You are currently browsing the category archive for the ‘33.-Gabriel y Galán un poeta de la Generación del 98 interpreste del pueblo.’ category.

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN UN POETA DEL 98 INTERPRETE DEL PUEBLO.

 1.-Reseña biográfica.

2.-Su obra literaria.

3.- Dios y la fe cristiana en la obra de Gabriel y Galán.Transcripción de algunos de sus Poemas. 

4.- El lugar de Gabriel y Galán en el cuadro de los poetas castellanos.

 FRADES DE LA SIERRA 1950. SALAMANCA. ESPAÑA.

 1.-RESEÑA BIOGRÁFICA.

 José María Gabriel y Galán nació el 28 de junio de 1870 en Frades de la Sierra, pequeño pueblo de la provincia de Salamanca .

Sus padres se dedicaban al cultivo de la tierra y la ganadería en terrenos de supropiedad, dos de las producciones típicas del campo charro salmantino.

Su infancia la pasa en su pueblo natal y allí en su escuela aprende las primeras letras. A los 15 años se traslada a la capital, Salamanca, donde prosigue sus estudios. Para no cargar más la economía familiar, se buscó un trabajo en un almacén de tejidos que alternaba con sus estudios

En 1888 obtiene el título de maestro de escuela y es destinado al pueblo de Guijuelo, distante 20 Km. de su pueblo natal.

Tras una corta estancia en la escuela de este pueblo, se traslada a Madrid para estudiar en la Escuela Normal Central. En la capital de España reside por poco tiempo, pues esta ciudad cosmopolita despierta en José María un cierto rechazo.

CASA DE GABRIEL Y GALÁN EN PIEDRAHITA. ÁVILA . ESPAÑA.

Después, su nuevo destino de maestro de escuela es a Piedrahita, (Ávila).

José María Gabriel y Galán se iba perfilando como un muchacho triste, melancólico y muy sensible y atento al mundo que le rodeaba. De convicciones profundamente religiosas recibidas de su madre, doña Bernarda, son sus primeras poesías el fiel reflejo de sus creencias.

En una de las cartas enviada a un amigo, podemos averiguar lo que opinaba el sensible poeta sobre el castigo inhumano que para su moral suponía la pena de muerte, aplicada en España por entonces: «… pasado mañana, dará la justicia en esta localidad, el triste espectáculo de la ejecución del reo de un crimen cometido en una dehesa de este partido judicial, hace ya dos años. Dios lo recoja en el cielo…»

De su monótona vida de soledad y tristeza que por aquel tiempo caracterizaba al joven poeta, vino a sacarle el enamoramiento con Desideria, hacia el año 1893. Cuatro años después, en diciembre de 1897 anunciaba su casamiento con Desideria, (“mi vaquerilla” como solía llamarla cariñosamente). El 26 de enero de 1898, en una iglesia de Plasencia, contraían matrimonio José María y Desideria.

A partir de ese instante, la vida del joven poeta experimenta un cambio radical; abandona su dedicación de maestro en la escuela de Piedrahita, y se traslada al pueblo cacereño de Guijo de Granadilla, en donde se encarga de la dirección y administración de una gran dehesa extremeña denominada “El Tejar”, propiedad del tío de su esposa.

En ese pueblo nace su primer hijo (Jesús, 1898), lo cual le inspira para componer la poesía «El Cristu benditu» con la que inicia sus famosas EXTREMEÑAS en las que elempleo de la lengua vernácula, “el castúo”, aroma y vivifica la musa del poeta.

En esa poesía refleja el autor la vida gris que pasó en su primera juventud y el gran cambio hacia la alegría que experimenta con su nuevo empleo y el nacimiento de su hijo. Su segundo hijo nace el 27 de febrero de 1901.

En septiembre de 1901, convocado por la universidad de Salamanca, se celebran unos juegos florales. A ellos concurre Gabriel y Galán con la poesía titulada “El ama”. Preside el jurado del certamen el insigne rector de la universidad salmantina, Miguel de Unamuno.

MIGUEL DE UNAMUNO.

El 3 de septiembre se da a conocer el fallo del jurado, que recae en la obra presentada por Gabriel y Galán; en ella, el autor había plasmado con gran hondura poética, todos los vivos recuerdos que guardaba de su madre, recia mujer de Castilla que le animó en sus comienzos literarios, y muerta unos años antes.

