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DE AZOR AZORIN PEQUEÑITO.

AZORÍN DE LA FE CRISTIANA INFANTIL A LA FE FIRME, LIMPIA Y ORTODOXA, PASANDO POR EL ANARQUISMO.

 1.-Reseña biográfica,

2.-Su obra.

2.-1.-Azorín y la generación del 98.

2,.2.-.-Azorín y su estilo en prosa.

3.-La Religión en la vida y obra de Azorín.

 1.-RESEÑA BIOGRÁFICA.

 José Martínez Ruíz, apodado “Azorín”, era conocido en su casa como Pepe. Nace el ocho de junio de 1873 en el pueblo de Monóvar, Alicante; es el primogénito de nueve hermanos.

Su padre era abogado y un político conservador que llegó a ser alcalde de su pueblo; su   madre era una terrateniente local. Ambos progenitores eran personas religiosas y cultas.

Pepe fue un niño solitario al que gustaba mucho la lectura.  Estudia en el internado de los Padres Escolapios en Yecla, Murcia, donde permanece ocho años.

La distancia de su madre y el estricto ambiente de estudio no deja buenos recuerdos en el niño,  tal y como él mismo relata, años después, en Memorias inmemoriales.

 

CASA MUSEO DE AZORÍN EN MONOVAR.ALICANTE, ESPAÑA.    

Cursa la carrera de Derecho en Valencia pero, en lugar de estudiar, se dedica a asistir a tertulias de café, interesándose por la literatura y la política. Centra su interés en las lecturas sobre el krausismo, un movimiento orientado a la renovación de la vida nacional a través de la enseñanza, y el anarquismo.        Los primeros textos que escribe son artículos periodísticos que publica bajo diversos seudónimos en periódicos de la región valenciana. Redacta también artículos de crítica teatral, centrando su interés en los de marcada crítica social.

En sus años universitarios hace traducciones del francés, de obras de teatro y de escritos anarquistas.Con el bagaje político que va acumulando, publica dos ensayos sobre las principales teorías anarquistas.

Nunca llegó a finalizar la carrera, a pesar de presentarse a exámenes en varias universidades.

       En 1896 viaja a Madrid con una recomendación de un periodista consagrado, Luis Bonafoux, que le permite incorporarse como colaborador fijo del diario El País, empleo que perderá al año siguiente. 

Decide entonces colaborar con distintos medios de prensa de ideología republicana. Publica artículos muy polémicos, de ideología ácrata, que le brindan una cierta reputación.

Son años de vida bohemia en los que conoce a Ramiro de Maeztu y a Pío Baroja con los que constituye el autodenominado Grupo de los Tres, nombre con el que publican conjuntamente un artículo en la revista Juventud.

A partir de 1902 publica una trilogía de novelas de carácter autobiográfico: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo. Adquiere entonces una reputación como escritor. A partir de 1904 escribirá con el seudónimo Azorín.

A partir de 1907 es diputado del Partido Conservador en cinco legislaturas, ocupando también el cargo de Subsecretario -segundo responsable, inmediatamente detrás del ministro- en el Ministerio de Instrucción Pública.

En 1908 se casa con Julia Guinda Urzanqui, con la que no tendrá hijos.              Su éxito profesional y su nueva situación familiar fueron acompañados de un giro radical en su ideario y en actuación política. Comienza escribir en el periódico monárquico ABC, con el que colaborará durante el resto de su vida, poniéndose a las órdenes de los dos líderes conservadores a quien tanto había criticado: Antonio Maura y Juan de la Cierva.

Durante esta etapa de activismo político comienza viaja por los diversos pueblos de España.

REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA.

En 1913 es rechazada su candidatura a la Academia de la Lengua; decisión que motivó que se le hiciera un homenaje de desagravio en Aranjuez, Madrid,  al que asistieron, entre otros José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez y Pío Baroja. Finalmente, en 1924  será admitido en la Real Academia.

