilio, momento en el que surgen nuevas inquietudes en Ernestina: ser capaz de volver a adaptarse a su nueva situación, reencontrarse con lugares al tiempo conocidos e irreconocibles, lo que le hace iniciar una nueva etapa en su poesía, que se caracteriza por la evocación de tiempos y lugares. Los libros finales, como Huyeron todas las islas (1988), son una recapitulación y un epílogo, de una poesía que es a la vez intimista y trascendente. .( Cf. Wikipedia:: Poesía de Ernestina )

 3.-DIOS Y LA FE CRISTIANA EN LA OBRA DE ERNESTINA DE CHAMPOURCI.

 Dada la naturaleza del blog resulta claro que a continuación vamos a ocuparnos de parte de la obra de Ernestina en su segunda etapa, aunque también en la tercera no dejarán aparecer rasgos de la segunda.

En ellos se expresa una sentida vivencia del Dios y de la fe cristiana, que trasmite a quienes los lee detenidamente. Los mismos servirían para mostrar el itinerario espiritual de su autora; dejamos al entendido lector realizar esa tarea, que supera los límites en los que está situado nuestro blog.

4.-PRESENTACIÓN DE ALGUNOS DE SUS POEMAS RELIGIOSOS.

Ya hemos indicado como en la segunda etapa de su obra nuestra autora se ocupó del tema religioso cristiano en su obra, múltiples son los poemas con estas características compilados en varios libros, los arriba referidos y que de nuevo nombramos : Presencia a oscuras (1952) El nombre que me diste… (1960), Cárcel de los sentidos (1964), Haikais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968) y Poemas del ser y del estar (1972.

Presentamos algunos a continuación acompañados de un comentario . Apenas una mínima parte.

 1.- CARTA A SAN JUAN DE LA CRUZ

La fuente mana y corre igual que lo dijiste:

igual que lo aprendí al comenzar mi tiempo.

Y hoy vine a recordarlo en este lugar tuyo,

el único lugar que vive en mi distancia.

La fuente… nuestra fuente. Y esas piedras doradas

y esas torres en fuego. Amor de piedra y sol

encontraste en la ermita,

en el ciprés audaz que acecha lo infinito.

Contemplé la vereda que hollaste tantas veces

para buscarle a Él…

a ese Todo implacable que abrasa y resucita.

Tú no tuviste miedo: miedo a amar desde nada

hasta lo más profundo

. Miedo a dejar de ser por ser enteramente,

a abandonar lo fácil, lo breve, lo mudable.

¡Quién tuviera el valor total que te sostuvo!

Seguir la trayectoria, ajeno ya a uno mismo;

ese arrojo empeñado en no apoyarse en nada,

en caminar a ciegas, tras una llama oscura.

Y ahora en el hechizo de esta luz del poniente

que irradia poco a poco su frialdad en mi cuerpo,

he venido a pasar un minuto contigo,

a recordar de nuevo nuestra amistad ya antigua.

Qué bien hallada estoy, aquí, junto a esta losa

que cubrió tus despojos en tierra segoviana.

Lo que ya no eras tú se detuvo un momento

y busco ansiosamente rescoldos de tu sombra.

¡Lejanía de cúpulas, cimborrios, campanarios!

¡Qué festival de oros amortajando al día!

Mis ojos en la meta que tú y yo conocemos.

Y el ciprés de tu ermita remate de la senda que ya nadie recorre.

¿Por dónde llegarías al dialecto refugio?

¿O es que abriste el atajo con tus propias pisadas?

No supieron decirme de qué lado subiste.

Tú me lo hubieras dicho. —y me lo estás diciendo,

hace ya muchos años.

Si no he llegado aún, la culpa es sólo mía,

porque algo me retuvo en la mitad del monte.

Sin embargo, ya he vuelto: mírame en tu paisaje,

en tu anhelo profundo que yo hice mío siempre.

«¡Apártalos Amado!». -Ir de vuelo soñándole buscándole,

dejando la carne en el camino.

Así llegaste tú. Así llegaré un día:

ese día cercano que nunca será noche.

Enséñame a ir de prisa inventando la ruta.

Carrera contra el tiempo llaman a eso ahora

y carrera de Amor yo bien lo llamaría…

Vuelo corto si voy caminando yo a solas;

vuelo largo, tendido, de alcance inalcanzable,

si como tú me dejo despojar de lo mío y

 Otro vuela por mí inagotablemente.