El 15 de septiembre de 1901, se celebran en la ciudad de Salamanca los juegos florales, en los que, en solemne acto, es entregada “la flor natural” a Gabriel y Galán, como premio a su bella poesía “El ama”.

Debido a la huella que dejó la poesía ganadora y a la amistad surgida de tal evento entre los dos poetas, a partir de aquel momento, Unamuno y Gabriel y Galán comienzan una asidua correspondencia epistolar.

A partir de ahí se empieza a dar a conocer como joven y singular poeta. Publica su libro de poesías titulado “Castellanas”. El éxito adquirido por esta publicación hace que el autor vuelva a dar a la luz su segundo libro titulado “Extremeñas” y poco tiempo después, un tercero de título “Nuevas castellanas”.

En 1902 triunfa en los juegos florales de Zaragoza; al año siguiente obtiene los galardones de la flor natural, en los juegos florales de Murcia, de Lugo y de Sevilla.

La fama con que irrumpía este joven poeta, en el panorama de la popularidad, adquiría un vertiginoso crecimiento en corto espacio de tiempo.

EN GUIJO DE GRANADILLA ANTE EL MONUMENTO A GABRIEL Y GALÁN.

El año 1903 es premiado por el ayuntamiento de Guijo de Granadilla con el galardón de «Hijo Adoptivo» de este pueblo cacereño perteneciente a la comarca natural de Las Hurdes.

En 1904 recibe un homenaje en Argentina a resultas de ser premiada su poesía “Canto al trabajo”.

El 6 de enero de 1905, con 35 años no cumplidos, a consecuencia de una pulmonía mal curada, muere nuestro joven poeta en Guijo de Granadilla (Cáceres), en donde su ayuntamiento mantiene la casa que habitó, como museo en donde mostrar los objetos personales más entrañables del poeta junto con manuscritos y libros, donados por sus descendientes.

2.-SU OBRA LITERARIA.

Toda su poesía se desenvuelve en una atmósfera campesina y rural. Él supo cantar como nadie, la belleza del alma sencilla de los campesinos extremeños y salmantinos. Hizo poesía de lo más paupérrimo de las sencillas gentes de la entonces paupérrima comarca natural de “Las Hurdes” que luego supo retratar el español-mexicano Luis Buñuel con su film “Tierra sin pan”.

Su extensa y valiosa obra es de una excelente y sublime sencillez, con la utilización de palabras y frases exenta de artificiales filigranas y sofisticaciones, que son el mimbre con el que va construyendo una poesía popular de alta sonoridad y cuidada rima, que cala fácilmente en el entendimiento de los menos instruidos en las artes literarias.

TOMO DE OBRAS COMPLETAS DE GABRIEL Y GALÁN.

Su verso recorre una amplia gama de medidas que va desde el hexasílabo hasta el hexadecasílabo. Sus estrofas más usadas son el romance, la cuarteta, la redondilla, la quintilla, a sextilla y el serventesio.

Sus poesías publicadas se agrupan bajo los títulos:Campesinas; Castellanas; Religiosas; Extremeñas; Cuentos y poesías; Nuevas Castellanas; Poesías.( Cf. http://www.los-poetas.com/a/galan.htm

 3.-DIOS Y LA FE CRISTIANA EN LA OBRA DE GABRIEL Y GALÁN.TRANSCRIPCIÓN DE ALGUNOS DE SUS POEMAS.

             Su biografía ya nos ha dicho cual es la actitud religiosa de Gabriel y Galán en su vida, esta actitud es la que él ha logrado imprimir en su obra, y no sólo en sus poemas estrictamente religiosos sino en la mayor parte de ellos se percibe ese hálito cristiano que alienta en ellos.

            Lo vemos a continuación en varios poemas de distinto tema, sin ningún tipo de comentario dejando que el lector haga tras la lectura su propio juicio:

 1.-LA PEDRADA

I

 Cuando pasa el Nazareno

de la túnica morada,

con la frente ensangrentada,

la mirada del Dios bueno

y la soga al cuello echada,

 

el pecado me tortura,

las entrañas se me anegan

en torrentes de amargura,

y las lágrimas me ciegan,

y me hiere la ternura…

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 Yo he nacido en esos llanos

de la estepa castellana,

donde había unos cristianos

que vivían como hermanos

en república cristiana.

 

Me enseñaron a rezar,

enseñáronme a sentir

y me enseñaron a amar;

y como amar es sufrir,

también aprendí a llorar.