Los años de la Dictadura de Primo de Rivera supusieron el final de su carrera política ya que Azorín se negó a colaborar con el nuevo régimen y se dedicó al periodismo de viajes y a la redacción de ensayos sobre personajes clásicos de la literatura, y a escribir obras de teatro, un género para el que había una gran demanda.

la Segunda República se mantuvo alejado de la política activa y continuó colaborando con el diario ABC.

El comienzo de la Guerra de 1936 le sorprende en Madrid, desde donde escapa a Francia. Se instala en París y allí pasará la mayor parte de la guerra.

Al finalizar la guerra vuelve a Madrid y retoma su colaboración con el periódico ABC. Después de un rechazo inicial, por parte de los falangistas que no le le vayan incluyendo en el grupo de intelectuales del régimen,  acercamiento que se acabaría traduciendo en varios premios y condecoraciones.

Durante esta etapa escribió profundas reflexiones sobre España que plasma en títulos como Pensando en España (1940) y Sintiendo España (1942).

Se convirtió en el máximo representante de la Generación del 98, movimiento literario que él definió.. En 1946 se le otorgó la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

Azorín falleció el 2 de marzo de 1967 en Madrid. Cf.. www.modernismo98y14.com/biografia-azorin.html

2.-SU OBRA.

 1.-2.-AZORÍN Y LA GENERACIÓN DEL 98.

 Azorín es una de las principales figuras de la generación del 98, de su núcleo más estricto: junto con Baroja y Maeztu fue uno de “Los Tres”. En 1893 publicó ya un folleto, La crítica literaria en España, con el seudónimo de “Cándido”; en 1894, con el seudónimo “Ahrimán”, su primer libro: “Buscapiés”.

Sus ideas sobre España son las del 98. Primero ataca a la tradición española. Pero luego se esforzó por comprender y valorar la tradición nacional. Pronto abandona la idea de la europeización de España típica de los regeneracionistas. En esto es como Unamuno, que postulaba una “iberización de Europa”, pero exigirá, contra Unamuno “un lazo sutil que nos una a Europa”.

Su figura madura de escritor, se inicia en 1900 con “El alma castellana” y en 1901 con la tragicomedia “La fuerza del amor”; dos obras en que se inicia en el arte de revivir los clásicos españoles, una de las dimensiones esenciales de la obra de Azorín.

Poco después surge el otro gran tema: la realidad de España, en su paisaje, en sus ciudades, en sus personajes de hoy. Antonio Azorín es el protagonista de “La voluntad” (1902) y “Antonio Azorín” (1903). En “Las confesiones de un pequeño filósofo” aparece el mundo de su infancia; en “Los pueblos”, el dolor y la ternura de la tierra española.

Ya es Azorín quien firma, identificado con su personaje, desde 1904. Durante veinte años va escribiendo algunos de los libros más entrañables de la literatura española: “La ruta de Don Quijote”, “España”, “Lecturas españolas”, “Castilla“, “Clásicos y modernos”, “Los valores literarios”, “Al margen de los clásicos”, “El licenciado Vidriera”, “Rivas y Larra”, “Un pueblecito: Riofrío de Ávila”, “El paisaje de España visto por los españoles”, “Fantasías y devaneos”, “Los dos Luises y otros ensayos”, “Don Juan”, “De Granada a Castelar”, “Una hora de España” y “Doña Inés”.

A partir de 1925 se inicia una crisis en la obra de Azorín. En el decenio siguiente publica una serie de “nuevas obras” definidas por la tendencia del momento, lo que Ortega denominó la “deshumanización del arte”: “Félix Vargas”, posteriormente titulado “El caballero inactual”, “Blanco en azul”, “Superrealismo“.

También cultiva el teatro: “Old Spain”, “Brandy, mucho brandy”, “Comedia del Arte”, “El clamor”, “Angelita”, “Cervantes o la casa encantada” y “La guerrilla”. Este período, de cierta vacilación, termina con la Guerra Civil.