Tu sepulcro en Segovia. ¡Qué mármoles superfluos te rodean y ciñen?

Pero yo solo he visto

al Amado allí cerca acunándote el sueño:

luz tuya, mía, nuestra, eternamente insomne.

Ernestina de Champourcín Cartas cerradas (1968)  

 SEPULCRO DE SAN JUAN DE LA CRUZ. SEGOVIA.

COMENTARIO.

Lo primero que resalta en el poema son las referencias que Ernestina hace a la vida yo San Juan de la Cruz. Comienza aludiendo al poema de san Juan de la Cruz : “ Que bien sé yo la fonte que mana y corre/ aunque es de noche” de ella dice la poeta : La fuente mana y corre igual que lo dijiste:/igual que lo aprendí al comenzar mi tiempo; sin duda se refiere a la fe recibida desde niña.

De seguido nos sitúa en la ciudad de Segovia. En la carretera de Zamarramala, donde está el convento de los Carmelitas Descalzos.

Caminando por la huerta de los Carmelitas se llega a lo alto de las peñas, donde se dice que había una cueva en la que viviera San Juan de la Cruz y donde se recogía para orar. Delante de aquella cueva, el santo plantó un ciprés: Amor de piedra y sol/encontraste en la ermita, en el ciprés audaz/que acecha lo infinito.

Reseña Ernestina el valor que tuvo el santo para desnudarse del todo de sí y expresa el bienestar que encuentra junto al lugar donde reposan sus huesos, buscando. al menos. la sombra del santo que la conduzca al sendero por donde subió él al Monte.

Al fin y al cabo ya sabía el camino , Si no he llegado aún, la culpa es sólo mía, porque algo me retuvo en la mitad del monte.

Ahora situada en tu paisaje muestra su encendido anhelo de apartar todo aquello que le impida llegar, dice recordando y suplicando con palabras del santo: ¡Apártalos, Amado,/que voy de vuelo!

Para terminar pidiendo al Santo que le ayude a recorrer el camino . con vuelo corto si lo hace ella sola con sus propias fuerzas, con vuelo largo si lo hace dejándose despojar de lo mío y Otro vuela por mí inagotablemente.

2.-DÉCIMA DE LA MUERTE EN DIOS .

Porque me siento morir

y quiero esta muerte mía,

porque temo la agonía

que me queda por vivir,

no me dejes persistir

en esta pobre existencia…

y si atisbo Tu presencia

mientras muero cada día,

¿qué me importa la porfía

de los que ocultan Tu ausencia?

COMENTARIO.

En la décima la poetisa expresa su deseo de morir y es lo que pide a Dios, pues teme que la prolongación de su vida, sin ver a Dios, se convertirá en una agonía diaria, sobre todo si vislumbra su presencia, por más que muchos se afanen en querer seguir viviendo, empecinados en decir que aquí Dios se evidencia. El poema en alguna medida recuerda el vivo sin vivir en mí de santa Teresa.

3.-BÚSCAME EN TI

Búscame en ti. La flecha de mi vida

ha clavado sus rumbos en tu pecho

y esquivo entre tus brazos el acecho

de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida

que abrasaba mi espíritu en barbecho.

El roce de tus manos ha deshecho

la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte

del silencio total. Ávida muerte

donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,

y esta inquietud punzante que ya empieza

a taladrar mi sien con sus latidos.

COMENTARIO.

El soneto es la expresión del ansia de su autora de fundirse en Dios, las flechas que indican la dirección de su vida se orientaron hacia el corazón de Dios donde los diversos rumbos del existir quedan olvidados. Viviendo en Dios todas las vanidades del existir quedan anuladas y dando muerte al hombre viejo que decía san Pablo experimenta el gozo en el silencio total donde renacen unos nuevos sentidos, de los que brota una tristeza e inquietud que anhela, por la, la total fusión con Dios-

4.-CUANDO LLEGUE LA NOCHE

Cuando venga la noche

quiero habértelo dicho; 

quiero haberlo gritado

a través de la tierra.

Hay cosas que no pueden

callarse para siempre

y júbilos secretos

que deshacen un día

los más íntimos nudos.

. Cuando venga la noche

quiero haberlo cantado

para que todos sepan

y todos me pregunten.