 

Cuando esta fecha caía

sobre los pobres lugares,

la vida se entristecía,

cerrábanse los hogares

y el pobre templo se abría.

 

Y detrás del Nazareno

de la frente coronada,

por aquel de espigas lleno

campo dulce, campo ameno

de la aldea sosegada,

 

los clamores escuchando

de dolientes Misereres,

iban los hombres rezando,

sollozando las mujeres

y los niños observando…

 

¡Oh, qué dulce, qué sereno

caminaba el Nazareno

por el campo solitario,

de verdura menos lleno

que de abrojos el Calvario!

 

¡Cuán süave, cuán paciente

caminaba y cuán doliente

con la cruz al hombro echada,

el dolor sobre la frente

y el amor en la mirada!

 

Y los hombres, abstraídos,

en hileras extendidos,

iban todos emcapados,

con hachones encendidos

y semblantes apagados.

 

Y enlutadas, apiñadas,

doloridas, angustiadas,

enjugando en las mantillas

las pupilas empañadas

y las húmedas mejillas,

 

viejecitas y doncellas,

de la imagen por las huellas

santo llanto iban vertiendo…

¡Como aquellas, como aquellas

que a Jesús iban siguiendo!

 

Y los niños, admirados,

silenciosos, apenados,

presintiendo vagamente

dramas hondos no alcanzados

por el vuelo de la mente,

 

caminábamos sombríos

junto al dulce Nazareno,

maldiciendo a los Judíos,

«que eran Judas y unos tíos

que mataron al Dios bueno».

 II

 ¡Cuántas veces he llorado

recordando la grandeza

de aquel echo inusitado

que una sublime nobleza

inspiróle a un pecho honrado!

 

La procesión se movía

con honda calma doliente,

¡Qué triste el sol se ponía!

¡Cómo lloraba la gente!

¡Cómo Jesús se afligía…!

 

¡Qué voces tan plañideras

el Miserere cantaban!

¡Qué luces, que no alumbraban,

tras las verdes vidrïeras

de los faroles brillaban!

 

Y aquél sayón inhumano

que al dulce Jesús seguía

con el látigo en la mano,

¡qué feroz cara tenía!

¡qué corazón tan villano!

 

¡La escena a un tigre ablandara!

Iba a caer el Cordero,

y aquel negro monstruo fiero

iba a cruzarle la cara

con un látigo de acero…

 

Mas un travieso aldeano,

una precoz criatura

de corazón noble y sano

y alma tan grande y tan pura

como el cielo castellano,

 

rapazuelo generoso

que al mirarla, silencioso,

sintió la trágica escena,

que le dejó el alma llena

de hondo rencor doloroso,

 

se sublimó de repente,

se separó de la gente,

cogió un guijarro redondo,

miróle al sayón la frente

con ojos de odio muy hondo,

 

paróse ante la escultura,

apretó la dentadura,

aseguróse en los pies,

midió con tino la altura,

tendió el brazo de través,

 

zumbó el proyectil terrible,

sonó un golpe indefinible,

y del infame sayón

cayó botando la horrible

cabezota de cartón.

 

Los fieles, alborotados

por el terrible suceso,

cercaron al niño airados,

preguntándole admirados:

-¿Por qué, por qué has hecho eso?…

 

Y él contestaba, agresivo,

con voz de aquellas que llegan

de un alma justa a lo vivo:

-«¡Porque sí; porque le pegan

sin hacer ningún motivo!»

 III

 Hoy, que con los hombres voy,

viendo a Jesús padecer,

interrogándome estoy:

¿Somos los hombres de hoy

aquellos niños de ayer?

OBRA DE BARTÓLOMÉ DE MURILLO. MUSEO DEL PRADO.

2.-INMACULADA

 I

Dime coplas, musa mía.

¿Me las niegas por vulgares?

¿Me reprendes la osadía

de que en coplas populares

quiera cantar a María?

 

¿Murmuras avergonzada

porque en la ruda tonada

de esta mortal criatura

no cabe la gran figura

de María Inmaculada?

 

¡Bien lo sé yo, musa mía!

El gran himno de María

no lo rima ni lo canta

miel de humana poesía

ni voz de humana garganta.