Después de la Guerra Civil , Azorín se aproxima de nuevo a su estilo tradicional, sin dejar de buscar e innovar, con una tendencia creciente a la tenuidad narrativa y de la expresión.

Entre sus mejores libros de los últimos veinte años se cuentan: “Españoles en París, Valencia, Madrid”, “El escritor”, “Cavilar y contar”, “El enfermo”, “María Fontán”, “Salvadora de Olbena”, “París”, “Memorias inmemoriales”, “Con permiso de los cervantistas”, “Con Cervantes”, “Con bandera de Francia”, “El cine y el momento”, “Pasos quedos”, “Agenda”, “Ejercicios de castellano”. Por otra parte, se han publicado numerosos volúmenes de su labor de articulista, una edición de “Obras selectas” y unas “Obras completas”.

No podemos olvidar hablando de la obra de Azorín sus numerosos cuentos. A la primera época de José Martínez Ruiz, cuando éste firmaba con su nombre y apellidos, tras haber utilizado los seudónimos de Cándido y Ahriman, y antes de popularizar el de Azorín, pertenece su primer libro de cuentos, Bohemia (1897).

La verdad es que con Bohemia Martínez Ruiz no había encontrado aún el camino del cuento, descubierto en 1929 con Blanco en azul. Con posterioridad aparecieron otras colecciones de relatos: Españoles en París (1939), Pensando en España (1940), Cavilar y contar (1942), Sintiendo a España (1942) y la colección de Cuentos, publicada por Afrodisio Aguado en 1956.

Quedan fuera de esta lista los muchos cuentos azorinianos dispersos por revistas y periódicos como Blanco y Negro, La Prensa, de Buenos Aires, etc. Y si a tales narraciones añadimos aquellas páginas de Azorín -en Castilla, Los pueblos, etc.- que, de hecho, equivalen a cuentos o se acercan mucho a tal especie, podremos llegar a la conclusión de que Martínez Ruiz ha sido uno de los más fecundos cultivadores del cuento en nuestra literatura, tras los precedentes de un Clarín o una Pardo Bazán.

Con razón decía Azorín en un artículo («El arte del cuento», publicado el 17 de enero de 1944 en ABC) que llevaba escritos «más de cuatrocientos cuentos», a la par que reconocía cómo «el hábito facilita la gestación». El hecho de que, en 1956, utilizara Azorín dicho artículo como «Prólogo» para una colección de sus Cuentos (presentado aquí con el título de La Estética del Cuento), revela hasta qué punto el autor concedió importancia a esas páginas periodísticas.

Junto a ellas cabría citar algunas otras que servirían para darnos una imagen de lo que Azorín entendía por cuento. Así, ya en 1939 y en la colección Españoles en París aparece un relato, el titulado «Un cartujo en París», en el que Azorín da por primera vez, que yo sepa una definición (mejor, una equivalencia) del cuento. ( Cf. Los cuentos de Azorín – Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). (Cf.www.rinconcastellano.com/sigloxx/azorin.html).

 2.-2.- AZORÍN Y SU ESTILO EN PROSA.

 Azorín tanteó la totalidad de los géneros literarios en prosa. Es crítico, ensayista, periodista, viajero, novelista, dramaturgo y memorialista.

Azorín introdujo un estilo nuevo y vigoroso en la prosa española. La meta de Azorín es percibir “lo substantivo de la vida” a través del detalle, del pormenor. Su interés gravita no en los grandes hechos espectaculares, sino en lo nimio, lo minucioso e insignificante, que por sernos habitual nos pasa desapercibido. Pero no cultiva un realismo fotográfico, sino que busca la profunda significación del detalle en casa cosa.

Es su técnica impresionista: buscar a través de la sensación la íntima realidad de las cosas. Por eso sus descripciones están animadas de tierna emoción y de delicadeza.

Sencillez, claridad y precisión son las cualidades principales de su estilo. Su estilo es sencillo, sin las vaguedades grandilocuentes del XIX. Tiene gran expresividad y exactitud. Su estilo tiene fluidez y límpida trasparencia.

La elegancia es la sencillez. No seamos afectados. Los hechos narrados sencillamente llegan más a nuestra sensibilidad que los grandes superlativos. Colocad una cosa después de otra. Nada más y nada menos. Esto es todo. Cf,hispanoteca.eu/Literatura%20española/…/Azorín-Vida%20y%20obras

3.-LA RELIGIÓN EN LA VIDA Y OBRA DE AZORÍN.

 Nuestro autor que como hemos visto en su biografía y en su obra evolucionó a lo largo de su existencia tanto en sus ideas sociales, filosóficas y políticas, tuvo a su vez una evolución en su actitud ante la religión.

Sus padres, especialmente su madre, fueron personas religiosas, Azorín recibió su primera enseñanza durante ocho años en los Padres Escolapios.

SANTA TERESA DE JESÚS.

En 1900 –cuando todavía no firmaba sus escritos con el pseudónimo que le dio fama universal– hablará  por primera  vez de Santa Teresa de Jesús.

En su libro El alma castellana, cuando Azorín habla de los conventos, lanza la interrogación “¿Hay espíritu más enérgico e indomable que el de la mujer de Ávila?”. Esta pregunta es el colofón que ejemplifica su tesis de que “las almas más enérgicas, más grandes, más españolas de los siglos pasados están en los conventos… Todo el genio de la raza está aquí. No es inactivo, silencioso y absorto en los grandes claustros solitarios el misticismo español; es religión batalladora, inquieta, andariega, proselitista… Mantiene perpetua batalla contra las pompas y lacerías del mundo”.

Y, en fin, en su artículo Beato Juan de Ávila, tras enumerar a los santos españoles más universales, argumenta que “España ha sido grande por sus santos. No se puede decir que España no alcanzó en lo pasado el grado supremo de esplendor. Quisiéramos que se nos dijera si la sensibilidad humana puede llegar más alto que el grado a que llegó en [en el alma de] Santa Teresa”.

Pasaría después por un periodo en el que muestra sus simpatías con la doctrina anarquista llegando a   publicar dos ensayos sobre las principales teorías anarquistas.

EL CRISTO NUEVO DE AZORÍN

En 1902 Martínez Ruiz publica su parábola anarquista “El Cristo Nuevo a imitación de otros autores de la generación del 98 que no quieren saber nada de la Iglesia y centran su mirada en Cristo, para hacer de él un zelote revolucionario.

            EL CRISTO NUEVO, DICE ASÍ:

El Cristo descendió de su cruz y dijo a los creyentes que oraban de rodillas ante él:

– Hijos míos, sois unos imbéciles. Hace diecinueve siglos que predije la paz, y la paz no se ha hecho. Predije el amor y continúa la guerra entre vosotros; abominé de los bienes terrenos y os afanáis por amontonar riquezas. Dije que todos sois hermanos y os tratáis como enemigos.

Hay entre vosotros tiranos y hay gentes que se dedican a esclavizar. Los primeros son malvados; los segundos, idiotas. Sin la pasividad de éstos, no existirían aquéllos. Grande es la crueldad de los unos; mayor la resignación de los otros.

¿Por qué sufrir en silencio cuando se tiene la fuerza del número… del derecho? No fue éste el espíritu de mis predicaciones; vosotros, los republicanos de la religión, la habéis falseado.

Yo vi el origen del mal en la autoridad y en su órgano el Estado, y por eso me persiguieron. Desconocí el poder de los Césares, como atentatorio a la libertad humana, y por eso perecí en la cruz. Uno de mis más amados discípulos, Ernesto Renan, ha dicho que yo fui un anarquista.

Si ser anarquista es ser partidario del amor universal, destructor de todo poder, persiguiendo toda ley, declaro que fui anarquista.

No quiero que unos hombres gobiernen a otros hombres; quiero que todos seáis iguales. No quiero que trabajen unos y que otros, en la holganza, consuman lo producido; quiero que trabajéis todos. No quiero que hay Estados ni Códigos, ni ejércitos, ni propiedad, ni familia; que todos os tengáis tan grande amor que no necesitéis ni verdugos ni jueces; que miréis como hijos vuestros a todos los niños y como esposas a todas las mujeres; que seáis una gran familia, sana y laboriosa.

¿Por qué no lo hacéis así, hijos míos? ¿Por qué sois tan malvados que os complacéis en destrozaros?

La tierra es grande y fecunda; los campos producen lo necesario para que todos viváis; la mecánica ha llegado a tan maravilloso grado de perfección que aplicando sus descubrimientos y los de la higiene a las fábricas y a las minas, el trabajo trocaríase de penosa tarea en alegre entretenimiento.

Entonces trabajaríais todos como todos tenéis gusto de disfrutar los placeres de un deporte, y en tres horas de ese trabajo alegre y voluntario recibiríais los múltiples menesteres de la vida social, que hoy reciben unos cuantos.

No habría entonces ni explotadores ni explotados, no habría señores ni vasallos, no habría monarcas y súbditos. Con la propiedad desaparecería la sed de la riqueza, el afán del lucro, la eterna rivalidad entre los pueblos, el asesinato lento en el taller insalubre de millones de hombres. No padecería la mujer, sin la autoridad del esposo, la tiranía que al presente padece. No sería el amor fórmula hipócrita sancionada por la Iglesia o el Estado; sería pasión espontánea o voluntaria. No sería esclavitud de la mujer al hombre, porque tan libre y dueña de la tierra como aquél sería ésta, y para nada tendría que preocuparse del porvenir de los hijos; no cometería tampoco nadie la ligereza de jurar amor eterno, como si el amor dependiese de la voluntad y de él se pudiese responder libremente. No habría naciones diferentes; los ríos y las montañas no servirían de barrera para que los hombres dejasen de ser hermanos, las fronteras que hoy separan los pueblos no serían motivo para que se hiciesen cruda guerra.

Lo que hoy reputáis injusto para unos y justo para otros, sería igualmente dañoso para todos. El asesinato sería un crimen y lo sería también la guerra; sería condenable la mentira de que usáis en los tratos de pueblo a pueblo, tanto como hoy es aplaudida. La moral sería la misma para todos y no se alteraría su esencia ni su forma con la diversidad de razas y de países. No cometeríamos la inhumanidad de encerrar al delincuente en una prisión, como si con ello pudierais enmendar la falta que es imputable a vosotros y no a él. Al desgraciado que realizase un acto inmoral le trataríais como a un enfermo, y no agravaríais su mal privándole de la libertad, don el más preciado entre los hombres.

Si desaparecieran las causas del crimen, ¿no desaparecería el criminal? ¿Habría rapiñas sin propiedad? ¿Habría celos sin el monopolio de una mujer? ¿Habría rencillas por el poder sin el poder? Hijos míos, ¿por qué sois tan imbéciles? ¿Por qué sois tiranos los unos y resignados los otros? Sacudid el yugo los que sufrís la tiranía; destruid la opresión los que vivís esclavizados. Con vosotros, los obreros, está la fuerza, vosotros sois el mayor número. Si agonizáis en las fábricas es porque no tenéis la entereza de hacer saber vuestro derecho. Levántate, levántate, hijo mío. No es de los tiempos que corren la oración; no es esta época de lucha la resignación mística. Me habéis injuriado gravemente, habéis disfrazado mis doctrinas. No legitiméis con mi nombre la explotación. Los que mantienen gobiernos y soldados no son mis discípulos. ¡Levántate y lucha! José Martínez Ruiz, Azorín.

En su novela La voluntad, toca bastante directamente el tema de la religión. La novela tiene un prólogo en el que cuenta la construcción en el siglo XIX de una iglesia en Yecla, esta iglesia aparece luego en toda la novela.

El prólogo hace referencia al hecho de que los pueblos han levantado siempre templos como expresión de su fe religiosa .

Al finalizar el prólogo la novela comienza con estas palabras: “A lo lejos, una campana toca lenta, pausada, melancólica.”

            La tesis que defiende en la novela Azorín es que la religión siempre y en todo lugar y en concreto en Yecla y en España   es una fuente de oscuridad y de tiniebla. La luz hay que buscarla fuera de la Iglesia .

Cuando Azorín va a visitar los monumentos “siente algo como una intensa voluptuosidad estética ante el espectáculo de un catolicismo trágico, practicado por una multitud austera, en un pueblo tétrico …” y que “algo como el espíritu del catolicismo español, tan austero, tan simple, tan sombrío; algo como el alma de nuestros místicos inflexibles; algo como la fe de un pueblo ingenuo y fervoroso, se respira en este ámbito pobre”

            Como escribe Amorós (1968: 353), Mdnez Ruiz parece querer decimos con su novela La voluntad que debemos “procurar obtener una cultura laica y una historia que, de ahora en adelante, no repose sobre los ‘fundamentos divinales’

Eso será lo mejor, a la vez, para la cultura, para la Iglesia y para los hombres españoles, creyentes o no”. De lo contrario seguirá habiendo pueblos tristes y católicos, en los que no exista más voluntad que la que la Iglesia, dominadora, haya impuesto, especialmente en el pueblo sencillo, los labriegos ignorantes entregándose al cumplimiento de los mandamientos que la iglesia les impone, destruyendo la propia voluntad del pueblo.

En la novela resuena sin duda la inquina de Friedrich Nietzsche contra el cristianismo y la monotonía del eterno retorno, que se muestra en los toques de las campanas al amanecer al medio día y a la noche , en los rezos, las procesiones, las festividades … todo igual y siempre lo mismo que vuelve incesantemente.

LOS DISCIPULOS DE EMAUS DE REMBRANT. MUSEO DEL LOUVRE. PARIS.

En Algunos de sus cuentos aparecen personajes de la Biblia: Rebeca en Paris, Jacob, Isaac, Tobias en Paris. En Emaús y en París, éste último sugerido por la contemplación de un cuadro de Rembrand en el Louvre, así como otro de Poussin le sugirieron hablar de los personajes públicos.

Más el tratamiento de estos personajes son una especie de reactivación de lo que Azorín considera mitos bien clásicos y bíblicos en los que aparece de nuevo la idea del tiempo como vuelta y repetición de un movimiento circular.

GRAN CRUZ DE LA ORDEN CIVIL DE ALFONSO X EL SABIO.

Azorín al final de la guerra civil volvió a España, no sin antes replantearse esta vuelta, “porque las cosas e ideas habían cambiado, ¿ seré bien recibido ? ¿ no seré considerado como un extranjero?

Y en verdad que en sus comienzos no dejó de ser rechazado por el régimen hasta que al final fue reconocido llegando a recibir en 1946 se la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.            T

También al final de su vida habló de su catolicismo  al que caliifico de “firme, limpio tranquilo y ortodoxo”

Así a grandes rasgos fue la evolución de la religión en la obra de Azorín, no sabemos cual fue la evolución interior.

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quijotediscipulo.

 1.-quijotediscipulo, ó ¿ Don Quijote predicador y teólogo ?es también el autor  de los siguientes blogs, todo ellos en wordpres.com

 sanchoamigo ó Sancho Gobernador de una Ínsula.

 elcuradellugar ó La Religión en el Quijote

 elcaballerodelverdegaban ó Dios y la Fe cristiana en los escritores de lengua castellana a través de los tiempos.

 elbachiller ó EL BACHILLER SANSÓN CARRASCO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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