Silencio prodigioso

que ahora me florece

como un huerto escondido

en lo claro del alma.

Cuando venga la noche

me encontrará dispuesta,

pues lo habré dado todo.

¡Qué dulzura entregarse

en total holocausto,

a sabiendas del grito

que nos roba la herida!

Cuando llegue la noche

donde todo renace,

diré: ‘Vengo, Señor’, diré…

no diré nada…

pues hará mucho tiempo

que se agotó mi canto

y hará siglos, tal vez,

que sellaste mi boca.

Pero antes de esa noche

déjame que les diga…

Déjame dar a otros la gloria

que me abriste.

Es tan hondo el Amor

y hay tantos que lo aguardan.

Cuando llegue la noche,

quiero haberlo cantado.

COMENTARIO.

En el poema su autora se dirige a Dios diciéndole que cuando llegue la noche, la muerte, quiere decirle a Él y gritar por todo el mundo los gozos ocultos que ha vivido, proclamar que está preparada y dispuesta para que todo el mundo sepa la gloria cuya puerta le han abierto, cantar la hondura del Amor que ella ya ha gozado y que otros muchos aguardan.

5.-NO SÉ CÓMO ME LLAMO

Tú lo sabes, Señor.

Tu conoces el nombre

que hay en Tu corazón

y es solamente mío;

el nombre que Tu amor

me dará para siempre

si respondo a Tu voz.

Pronuncia esa palabra

de júbilo o dolor…

¡Llámame por el nombre

que me diste, Señor!

“El nombre que me diste” (1960)

COMENTARIO.

En el poema habla su autora de que el amor que Dios nos tiene no es un amor genérico, un Dios que ama a todo el mundo, sino un amor personalizado, simbolizado por el nombre propio que Dios le ha dado y que guarda en su corazón : ¡Llámame por el nombre/que me diste, Señor, pues no sé cómo me llamo, no sé yo quien soy yo para ti.

 6.-SÓLO ALLÍ.

 Tú no sabes qué lejos.

¡Nadie sabe qué lejos!

Encima de las nubes, detrás de las estrellas,

al fondo del abismo en que se arroja el día,

sobre el monte invisible donde duerme la luz.

 

Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos

la verdad que tortura nuestras frentes selladas.

Sólo allí se abrirán como flores de aurora

aquellas lentas noches de amor en desvarío.

 

Nuestras manos lo piden tendidas al espacio

en un sordo anhelar que no engendra clamores,

nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas

a las huellas que el viento indómito destroza.

 

El horizonte huye robando a cada hora

la secreta delicia que presagia el milagro.

Hay briznas de prodigio en todos los instantes

y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.

 

Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas.

Palpita en certidumbre la carne de los sueños.

Si acunas la belleza que tu fervor concibe

florecerá en tu muerte su exacta encarnación.

 COMENTARIO.

 Sólo allí, es la proclamación de que tras la muerte encontraremos la plena satisfacción de todos los anhelos humanos: allí la verdad, allí el bien, allí la belleza, allí la inmortalidad.

Ese milagro no es un mero presentimiento : No hay glorias presentidas/ Palpita en certidumbre la carne de los sueños, y aquí anticipadamente hay signos de los que allí se realizará: Hay briznas de prodigio en todos los instantes y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.

 6.-HORA SANTA.

No he venido a consolarte, ni enjugar tus heridas con mis lágrimas

ni a ofrecerte mi pecho como refugio de tu cansancio…

¿Quién soy yo para darte lo que no poseo, para ofrecerte

un amor que no ha logrado encederme todavía?

Es tu hora, lo sé. Tu hora y la de todos aquellos que han

sufrido como Tú sufriste, y que sólo por eso

pretenden acercarse a Ti.

 

Yo he llorado también, Dios mío, y mi soledad es ancha

y profunda, tan ancha que mis ojos no saben

dónde está la otra orilla,

la ribera donde huye el desamparo, donde hay sombras

amigas y un agua fresca, pura,

que con un sorbo apagaría esta sed que me abrasa.

 

Pero no vengo tampoco a pedirte que me sacies y apacigües.

Es justo que muera de sed, es justo que una inquietud más honda que la noche

torture mi alma y la atenace interminablemente.

Es justo…

No me sorprende la angustia que oprime todos los momentos de mi vida,

ni la niebla implacable que entorpece cada uno de mis pasos,

ni ese grumo de acíbar que paraliza mi lengua y le impide gritar el horror que me invade.