 

Ni tú, porque eres tan ruda

que vives con la desnuda

Naturaleza en amores,

amante, extática y muda

de encinas, piedras y flores,

 

ni esotra sutil y grave

musa de rica realeza

que dicen que tanto sabe,

daréis jamás con la clave

del himno de la pureza.

 

Ese gran himno bendito

ya está en los cielos escrito

por Dios con cifras de estrellas…

¿Qué no sabrán decir ellas,

letras de un libro infinito?

 

Pero escucha, musa mía:

la música reverente

del poema de María

es la total armonía

del Universo viviente,

 

y todo lo que es cantar,

y todo lo que es bullir,

entero se le ha de dar,

porque cantar es amar,

porque agitarse es sentir.

 

Y yo, corazón de arcilla,

que adoro tanta grandeza,

le debo mi tonadilla…

Negársela por sencilla

fuera negar mi pobreza.

 II

 Yo he cantado cosas puras:

radiosas noches serenas,

empapadas de dulzuras.

de castos silencios llenas

y henchidas de hondas ternuras.

 

Hele rimado cantares

al candor de las palomas

de mis blancos palomares

y a la miel de los aromas

de mis ricos tomillares.

 

He cantado la blancura

de la azucena sencilla,

la purísima tersura

de la nieve de la altura,

que es la nieve sin mancilla.

 

He cantado la pureza

de las fuentes naturales,

la gentil delicadeza

que en los blancos recentales

expresó Naturaleza:

 

la sonrisa matutina

de los días abrileños,

la disuelta purpurina

con que tiñen la colina

los crepúsculos risueños;

 

los arrullos guturales

y los ósculos caídos

en las caras celestiales

de los niñitos dormidos

en los brazos maternales…

 

Cosas puras he cantado,

cosas puras he sentido,

y con ellas embriagado,

como un niño me he dormido,

como un ángel he soñado…

 

Mas ni en mis noches divinas

con estrellas diamantinas,

ni en mis caseras palomas,

ni en la miel de los aromas

de mis natales colinas,

 

ni en las puras azucenas,

ni en las fuentes de la umbría,

ni en las auroras serenas,

ni en las dulces tardes llenas

de profunda melodía,

 

ni en los besos ideales,

ni en las mieles musicales

de las madres cuando cantan,

ni en las risas celestiales

de los niños que amamantan,

 

encontró la musa mía

pobre símbolo siquiera

que con miel de poesía

interpretarme pudiera

la pureza de María…

 III

 ¿Qué nombre darte, hechicero?

Nada me dice el grosero

decir del humano idioma,

ni cuando dice paloma

ni cuando dice lucero.

 

¿Cómo bosquejar tu alteza

con pobre imagen oscura

que ofrezca Naturaleza,

si no hizo Dios criatura

gemela tuya en pureza?

 

Fuente de aguas celestiales,

crisol de amores humanos

que tus ojos virginales

depuran de los livianos

sedimentos mundanales;

 

sol del más dichoso día,

vaso de Dios, puro y fiel;

¡por Ti pasó Dios, María!

¡Cuán pura el Señor te haría

para hacerte digna de Él!

 

Manantial de los consuelos,

plenitud de los anhelos,

luz que toda luz encierra,

embeleso de los cielos,

alegría de la tierra…

 

¿Qué más decirse podría

en tu alabanza y loor,

después de decir que un día

fuiste sin mancha, ¡oh María!,

la Madre del Redentor?

 

Corazón que ante tu planta

no adore grandeza tanta,

¡muerto o podrido ha de estar!

Garganta que no te canta,

¡muda debiera quedar!

 IV

 Musa mía campesina,

que vives enamorada

de la fuente y de la encina,

de la luz de la alborada,

de la paz de la colina,

 

del vivir de mis pastores,

del vibrar de sus sentires,

del pudor de sus amores,

del vigor de sus decires

y el callar de sus dolores…

 

¿No me has dicho, musa mía,

que te placen cosas bellas?

¡Pues viértete en armonía,

que es centro de todas ellas

la belleza de María!

 

¿No me dices, cuando cantas

el candor y la humildad,

que te placen cosas santas?

Pues María es, entre tantas,

la más grande santidad.

 

¿No tienes para la alteza

de cosas puras tonada?

¡Pues la esencia, la riqueza,

el sol de toda pureza

es María Inmaculada!

 

¡Rima y canta musa adusta!

¡Canta el misterio insondable

cuya grandeza te asusta!…

¡La divina Madre Augusta

con los pobres es amable!

 

Yo la he visto sonriente

escuchando el balbuciente

decir de rudos cantares

que ante míseros altares

le rimaba ruda gente…

 

Gente de sano vivir

que al sentirla Inmaculada,

le cantaba su sentir.

¡El del alma enamorada

es el más bello decir!

 

¡Madre mía! ¡Madre mía!

¡Que beba mi poesía

pureza de tu pureza!

¡Que aprenda a tomar belleza

de tu belleza María!

 

¡Que suba tu amor ardiente

del corazón del creyente

a la mente del poeta,

y oirás el himno ferviente

que el gran misterio interpreta!

 

¡Que el mundo pura te adore!

¡Que te cante y que te implore!

¡Que tú le mires amante

cuando rece, cuando llore,

cuando bregue, cuando cante!

 

Y que a una voz concertada

diga ante tanta grandeza

la Humanidad prosternada:

¡Gloria a Dios en la pureza

de María Inmaculada!

HOMENAJE EN FRADES DE LA SIERRA.

3.-EL AMA

 I

 Yo aprendí en el hogar en qué se funda

la dicha más perfecta,

y para hacerla mía

quise yo ser como mi padre era

y busqué una mujer como mi madre

entre las hijas de mi hidalga tierra.

Y fui como mi padre, y fue mi esposa

viviente imagen de la madre muerta.

¡Un milagro de Dios, que ver me hizo

otra mujer como la santa aquella!

Compartían mis únicos amores

la amante compañera,

la patria idolatrada,

la casa solariega,

con la heredada historia,

con la heredada hacienda.

¡Qué buena era la esposa

y qué feraz mi tierra!

¡Qué alegre era mi casa

y qué sana mi hacienda,

y con qué solidez estaba unida

la tradición de la honradez a ellas!

Una sencilla labradora, humilde,

hija de oscura castellana aldea;

una mujer trabajadora, honrada,

cristiana, amable, carñosa y seria,

trocó mi casa en adorable idilio

que no pudo soñar ningún poeta.

¡Oh, cómo se suaviza

el penoso tragín de las faenas

cuando hay amor en casa

y con él mucho pan se amasa en ella

para los pobres que a su sombra vivien,

para los pobres que por ella bregan!

¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,

y cuánto por la casa se interesan,

y cómo ellos la cuidan,

y cómo Dios la aumenta!

Todo lo pudo la mujer cristiana,

logrólo todo la mujer discreta.

La vida en la alquería

giraba en torno de ella

pacífica y amable,

monótona y serena…

¡Y cómo la alegría y el trabajo

donde está la virtud se compenetran!

Lavando en el regato cristalino

cantaban las mozuelas,

y cantaba en los valles el vaquero,

y cantaban los mozos en las tierras,

y el aguador camino de la fuente,

y el cabrerillo en la pelada cuesta…

¡Y yo también cantaba,

que ella y el campo hiciéronme poeta!

Cantaba el equilibrio

de aquel alma serena

como los anchos cielos,

como los campos de mi amada tierra;

y cantaba también aquellos campos,

los de las pardas, onduladas cuestas,

los de los mares de enceradas mieses,

los de las mudas perspectivas serias,

los de las castas soledades hondas,

los de las grises lontananzas muertas…

El alma se empapaba

en la solemne clásica grandeza

que llenaba los ámbitos abiertos

del cielo y de la tierra.

¡Qué placido el ambiente,

qué tranquilo el paisaje, qué serena

la atmósfera azulada se extendía

por sobre el haz de la llanura inmensa!

La brisa de la tarde

meneaba, amorosa, la alameda,

los zarzales floridos del cercado,

los guindos de la vega,

las mieses de la hoja,

la copa verde de la encina vieja…

¡Monorrítmica música del llano,

qué grato tu sonar, qué dulce era!

La gaita del pastor en la colina

lloraba las tonadas de la tierra,

cargadas de dulzuras,

cargadas de monótonas tristezas,

y dentro del sentido

caían las cadencias

como doradas gotas

de dulce miel que del panal fluyeran.

La vida era solemne;

puro y sereno el pensamiento era;

sosegado el sentir, como las brisas;

mudo y fuerte el amor, mansas las penas,

austeros los placeres,

raigadas las creencias,

sabroso el pan, reparador el sueño,

fácil el bien y pura la conciencia.