Es justo. Lo sabemos Tú y yo sin decirlo…

 

No vengo a suplicarte que levantes el peso que lastima mis hombros,

que hagas florecer bajo mis pies las rocas,

que me allanes la senda aceptando de nuevo la carga que me abruma.

Vengo a estar a tus pies, a mirarte despacio, a ser bajo tus ojos…

 

Y me postro a la entrada del camino que lleva hacia Ti…

Y espero silenciosamente, obstinadamente, sujetando mis sentidos y mis potencias

para que todo lo mío desaparezca, para que donde estás Tú nada se atreva a existir, a alentar, a afirmarse.

 

Y por eso, Dios mío, quiero negarme con todas mis fuerzas a hablarte, a sentirte;

porque sería sentirme y hablarme, cuando todo lo mío debe tender a humillarse, a romperse,

a quebrantar sin miedo en mi alma y en mí espíritu lo propio, lo personal, lo que me aleja de Ti.

 

Y si tengo paciencia obrarás el milagro. Si consigo no resistir, no oponerme, no luchar, obtendré la victoria.

Vencerás Tú, Señor y Dios mío; permanecerás Tú; y mi viejo ser, devorado por tu presencia,

pasará de esta nada que soy a esa eternidad que eres Tú.

Soy un agua sin cauce. Deténme en tu pozo. Cíñeme en tus lisas paredes invisibles, conténme en Ti. Aprisióname.

¿Para qué quiero esta libertad que me aleja de Ti, que eres la libertad verdadera?

Todos los yugos que he roto me han sujetado más estrechamente a mí misma haciéndome mi propia esclava,

subordinándome a mis más íntimos desórdenes, a mis más ocultas contradicciones.

Si ruego, si suplico, si imploro, vuelvo a sentirme, a evadirme de Ti, de tu ámbito, de tu presencia.

 

Por eso heme aquí en tierra, inmóvil, sin voluntad, en un esfuerzo de donación completa y absoluta.

Acéptame, Señor, abrásame para que renazca verdaderamente y eternamente en Ti…

 COMENTARIO.

 La autora va buscando su Hora similar a la hora de Jesús: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;… Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.( Cf. Filipenses 2,6-11).

Busca su anonadamiento: Por eso heme aquí en tierra, inmóvil, sin voluntad, en un esfuerzo de donación completa y absoluta.

Acéptame, Señor, abrásame para que renazca verdaderamente y eternamente en Ti…

 7.-VIA CRUCIS.

 1.-Jesús es condenado a muerte

No tengo palabras que decirte… Serían inútiles y me asusta lastimarte de nuevo. Voy a condenarme yo misma contigo, pues sólo quien acepta la sentencia que tú sufriste obtendrá la gracia de seguir tus huellas, de morir a sí mismo y contigo, de resucitar en Ti.

Fuiste condenado a muerte para que aprendiéramos a aceptar nuestro destino. Enséñanos a seguirte, a no apartarnos un momento de tu senda, a morir poco a poco a tu lado.

2.-Jesús es cargado con la Cruz

Sea mi Cruz la que Tú me escogiste. Quiero recibirla de tus manos, que me darán también fuerza para sostenerla, júbilo para ocultarla y amor para sonreír bajo su peso, como si llevase en mis hombros un rosal perfumado.

No temo el dolor porque Tú vas delante de mí. Tus pies liman las asperezas del camino y señalan el atajo por donde Tú pasaste, la ruta inefable que te condujo a la gloria del Padre y que dejaste abierta para todos. ¡Sea nuestra Cruz, Señor, la que Tú has dispuesto!

3.-Primera caída

¿Qué piedra te detiene? ¿Qué obstáculo te hace tropezar a Ti, decidido a apurar el cáliz hasta la última hez? Caíste abrumado por un peso más grande que el de esa cruz, un peso agobiante, implacable. Toda la humanidad sobre tus hombros frágiles, consumiéndolos, despojándolos de su energía.

Y hay un momento en que la tierra áspera es un alivio para tus sienes que laten descompasadas; un momento en que el polvo, más compasivo que los hombres, restaña tu sudor y tu sangre.

Aquel suelo agrietado debió de esponjarse dulcemente al recibirte, soñando ser, para Ti, una mullida y fragante pradera.