¡Qué deseos el alma

tenía de ser buena

y cómo se llenaba de ternura

cuando Dios le decía que lo era!

 SEMANA SANTA EN FRADES DE LA SIERRA.

II

 

Pero bien se conoce

que ya no vive ella;

el corazón, la vida de la casa

que alegraba el tragín de las tareas,

la mano bienhechora

que con las sales de enseñanzas buenas

amasó tanto pan para los pobres

que regaban, sudando, nuestra hacienda.

¡La vida en la alquería

se tiñó para siempre de tristeza!

Ya no alegran los mozos la besana

con las dulces tonadas de la tierra,

que al paso perezoso de las yuntas

ajustaban sus lánguidas cadencias.

Mudos de casa salen,

mudos pasan el día en sus faenas,

tristes y mudos vuelven

y sin decirse una palabra cenan;

que está el aire de casa

cargado de tristeza,

y palabras y ruidos importunan

la rumia sosegada de las penas.

Y rezamos reunidos el rosario

sin decirnos por quién…, pero es por ella,

que aunque ya no su voz a orar nos llama,

su recuerdo querido nos congrega,

y nos pone el rosario entre los dedos

y las santas plegarias en la lengua.

¡Qué días y qué noches!

¡Con cuánta lentitud las horas ruedan

por encima del alma que está sola

llorando en las tinieblas!

Las sales de mis lágrimas amargan

el pan que me alimenta;

me cansa el movimiento,

me pesan las faenas,

la casa me entristece

y he perdido el cariño de la hacienda.

¡Qué me importan los bienes

si he perdido mi dulce compañera!

¡Qué compasión me tiene mis criados

que ayer me vieron con el alma llena

de alegrías sin fin que rebosaban

y suyas también eran!

Hasta el hosco pastor de mis ganados,

que ha medido la hondura de mi pena,

si llego a su majada

baja los ojos y ni hablar quisiera;

y dice al despedirme: «Ánimo, amo;

“haiga” mucho valor y “haiga pacencia”…»

Y le tiembla la voz cuando lo dice

y se enjuga una lágrima sincera,

que en la manga de la áspera zamarra

temblando se le queda…

¡Me ahogan estas cosas,

me matan de dolor estas escenas!

¡Que me anime, pretende, y él no sabe

que de su choza en la techumbre negra

le he visto yo escondida

la dulce gaita aquélla

que cargaba el sentido de dulzura

y llenaba los aires de cadencias!…

¿Por qué ya no la toca?

¿Por qué los campos su tañer no alegra?

Y el atrevido vaquerillo sano,

que amaba a una mozuela

de aquellas que trajinan en la casa,

¿por qué no ha vuelto a verla?

¿Por qué no canta en los tranquilos valles?

¿Por qué no silba con la misma fuerza?

¿Por qué no quiere restallar la honda?

¿Por qué esta muda la habladorara legua

que al amo le contaba sus sentires

cuando el amo le daba su licencia?

«¡El ama era una santa!»…,

me dicen todos cuando me hablan de ella.

«¡Santa, santa!», me ha dicho

el viejo señor cura de la aldea,

aquel que le pedía

las limosnas secretas

que de tantos hogares ahuyentaban

las hambres y los fríos y las penas.

¡Por eso los mendigos

que llegan a mi puerta

llorando se descubren

y un padrenuestro por el «ama» rezan!

El velo del dolor me ha oscurecido

la luz de la belleza.

Ya no saben hundirse mis pulilas

en la visión serena

de los espacios hondos,

puros y azules, de extensión inmensa.

Ya no sé traducir la poesía,

ni del alma en la médula me entra

la inmensa melodía del silencio

que en la llanura quieta

parece que descansa,

parece que se acuesta.

Será puro el ambiente, como antes,

y la atmósfera azul será serena,

y la brisa amorosa

moverá con sus alas la alameda,

los zarzales floridos,

los guindos de la vega,

las mieses de la hoja,

la copa verde de la encina vieja…

Y mugirán los tristes becerrillos,

lamentando el destete, en la pradera,

y la de alegres recentales dulces

tropa gentil escalará la cuesta

balando plañideros

al pie de las dulcísimas ovejas;

y cantará en el monte la abubilla,

y en los aires la alondra mañanera

seguirá derritiédose en gorjeos,

musical filigrana de su lengua…

Y la vida solemne de los mundos

seguirá su carrera

monótona, inmutable,

magnífica, serena…

Mas ¿qué me importa todo,

si el vivir de los mundos no me alegra,

ni el ambiente me baña en bienestares,

ni las brisas a música me suenan,

ni el cantar de los pájaros del monte

estimula mi lengua,

ni me mueve a ambición la perspectiva

de la abundante próxima cosecha,

ni el vigor de mis bueyes me envanece,

ni el paso del caballo me recrea,

ni me embriaga el olor de las majadas,

ni con vértigos dulces me deleitan

el perfume del heno que madura

y el perfume del trigo que se encera?

Resbala sobre mí sin agitarme

la dulce poesía en que se impregnan

la llanura sin fin, toda quietudes,

y el magnífico cielo, todo estrellas,

y ya mover no pueden

mi alma de poeta,

ni las de mayo auroras nacarinas

con húmedos vapores en las vegas,

con cánticos de alondra y con efluvios

de rociadas frescas,

ni éstos de otoño atardeceres dulces

de manso resbalar, pura tristeza

de la luz que se muere

y el paisaje borroso que se queja…

ni las noches románticas de julio,

magníficas, espléndidas,

cargadas de silencios rumorosos

y de sanos perfumes de las eras;

noches para el amor, para la rumia

de las grandes ideas,

que a la cumbre al llegar de las alturas

se hermanan y se besan…

¡Cómo tendré yo el alma,

que resbala sobre ella

la dulce poesía de mis campos

como el agua resbala por la piedra!

Vuestra paz era imagen de mi vida,

¡oh campos de mi tierra!

Pero la vida se me puso triste

y su imagen de ahora ya no es esa:

en mi casa, es el frío de mi alcoba,

es el llanto vertido en sus tinieblas;

en el campo, es el árido camino

del barbecho sin fin que amarillea.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Pero yo ya sé hablar como mi madre

y digo como ella

cuando la vida se le puso triste:

«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»

 4.-FE.

 – I –

ArribaAbajo¡Señor! ¡Mi patria llora!

La apartaron, ¡oh Dios!, de tus caminos,

y ciega hacia el abismo corre ahora

la del mundo de ayer reina y señora

de gloriosos destinos.

  

 Hijos desatentados,

que ya la vieron sin pudor vencida,

la arrastran por atajos ignorados…

¡Señor, que va perdida!

¡Que no lleva en su pecho la encendida

luz de tu Fe que alumbre su carrera!

¡Que no lleva el apoyo de tu mano!

¡Que no lleva la Cruz en la bandera

ni en los labios tu nombre soberano!

¡Señor! ¡Mi patria llora!

¿Y quién no llorará como ella ahora

tremendas desventuras,

si fuera de tus vías

sólo hay horribles soledades frías,

lágrimas y negruras?

  

   ¿Quién que de Ti se aleje

camina en derechura a la grandeza?

¿Ni quién que a Ti te deje

su brazo puede armar de fortaleza?

  

   Solamente unos pocos pervertidos,

hijos envanecidos

de esa Madre fecunda de creyentes

pretenden, imprudentes,

alejarla de Ti: son insensatos;

olvidan tus favores: son ingratos,

desprecian tu poder: están dementes.

  

   Pero la patria mía,

por Ti feliz y poderosa un día,

siempre te ve, Señor, como a quien eres,

y en Ti, gran Dios, en Ti solo confía;

que es grande quien Tú quieres,

fuerte quien tiene tu segura guía,

sabio quien te conoce,

¡y feliz quien te sirva y quien te goce!

  

   ¡Señor! ¡Mi Patria llora!

Ebria, desoladora,

la frenética turba parricida

la lleva a los abismos arrastrada,

la lleva empobrecida…,

¡la lleva deshonrada!…

  

   ¡Alza, Señor, tu brazo justiciero,

y sobre ellos descarga el golpe fiero,

vengador de sus ciegos desvaríos!…

¡No son hermanos míos

ni hijos tuyos, Señor! ¡Son gente impía!

¡Son asesinos de la patria mía!

 – II –

 ¡Señor, Señor; deténte!

¡No hagas caer sobre la impura gente

el rudo golpe grave

de la iracunda mano justiciera,

sino el toque süave

de la mano que funde y regenera!

  

   Y a Ti ya convertidos,

los hijos ciegos a tu amor perdidos,

aplaca tus enojos,

la noche ahuyenta, enciéndenos el día

y pon de nuevo tus divinos ojos

en los destinos de la patria mía.