4.-A María en su encuentro con Jesús

Tu llanto silencioso cae lentamente, apretadamente -grueso rocío nocturno, sin revolar de pájaros ni temblor de frondas-, lágrima desesperada porque sabe que se romperá sin remedio sobre unas rocas áridas, y que no va a florecer…

No puedes acunar tu dolor con tus sueños, no con ilusiones. Conoces el fin hasta su terror último y vas a él, te ofreces a él, vulnerable, desnuda, echando el apoyo pueril del clamor, del grito, de la compasión ajena. Y entre lágrima y lágrima tienes los ojos secos, ardientes, encendidos por una llama que te obliga a mirar, a desgarrarte y sufrir.

Hay quien habla de tus siete dolores. ¿Qué saben ellos? Eres todo el dolor, la suprema amargura, eres el Amor que sabe compartir, compadecer y callar.

5.-El cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

¿Hay acaso alguna cruz que pueda llevarse a medias? El leño que no pesa, el que no incrusta sus aristas profundamente en los hombres, el que no lastima el cuerpo y el alma hasta en las vetas más hondas, no merece el nombre de cruz. Por eso yo sé muy bien que si aceptaste aquel ademán no fue por Ti, fue sólo por nosotros. Para ayudarnos dándonos el júbilo inmenso de querer ayudarte…

Y si nos tiendes la cruz no es porque no puedas con ella; es, al contrario, porque sólo seremos capaces de sostenerla si nos viene de tus manos, si la recibimos como una prenda inefable de tu amor y del nuestro… Trueque de cruces. Nupcias tuyas, nuestras, con el dolor.

6.-La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Quisiera mirarte en silencio y hora tras hora, incansablemente, absorbiendo en mí la luz y la realidad de tu rostro. Mirarte sin que nada interrumpa mi contemplación, ni una idea, ni un sentimiento…

Sin que ninguna imagen que no seas Tú ocupe el paisaje de mi mente.

Enjugarte el dolor sin un solo gesto, con el ansia de mi corazón enamorado, con la pureza de mi deseo que no se atreve a buscar su expresión para que ni siquiera un hálito lo empañe…

Grabarte en mí como un espejo para que todo lo que no seas Tú resbale sobre tu imagen y se desvanezca. Para que sólo Tú quedes victorioso en mí.

7.-. Segunda caída

Caíste de nuevo como un tronco al que no pudo abatir el leñador de un primer golpe. Te veo en tierra y me invade, junto a una piedad infinita, una confianza inefable, que hace reposar de dulzura mi corazón.

Al contemplarte siento que, aunque yo caiga otra vez, mil veces, Tú estarás a mi lado y que, con tu auxilio, podré levantarme siempre, alzar los ojos a Ti y, al encontrar los tuyos, bañarme en tus pupilas, dejar en ellas el polvo del camino, recobrar la antigua pureza, renacer amparada por tu misericordia, por tu paciencia, acogerme a esa mansedumbre que nos rinde a tus plantas y nos entrega a ti sin remedio.

8.-Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

¡Que el otoño no siegue nuestras hojas, Señor! Queremos ser, como Tú, leña verde, fragante, derramando savia. Que el hacha del sufrimiento, al desgajarnos, se impregne de aromas. Danos a raudales la vida de tu gracia, para que no escuchemos jamás de tus labios la maldición de la higuera.

¿Y qué fruto puede brotar de nuestras ramas sin tu ayuda y apoyo? Haz que lloremos por Ti hacia adentro, sin lágrimas, con un dolor verdadero que trascienda a todos nuestros actos y nos redima de llorar más tarde sobre la propia muerte.

9.-Tercera caída

Sólo le faltan unos pasos, muy pocos… Pero, ¿quién no desfallece al último momento, cuando todo en nuestro mundo parece inmovilizarse, concentrándose en torno al sacrificio? Ya no hay manera de volver atrás, de poseer nuevamente aquello a lo que se ha renunciado.

El universo entero retrocede, nos abandona. Estamos solos a orillas de algo implacable, desconocido, cruel; y antes de ofrecernos, de dejarnos devorar voluntariamente, lanzamos un postrer clamor.

Pero Tú no gritas, no protestas. La ofrenda viva de tu cuerpo se ha consumado ya y permaneces en tierra, vacío de Ti mismo, dispuesto a no ser para que nosotros seamos, a abrirnos la senda de la recuperación y del amor.

10.-Jesús es despojado de sus vestiduras

Algo ampara tu desnudez de la violencia… Te yergues sobre todos como un rayo de luz, como un haz intacto de secretos resplandores. Tu pureza irradia tu blancura entre la suciedad, la traición, las mezquindades. Te alzas como una antorcha alumbrando la senda para los que quieren aún seguirte. Y entre tantos rostros que deforman la ira, el odio o la codicia, eres, indefenso, salpicado de injurias, el único signo de paz. ¡Blancura de tu frente ensangrentada, de tu cuerpo herido! Límpianos, Señor, con tu mirada, purifica hasta el último rincón de nuestras mentes, grábate en ellas, desnudo, silencioso, intocado…

11.-Jesús es clavado en la cruz

¡Clávanos en la cruz de tu voluntad! Un clavo para cada sentido, cada pasión, cada deseo… ¡si supiéramos tendernos inmóviles sobre ese lecho donde Tú te tendiste, abriendo los brazos en un ademán de amor absoluto…!

Pero siempre frustramos tu generosidad con nuestra obligación o nuestras inquietudes. Queremos amarte a nuestro modo, sufrir a nuestro gusto, como si el dolor y la propia satisfacción fueran compatibles… Como si Tú hubieras elegido… Ofreciste al verdugo tus pies, tus manos, todo tu cuerpo y, primero que nada, tu Corazón…

¿Pues qué valen todos los martirios si el corazón se escuda y esquiva? Que el primer martillazo nos caiga en mitad del pecho derribándonos sin piedad, totalmente. Rendirse a Tu merced es rendirte, hacernos tuyos, para que seas nuestro.

12.-Jesús muere en la Cruz

Muerte victoriosa la tuya. Pero el triunfo derramado en tus venas se ocultaba celosamente, y para los que te vieron eran sólo un despojo humano, unos restos inútiles… Dios sin vida para hacernos vivir. Dejaste de alentar para infundirnos aliento.

Te sometiste al abandono, a la traición, al desamparo, para que cifremos nuestra dicha en sentirnos abandonados, traicionados, desvalidos. Y nuestra desconfianza es tan grande que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la posibilidad de morir.

No olvidemos que, en tu muerte, nos abriste las puertas de Ti mismo y la mansión de tu amor.

13.- A María, con Jesús muerto en los brazos

Era tu carne, tu sangre deshecha, martirizada; tu vida y la de Dios; tu gloria y la del Cielo. Y de todo solamente quedaba en tus brazos un cadáver maltrecho, una frialdad incontenible que te iba invadiendo inexorablemente.

Y en ese momento concedido a las tinieblas empezabas a ser nuestra Madre, a cobijarnos en el regazo de tu dolor. Y por eso tus lágrimas no acabarían de caer nunca. Se te cuajaron al presentir que te necesitábamos, que no dejarías nunca de ser madre, que tu maternidad prodigiosa se ensanchaba, floreciéndote nuevamente los senos, ¡oh redentora de los redimidos!

14.- Jesús es sepultado

Y nos llamas ahora desde esa piedra que te ciña, aislándote por un breve plazo de todo. Porque para resucitar contigo hay que sepultarse primero enterrar hondo los gritos de la carne, seguirte en tu pasión y hasta tu muerte.

Y saber que estás ahí, aunque no te sienta, aunque nos falte tu sombra, tu contigüidad, tu recuerdo. Danos la fe que resiste a todas las tentaciones, que no se quebranta aunque el mundo entero se alce contra ella, esa fe que surca los mares y traspasa los montes, porque sabe muy bien que, al marcharte, permaneciste entre nosotros…

“Presencia a oscuras”, 1952.

 COMENTARIO.

 Catorce oraciones a Jesús en su camino hacia la cruz, de una discípula enamorada.

 SAN QUIZÁS TAMBIÉN LE INTERESE DEL BLOG: JUAN DE LA CRUZ.

quijotediscipulo

 1.-quijotediscipulo, ó ¿ Don Quijote predicador y teólogo ?es también el autor  de los siguientes blogs, todo ellos en wordpres.com

 sanchoamigo ó Sancho Gobernador de una Ínsula.

 elcuradellugar ó La Religión en el Quijote

 elcaballerodelverdegaban ó Dios y la CARRASCO.

 Lo mejor al buscar poned título y subtítulo del blog.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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