  

   ¿No es ella la que hiciera

con los lemas sagrados

de la Cruz y el honor una bandera?

¿La que tantos a Ti restituyera

pueblos ignotos de tu fe apartados,

que con sangre de intrépidos soldados

y con sangre de santos redimiera?

  

   ¿Y Tú no eres el Dios Omnipotente

que quitas o derramas con largueza

gloria y poder entre la humana gente?

  

   ¿No eres prístina fuente

de donde ha de venir toda grandeza?

¿No eres origen, pedestal ingente

de toda fortaleza?

  

   ¿No es toda humana gloria

dádiva generosa de tu mano?

¿No viene la victoria

delante de tu soplo soberano?

  

   ¡Señor, oye los ruegos

que ya te elevan los hermanos míos!

¡Ya ven, ya ven los ciegos!

¡Ya rezan los impíos!

¡Ya el soberbio impotente

hunde en el polvo, ante tus pies, la frente!

¡Ya el demente blasfemo, arrepentido,

cubre su rostro, el pecho se golpea

y clama compungido:

«¡Alabado el Señor; bendito sea!»

  

   Y los justos te aclaman,

alzando a Ti los brazos, y te llaman;

y porque España sólo en Ti confía,

al unísono claman

todos los hijos de la Patria mía:

  

   ¡Salva a España, Señor; enciende el día

que ponga fin a abatimiento tanto!

¡Tú, Señor de la vida o de la muerte!

¡Tú, Dios de Sabahot, tres veces Santo,

tres veces Inmortal, tres veces Fuerte!…

 4.- EL LUGAR DE GABRIEL Y GALÁN EN EL CUADRO DE LOS POETAS CASTELLANOS.

            La figura de Gabriel y Galán tan ensalzada en su tiempo, no ha merecido la misma suerte entre algunos después de pasados los años de su vivir. Tachado de burgués, conservador y demasiado católico no ha encontrado para los que así lo miran un lugar digno y apropiado en el cuadro de los poetas castellanos.

Una mirada sin prejuicios a su obra nos permite una valoración muy diferente.

Desde el punto de vista cronológico nuestro autor entra de lleno en el marco de la generación del 98, más no sólo por eso sino por los anhelos regeneracionistas evidente en algunas de sus obras enfocados eso sí en la regeneración del pueblo, intérprete del labriego humilde y sencillo del que toma esa sencillez lírica de su obra tan distante del modernismo.

Don Miguel de Unamuno no dejó de admirar a Gabriel y Galán, no hay mas que ver la biblioteca del poeta-filósofo y sus anotaciones sobre las obras de nuestro autor, para darse cuenta de su estima, pero mucho más por las coincidencias entre el filósofo y el cantor del pueblo, en su sentimiento patrio y en las pinturas del paisaje hondas y severas, y especialmente en esa preocupación por describir la intrahistoria, aquellos hechos que configuran la existencia de las gentes y que pasan desapercibidos para las narraciones públicas y oficiales.

Otro autor de la generación del 98 con el que Gabriel y Galán tiene coincidencias es Antonio Machado. Ambos tienen un camino paralelo en su mirada sobre Castilla, en la coincidencia en la selección de los ámbitos que describen, en los componentes del paisaje poético…

Esto y mucho más nos ha permitido poner a Gabriel y Galán en nuestro Blog en la Generación del 98.

QUIZÁS TMBIÉN LE INTERESE DEL BLOG: PARDO BAZÁN  Y LA PUGNA ENTRE LA FE CRISTIANA Y EL VITALISMO EXISTENCIAL.

 quijotediscipulo.

1.-quijotediscipulo, ó ¿ Don Quijote predicador y teólogo ?es también el autor  de los siguientes blogs, todo ellos en wordpres.com

 sanchoamigo ó Sancho Gobernador de una Ínsula.

 elcuradellugar ó La Religión en el Quijote

 elcaballerodelverdegaban ó Dios y la Fe cristiana en los escritores de lengua castellana a través de los tiempos.

 elbachiller ó EL BACHILLER SANSÓN CARRASCO

Al buscar poned título y subtítulodel blog. 

Anuncios

Categorías

Categorías

Entradas

Calendario

noviembre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

VISITAS

  • 2,047,110 hits

Imagenes Interesantes

A %d blogueros les gusta esto: