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LUIS CERNUDA UN POETA ENFRENTADO CON LA REALIDAD PENDIENTE DE SUS DESEOS.

 1.-Reseña biográfica.

2.-Su obra poética.

3.-Listado de sus obras.

4.-La religión en la obra de Luis Cernuda.

5.-Poemas religiosos de Luis Cernuda.

6.-Conclusión.

CASA NATAL DE LUIS CERNUDA EN SEVILLA.

1.-RESEÑA BIOGRÁFICA.

Nació el 21 de septiembre de 1902 en Sevilla (España).Hijo de un militar, se educó en un ambiente de rígidos e intransigentes principios.

Inició sus estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla, donde conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor.

Ya en los años veinte se trasladó a la ciudad de Madrid, donde entra en contacto con los ambientes literarios de lo que luego se llamará Generación del 27.

Su descontento con el mundo y su rebeldía se deben, en gran medida, a su condición de homosexual, a su conciencia de ser un marginado. Admite ser un “inadaptado”. Recibió influencias de autores románticos: Keats, Hölderling, Bécquer… También de los clásicos, en especial de Garcilaso.

Durante un año trabajó como lector de español en la Universidad de Toulouse. Cuando se proclamó la República se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Durante la Guerra Civil participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra, de donde ya no regresó a España, iniciando un triste exilio. Pasó por Inglaterra, Escocia y, desde 1952, México.

Luis Cernuda falleció el 5 de noviembre de 1963 en Ciudad de México.

 2.- SU OBRA LITERARIA.

 Fue el propio Luis Cernuda quien esbozó su evolución poética en «Historial de un libro», trabajo publicado primitivamente en Papeles de son Armadans y recogido posteriormente en su Poesía y literatura. Toda crítica literaria de su obra ha de referirse necesariamente a este trabajo del autor.

La función del poeta en la obra de Luis Cernuda parte de la tradición romántica, según la cual el artista aparece como un ser solitario dotado de un don sobrenatural que le permite ver y expresar lo que otros no pueden.

El poeta es, por tanto, un «elegido», bien sea por Dios o por el Demonio.

Los temas principales de su obra son: el amor, la belleza de la naturaleza, la fugacidad del tiempo y el olvido, el deseo frustrado por la realidad que se impone, el paraíso perdido, la soledad.

Podemos hablar de etapas en su obra: PRIMERA ETAPA: Situadas en la poesía pura están Perfil del aire, y Égloga, elegía, oda

La SEGUNDA ETAPA: corresponde a las obras de influencia surrealista y romántica en Un río, un amor, Los placeres prohibidos y Donde habite el olvido.

La TERCERA ETAPA O DEL EXILIO: con Las nubes, Como espera al alba, Desolación de la Quimera. Con temas como el paso del tiempo, la nostalgia del exiliado, el recuerdo

Su primera obra, Perfil del aire (1927), ya se ha dicho está en la línea de la poesía pura. De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso.

Desde 1936 agrupa toda la poesía que va produciendo bajo el título La realidad y el deseo, al que va añadiendo poemas, donde enuncia el enfrentamiento entre el deseo de belleza, de libertad, de amor, con la realidad. De esta lucha surge la frustración.En el exilio publicó Las nubes (1940), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962En). También escribió interesantes ensayos literarios y colaboró en revistas y periódicos mexicanos En el exilio publicó Las nubes (1940), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962En). 

 

 

 3.-LISTADO DE SU OBRA.

 Poesía.

 Perfil del aire (1927)

Egloga, Elegía, Oda (1928)

Un río, un amor (1929)

Los placeres prohibidos (1931)

Donde habite el olvido (1933)

Invocaciones a las gracias del mundo (1935)

La realidad y el deseo (1936) obra poética completa, que ampliará en ediciones posteriores (1940, 1958, 1964).

Las nubes (1943)

Como quien espera el alba (1947)

Vivir sin estar viviendo (1949)

Variaciones sobre tema mexicano (1952)

Con las horas contadas (1956)

Desolación de la Quimera (1962).

Ensayo.

 Estudios sobre poesía española contemporánea (1957)

Pensamiento poético en la lírica inglesa (1958)

Poesía y literatura I (1960)

Poesía y literatura II (1964)

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CERNUDA Y LA GIRALDA AL FONDO.

4.-LA RELIGIÓN EN LA OBRA DE LUIS CERNUDA.

 Digamos de entrada que en la obra de Cernuda no vamos a encontrar ni Dios ni en consecuencia religión que tal nombre merezca, nisiquiera en la línea de Eliot y Hölderlin, pues si de religión nuestro gran poeta hablase, ésta sería únicamente la Poesia.

Cernuda toma la siguiente terminación de un poema de Herbert en el que el poeta invoca a Dios diciendo: Pensé oir una voz que me llamaba :” Hijo y yo le respondí Señor…” y la trasforma diciendo : “a tu voz que me llamaba, o al sueño de ella vivo en su servidumbre yo le respondí Señora.

Una poesía centrada en la propia intimidad en tanto que contrapuesta a la realidad exterior, por ello su obra poética está toda condensada en el título de la que podría considerarse la síntesis de toda su obra: La realidad y el deseo.

El propio Cernuda lo expresó en la Antología de Gerardo Diego de 1934: “En 1932, solicitado, obligado casi, por el colector de esta antología escribí las siguientes líneas:

No valía la pena de ir poco a poco olvidando la realidad para que ahora fuese a recordarla, y ante qué gentes. La detesto como detesto todo lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país.

No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir, allí donde no hubiese penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres.

Ahora, en 1934, el muchacho que yo fui, ¿qué relación tiene con el hombre que yo soy? No sé por qué intento justificar esta diversidad de un espíritu que sigue, a lo largo de los días, su destino vital. ¿Afán de exactitud sentimental? Tal vez piense al escribir esto en alguien que no conozco. Y entonces el origen de estas nuevas líneas sería una tentativa para acercar el deseo, mi deseo, a la realidad. Pero, puedo decirlo, en nadie creo.”

Más esto no es motivo para no incluirlo en nuestro blog, en este caso para hablar de su irreligiosidad especialmente cristiana máxime que la misma la encontramos en unos de sus poemas que podríamos denominar religiosos de los que nos ocupamos a continuación.

5.- POEMAS RELIGIOSOS DE LUIS CERNUDA.

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 ABRAHAM RECIBIÓ A LOS TRES MENSAJEROS DIVINOS.

1.-LA VISITA DE DIOS.

 Pasada se halla ahora la mitad de mi vida.

El cuerpo sigue en pie y las voces aún giran

y resuenan con encanto marchito en mis oídos,

mas los días esbeltos ya se marcharon lejos;

sólo recuerdos pálidos de su amor me han dejado.

Como el labrador al ver su trabajo perdido

vuelve al cielo los ojos esperando la lluvia,

también quiero esperar en esta hora confusa

unas lágrimas que aviven mi cosecha.

 

Pero hondamente fijo queda el desaliento,

como huésped oscuro de mis sueños.

¿Puedo esperar acaso? Todo se ha dado al hombre

tal distracción efímera de su existencia;

a nada puede unir esta ansia suya que reclama

una pausa de amor entre la fuga de las cosas.

Vano sería dolerse del trabajo, la casa, los amigos perdidos

en aquel gran negocio demoníaco de la guerra.

 

Estoy en la ciudad alzada para su orgullo por el rico,

adonde la miseria oculta canta por las esquinas

o expone dibujos que me arrasan de lágrimas los ojos.

Y mordiendo mis puños con tristeza impotente

aún cuento mentalmente mis monedas escasas,

porque un trozo de pan aquí y unos vestidos

suponen un esfuerzo mayor para lograrlos

que el de los viejos héroes cuando vencían

monstruos, rompiendo encantos con su lanza.

 

La revolución renace siempre, como un fénix

llameante en el pecho de los desdichados.

Esto lo sabe el charlatán bajo los árboles

de las plazas, y su baba argentina, su cascabel sonoro.

silbando entre las hojas, encanta al pueblo

robusto y engañado con maligna elocuencia,

y canciones de sangre acunan su miseria.

Por mi dolor comprendo que otros inmensos sufren

hombres callados a quienes falta el ocio

para arrojar al cielo su tormento. Mas no puedo

 

copiar su enérgico silencio, que me alivia

este consuelo de la voz, sin tierra y sin amigo,

en la profunda soledad de quien no tiene

ya nada entre sus brazos, sino el aire en torno,

lo mismo que un navío al alejarse sobre el mar.

¿Adónde han ido las viejas compañeras del hombre?

Mis zurcidoras de proyectos, mis tejedoras de esperanzas

han muerto. Sus agujas y maderas reposan

con polvo en un rincón, sin la melodía del trabajo.

Como una sombra aislada al filo de los días,

voy repitiendo gestos y palabras mientras lejos escucho

el inmenso bostezo de los siglos pasados.

 

 El tiempo, ese blanco desierto ilimitado,

esa nada creadora, amenaza a los hombres

y con luz inmortal se abre ante los deseos juveniles.

Unos quieren asir locamente su mágico reflejo,

mas otros le conjuran con un hijo

ofrecido en los brazos como víctima,

porque de nueva vida se mantiene su vida

como el agua del agua llorada por los hombres.

Pero a ti, Dios, ¿con qué te aplacaremos?

Mi sed eras tú, tú fuiste mi amor perdido,

mi casa rota, mi vida trabajada, y la casa y la vida

de tantos hombres como yo a la deriva

en el naufragio de un país. Levantados de naipes,

uno tras otro iban cayendo mis pobres paraísos.

 

¿Movió tu mano el aire que fuera derribándolos

y tras ellos en el profundo abatimiento, en el hondo vacío,

se alza al fin ante mí la nube que oculta tu presencia?

No golpees airado mi cuerpo con tu rayo;

si el amor no eras tú, ¿quién lo será en este mundo?

Compadécete al fin, escucha este murmullo

que ascendiendo llega como una ola

al pie de tu divina indiferencia.

Mira las tristes piedras que llevamos

ya sobre nuestros hombros para enterrar tus dones:

la hermosura, la verdad, la justicia, cuyo afán imposible

tú solo eras capaz de infundir en nosotros.

Si ellas murieran hoy, de la memoria tú te borrarías

como un sueño remoto de los hombres que fueron.

 El Poema forma parte del poemario “Las nubes”, que inició en 1936 y tuvo que continuar ya fuera de España, cuando, en 1938, en plena guerra civil.

COMENTARIO.

 En el poema comienza Cernuda pidiendo esperanzado: Como el labrador al ver su trabajo perdido/vuelve al cielo los ojos esperando la lluvia,/también quiero esperar en esta hora confusa/unas lágrimas que aviven mi cosecha.

Pues confiesa; Mi sed eras tú, tú fuiste mi amor perdido,/mi casa rota, mi vida trabajada, y la casa y la vida.

Un Dios capaz de plenificar con sus dones la vida humana con la hermosura, la verdad, la justicia, cuyo afán imposible tú solo eras capaz de infundir en nosotros, Para inmediatamente caer en el escepticismo,en el nihilismo más desalentador: la tendencia a lo divino queda bruscamente truncada: ¿Puedo esperar acaso?… mis tejedoras de esperanzas han muerto”.

Se centra después en el sufrimiento humano y en el suyo propio para volver a pedir de nuevo misericordia a un Dios al que ascendiendo llega como una ola al pie de tu divina indiferencia, un Dios que puede liberar al hombre del mal que mira con indiferencia.Todo ello ha contribuido “a borrar de la memoria humana a Dios como se borran los recuerdos de los hombres que fueron.”

LA RESURRECCIÒN DE LÁZARO.

 2.-LÁZARO.

 Era de madrugada.

Después de retirada la piedra con trabajo,

Porque no la materia sino el tiempo

Pesaba sobre ella,

Oyeron una voz tranquila

Llamándome, como un amigo llama

Cuando atrás queda alguno

Fatigado de la jornada y cae la sombra.

Hubo un silencio largo.

Así lo cuentan ellos que lo vieron.

 

Yo no recuerdo sino el frío

Extraño que brotaba

Desde la tierra honda, con angustia

De entresueño, y lento iba

A despertar el pecho,

Donde insistió con unos golpes leves,

Ávido de tornarse sangre tibia.

En mi cuerpo dolía

Un dolor vivo o un dolor soñado.

 

Era otra vez la vida.

Cuando abrí los ojos

Fue el alba pálida quien dijo

La verdad. Porque aquellos

Rostros ávidos, sobre mí estaban mudos,

Mordiendo un sueño vago inferior al milagro,

Como rebaño hosco

Que no a la voz sino a la piedra atiende,

Y el sudor de sus frentes

Oí caer pesado entre la hierba.

 

Alguien dijo palabras

De nuevo nacimiento.

Mas no hubo allí sangre materna

Ni vientre fecundado

Que crea con dolor nueva vida doliente.

Sólo anchas vendas, lienzos amarillos

Con olor denso, desnudaban

La carne gris y fláccida como fruto pasado;

No el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos,

Sino el cuerpo de un hijo de la muerte.

 

El cielo rojo abría hacia lo lejos

Tras de olivos y alcores;

El aire estaba en calma.

Mas temblaban los cuerpos,

Como las ramas cuando el viento sopla,

Brotando de la noche con los brazos tendidos

Para ofrecerme su propio afán estéril.

La luz me remordía

Y hundí la frente sobre el polvo

Al sentir la pereza de la muerte.

 

Quise cerrar los ojos,

Buscar la vasta sombra,

La tiniebla primaria

Que su venero esconde bajo el mundo

Lavando de vergüenzas la memoria.

Cuando un alma doliente en mis entrañas

Gritó, por las oscuras galerías

Del cuerpo, agria, desencajada,

Hasta chocar contra el muro de los huesos

Y levantar mareas febriles por la sangre.

 

Aquel que con su mano sostenía

La lámpara testigo del milagro,

Mató brusco la llama,

Porque ya el día estaba con nosotros.

Una rápida sombra sobrevino.

Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos

Llenos de compasión, y hallé temblando un alma

Donde mi alma se copiaba inmensa,

Por el amor dueña del mundo.

 

Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,

El borde de una túnica incolora

Plegada, resbalando

Hasta rozar la fosa, como un ala

Cuando a subir tras de la luz incita.

Sentí de nuevo el sueño, la locura

Y el error de estar vivo,

Siendo carne doliente día a día.

Pero él me había llamado

Y en mí no estaba ya sino seguirle.

 

Por eso, puesto en pie, anduve silencioso,

Aunque todo para mí fuera extraño y vano,

Mientras pensaba: así debieron ellos,

Muerto yo, caminar llevándome a la tierra.

La casa estaba lejos;

Otra vez vi sus muros blancos

Y el ciprés del huerto.

Sobre el terrado había una estrella pálida.

Dentro no hallamos lumbre

En el hogar cubierto de ceniza.

 

Todos le rodearon en la mesa.

Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,

El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;

La palabra hermandad sonaba falsa,

Y de la imagen del amor quedaban

Sólo recuerdos vagos bajo el viento.

Él conocía que todo estaba muerto

En mí, que yo era un muerto

Andando entre los muertos.

 

Sentado a su derecha me veía

Como aquel que festejan al retorno.

La mano suya descansaba cerca

Y recliné la frente sobre ella

Con asco de mi cuerpo y de mi alma.

Así pedí en silencio, como se pide

A Dios, porque su nombre,

Más vasto que los templos, los mares, las estrellas,

Cabe en el desconsuelo del hombre que está solo,

Fuerza para llevar la vida nuevamente.

 

Así rogué, con lágrimas,

Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,

Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,

Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista

Ahora. La hermosura es paciencia.

Sé que el lirio del campo,

Tras de su humilde oscuridad en tantas noches

Con larga espera bajo tierra,

Del tallo verde erguido a la corola alba

Irrumpe un día en gloria triunfante.

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO.

 COMENTARIO.

Comienza el poema recordando la narración evangélica, quitada la piedra del sepulcro se escuchó una voz llamándome, el poeta parece identificarse con Lázaro, siguió un prolongado silencio… , esto es lo que cuentan los testigos.

El hecho es que él no experimentó nada de nueva vida, sino muerte Alguien dijo palabras/ De nuevo nacimiento./ Mas no hubo allí sangre materna/Ni vientre fecundado/Que crea con dolor nueva vida doliente./Sólo anchas vendas, lienzos amarillos/ Con olor denso, desnudaban/ La carne gris y fláccida como fruto pasado.

Esta fue la realidad, más no el deseo, su deseo: Entonces, hondos bajo una frente, /vi unos ojos/ Llenos de compasión,/ y hallé temblando un alma /Donde mi alma se copiaba inmensa, /Por el amor dueña del mundo.

En todo el poema sigue contraponiéndose la realidad con el deseo.

La realidad: Todos le rodearon en la mesa./Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,/ El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;/ La palabra hermandad sonaba falsa,/Y de la imagen del amor quedaban/ Sólo recuerdos vagos bajo el viento./Él conocía que todo estaba muerto/En mí, que yo era un muerto/Andando entre los muertos.

El deseo: Así rogué, con lágrimas,/Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,/

Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,/Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista/Ahora. La hermosura es paciencia.

Y la paciencia le llevó a la verdad deseada: Sé que el lirio del campo,/Tras de su humilde oscuridad en tantas noches/Con larga espera bajo tierra,/Del tallo verde erguido a la corola alba/Irrumpe un día en gloria triunfante.

Algo así como la palabra del Señor: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da mucho fruto.

Más porque Luis Cernuda nunca admitió que hay que morir para vivir, su anhelo de vida nueva quedó totalmente frustrado, al no admitir en esta vida real humana un horizonte sobrenatural, algo que veremos confirmado en el largo poema siguiente.

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS DE LUCAS JORDÁN.

3.- LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS.

 Ponemos a continuación las cinco partes del poema, comentando cada parte al terminar, de este modo pensamos que el mismo será más inteligible teniendo más fresca la lectura de esa parte del poema.

 PARTE PRIMERA : VIGILIA.                                             

 Melchor

 La soledad. La noche. La terraza.

La luna silenciosa en las columnas.

Junto al vino y las frutas, mi cansancio.

Todo lo cansa el tiempo, hasta la dicha,

Perdido su sabor, después amarga,

Y hoy sólo encuentro en los demás mentira,

Aquí en mi pecho aburrimiento y miedo.

Si la leyenda mágica se hiciera

Realidad algún día.

 

La profética Estrella,

que naciendo de las sombras

Pura y clara, trazara sobre el cielo,

Tal sobre faz etíope una lágrima,

La estela misteriosa de los dioses.

Ha de encarnarse la verdad divina

Donde oriente esa luz.

 

¿Será la magia,

Ida la juventud con su deseo,

Posible todavía? Si yo pienso

Aquí, bajo los ojos de la noche,

No es menor maravilla; si yo vivo,

Bien puede un Dios vivir sobre nosotros.

Mas nunca nos consuela un pensamiento,

Sino la gracia muda de las cosas.

 

Qué dulce está la noche. Cuando el aire

A la terraza trae desde lejos

Un aroma de nardo, y, como un eco,

El son adormecido de las aguas,

Siento animarse en mí la forma vaga

De la edad juvenil con su dulzura.

 

Así el tiempo sin fondo arroja el hombre

Consuelos ilusorios, penas ciertas,

Y así alienta el deseo. Un cuerpo solo,

Arrullando su miedo y su esperanza,

Desde la sombra pasa hacia la sombra.

 

Mas tengo sed. Lágrimas de la viña,

Frescas al labio con frescor ardiente,

Tal si un rayo de sol atravesara

La neblina. Delicia de los frutos

De piel tersa y oscura, como un cuerpo

Ofrecido en la rama del deseo.

 

Señor, danos la paz de los deseos

Satisfechos, de las vidas cumplidas.

Ser tal la flor que nace y luego abierta

Respira en paz, cantando bajo el cielo

Con luz de sol, aunque la muerte exista:

La cima ha de anegarse en la ladera.

Demonio

Gloria a Dios en las alturas del cielo,

Tierra sobre los hombres en su infierno.

Melchor

 Sin que su abismo lo profane el alba,

Pálida está la noche. Y esa estrella

Más pura que los rayos matinales,

Al dar su luz palpita como sangre

Manando alegremente de la herida.

¡Pronto, Eleazar, aquí!

 

Hombres que duermen

Y de un sueño de siglos Dios despierta.

Que enciendan las hogueras en los montes,

Llevando el fuego rápido la nueva

A las lindes de reinos tributarios.

Al alba he de partir. Y que la muerte

No me ciegue, mi Dios, sin contemplarte.

 COMENTARIO.

La adoración de los Magos, el más largo de cuantos componen el libro. Dividido en cinco partes nos presenta a los Magos camino de Belén.

En la primera parte que titula Vigilia, presenta a Melchor preparándose para la salida, el poeta habla por boca de Melchor, describe su situación : Junto al vino y las frutas,/ mi cansancio./Todo lo cansa el tiempo, hasta la dicha,/ Perdido su sabor, después amarga/,Y hoy sólo encuentro en los demás mentira, /Aquí en mi pecho aburrimiento y miedo.

A pesar de esta situación y mejor, en esa situación aparece la típica pregunta del deseo del escéptico : Si la leyenda mágica se hiciera/Realidad algún día.

La profética estrella puede dar la respuesta a nuestro deseo: Señor, danos la paz de los deseos/ Satisfechos, de las vidas cumplidas./… si yo vivo,/Bien puede un Dios vivir sobre nosotros./

He aquí la respuesta: Gloria a Dios en las alturas del cielo, pero Tierra sobre los hombres en su infierno./el Demonio es en este caso la voz de la realidad.

A pesar de ello el deseo sigue vivo: Al alba he de partir. /Y que la muerte

No me ciegue, mi Dios, sin contemplarte.

 PARTE SEGUNDA : LOS REYES.

 Baltasar

 Como pastores nómadas, cuando hiere la espada del invierno,

Tras una estrella incierta vamos, atravesando de noche los desiertos,

Acampados de día junto al muro de alguna ciudad muerta,

Donde aúllan chacales; mientras, abandonada nuestra tierra,

Sale su cetro a plaza, para ambiciosos o charlatanes que aún exploten

El viejo afán humano de atropellar la ley, el orden.

Buscamos la verdad, aunque verdades en abstracto son cosa innecesaria,

Lujo de soñadores, cuando bastan menudas verdades acordadas.

Mala cosa es tener el corazón henchido hasta dar voces, clamar por la verdad, por la justicia.

No se hizo el profeta para el mundo, sino el dúctil sofista

Que toma el mundo como va: guerras, esclavitudes, cárceles y verdugos

Son cosas naturales, y la verdad es sueño, menos que sueño, humo.

 Gaspar

 Amo el jardín, cuando abren las flores serenas del otoño,

El rumor de los árboles, cuya cima dora la luz toda reposo,

Mientras por la avenida el agua esbelta baila sobre el mármol

Y a lo lejos se escucha, entre el aire más denso, un pájaro.

Cuando la noche llega, y desde el río un viento frío corre

Sobre la piel desnuda, llama la casa al hombre,

Hecha voz tibia, entreabiertos sus muros como una concha oscura,

Con la perla del fuego, donde sueño y deseo juntan sus luces puras.

Un cuerpo virgen junto al lecho aguarda desnudo, temeroso,

Los brazos del amante, cuando a la madrugada penetra y duele el gozo.

Esto es la vida. ¿Qué importan la verdad o el poder junto a esto?

Vivo estoy. Dejadme así pasar el tiempo en embeleso.

  Melchor

 No hay poder sino en Dios, en Dios sólo perdura la delicia;

El mar fuerte es su brazo, la luz alegre su sonrisa.

Dejad que el ambicioso con sus torres alzadas oscurezca la tierra;

Pasto serán del huracán, con polvo y sombra confundiéndolas.

Dejad que el lujurioso bese y muerda, espasmo tras espasmo;

Allá en lo hondo siente la indiferencia virgen de los huesos castrados.

¿Por qué os doléis, ¡oh reyes!, del poder y la dicha que atrás quedan?

Aunque mi vida es vieja no vive en el pasado, sino espera;

Espera los momentos más dulces, cuando al alma regale

La gracia, y el cuerpo sea al fin risueño, hermoso e ignorante.

Abandonad el oro y los perfumes, que el oro pesa y los aromas aniquilan.

Adonde brilla desnuda la verdad nada se necesita.

 Baltasar

 Antífona elocuente, retórica profética de raza a quien escapa con el poder la vida.

Pero mi pueblo es joven, es fuerte, y diferente del tuyo israelita.

Gaspar

 Si el beso y si la rosa codicio, indiferente hacia los dioses todos,

Es porque beso y rosa pasan. Son más dulces los efímeros gozos.

 Melchor

 Locos enamorados de las sombras. ¿Olvidáis, tributarios

Como son vuestros reinos del mío, que aún puedo sujetaros

A seguir entre siervos descalzos, el rumbo de mi estrella?

¿Qué es soberbia o lujuria ante el miedo, el gran pecado, la fuerza de la tierra?

 Baltasar

Con tu verdad pudiera, si la hallamos, alzar un gran imperio.

 Gaspar

Tal vez esa verdad, como una primavera, abra rojos deseos.

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LOS REYES MAGOS.

 COMENTARIO.

 Sigue hablando el poeta por boca de los reyes, dice Baltasar :Buscamos la verdad, aunque verdades en abstracto son cosa innecesaria, /Lujo de soñadores, cuando bastan menudas verdades acordadas. /Mala cosa es tener el corazón henchido hasta dar voces, clamar por la verdad, por la justicia./No se hizo el profeta para el mundo, sino el dúctil sofista/Que toma el mundo como va: guerras, esclavitudes, cárceles y verdugos Son cosas naturales, y la verdad es sueño, menos que sueño, humo.

Habla Gaspar: Un cuerpo virgen junto al lecho aguarda desnudo, temeroso,/Los brazos del amante, cuando a la madrugada penetra y duele el gozo./Esto es la vida. ¿Qué importan la verdad o el poder junto a esto?/Vivo estoy. Dejadme así pasar el tiempo en embeleso.

Es la proclamación de la fuente de la dicha, los placeres:

Melchor contesta proclamando la fuente de la dicha : No hay poder sino en Dios, en Dios sólo perdura la delicia;…

Y Continua el poeta hablando por boca de los Reyes, ya que ha asignado a cada rey su propia tesis: Baltasar de terminado el objeto de su búsqueda: la verdad concreta: y la verdad es sueño, menos que sueño, humo. Gaspar proclamado que la verdad son los placeres terrenales. Melchor que la dicha cumplida esta en Dios.

 PARTE TERCERA: PALINODIA DE LA ESPERANZA DIVINA

 Era aquel que cruzábamos, camino

Abandonado entre arenales,

Con una higuera seca, un pozo, y el asilo

De una choza desierta bajo el frío.

Lejos, subiendo entre unos riscos,

Iba el pastor junto a sus flacas cabras negras.

Cuando tras de la noche larga la luz vino,

Irisando la escarcha sobre nuestros vestidos,

Faltas de convicción, las cosas escaparon

Como en un sueño interrumpido.

 Padecíamos hambre, gran fatiga.

Al lado de la choza hallamos una viña

Donde un racimo quedaba todavía,

Seco, que ni los pájaros lo habían

Querido. Nosotros lo tomamos:

De polvo y agrio vino el paladar teñía.

Era bueno el descanso, pero

En quietud la indiferencia del paisaje aísla,

Y añoramos la marcha, la fiebre de la ida.

 

Vimos la estrella hacia lo alto

Que estaba inmóvil, pálida como el agua

En la irrupción del día, una respuesta dando

Con su brillo tardío del milagro

Sobre la choza. Los muros sin cobijo

Y el dintel roto se abrían hacia el campo,

Desvalidos. Nuestro fervor helado

Se volvió como el viento de aquel páramo.

Dimos el alto. Todos descabalgaron.

Al entrar en la choza, refugiados

Una mujer y un viejo sólo hallamos.

 

Pero alguien más había en la cabaña:

Un niño entre sus brazos la mujer guardaba.

Esperamos un dios, una presencia

Radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia,

Y cuya privación idéntica a la noche

Del amante celoso sin la amada.

Hallamos una vida como la nuestra humana,

Gritando lastimosa, con ojos que miraban

Dolientes, bajo el peso de su alma

Sometida al destino de las almas,

Cosecha que la muerte ha de segarla.

 

Nuestros dones, aromas delicados y metales puros,

Dejamos sobre el polvo, tal si la ofrenda rica

Pudiera hacer al dios. Pero ninguno

De nosotros su fe viva mantuvo,

Y la verdad buscada sin valor quedó toda,

El mundo pobre fue, enfermo, oscuro.

Añoramos nuestra corte pomposa, las luchas y las guerras,

O las salas templadas, los baños, la sedosa

Carne propicia de cuerpos aún no adultos,

O el reposo del tiempo en el jardín nocturno,

Y quisimos ser hombres sin adorar a dios alguno.

 COMENTARIO.

 Esta parte no necesita un largo comentario, lo dice todo el título de la misma: Los reyes llegando a la choza donde encontraron sólo una mujer y un viejo, ¡ah ¡ y un niño escondido en los brazos de la madre, rectificaron su esperanza, allí: Esperamos un dios, una presencia/Radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia… Hallamos una vida como la nuestra humana,… Sometida al destino de las almas,/Cosecha que la muerte ha de segarla.

CONCLUSIÓN: Pero ninguno /De nosotros su fe viva mantuvo/… Y quisimos ser hombres sin adorar a dios alguno.

 PARTE CUARTA: SOBRE EL TIEMPO PASADO

 Mira cómo la luz amarilla de la tarde

Se tiende con abrazo largo sobre la tierra

De la ladera, dorando el gris de los olivos

Otoñales, ya henchidos por los frutos maduros;

 

Mira allá las marismas de niebla luminosa.

Aquí, año tras año, nuestra vida transcurre,

Llevando los rebaños de día por el llano,

Junto al herboso cauce del agua enfebrecida;

 

De noche hacia el abrigo del redil y la choza.

Nunca vienen los hombres por estas soledades,

Y apenas si una vez les vemos en el zoco

Del mercado vecino, cuando abre la semana.

 

Esta paz es bien dulce. Callada va la alondra

Al gozar de sus alas entre los aires claros.

Mas la paz, que a las cosas en ocio santifica,

Aviva para el hombre cosecha de recuerdos.

 

Tiempo atrás, siendo joven, divisé una mañana

Cruzar por la llanura un extraño cortejo:

Jinetes en camellos, cubiertos de ropajes

Cenicientos, que daban un destello de oro.

 

Venían de los montes, pasados los desiertos,

De los reinos que lindan con el mar y las nieves,

Por eso era su marcha cansada sobre el polvo

Y en sus ojos dormía una pregunta triste.

 

Eran reyes que el ocio y poder enloquecieron,

En la noche, siguiendo el rumbo de una estrella,

Heraldo de otro reino más rico que los suyos.

Pero vieron la estrella pararse en este llano,

 

Sobre la choza vieja, albergue de pastores.

Entonces fue refugio dulce entre los caminos

De una mujer y un hombre sin hogar ni dineros:

Un hijo blanco y débil les dio la madrugada.

 

El grito de las bestias acampando en el llano

Resonó con las voces en extraños idiomas,

Y al entrar en la choza descubrieron los reyes

La miseria del hombre, de que antes no sabían.

 

Luego, como quien huye, el regreso emprendieron.

También los caminantes pasaron a otras tierras

Con su niño en los brazos. Nada supe de ellos.

Soles y lunas hubo. Joven fui. Viejo soy.

 

Gentes en el mercado hablaron de los reyes:

Uno muerto al regreso, de su tierra distante;

Otro, perdido el trono, esclavo fue, o mendigo;

Otro a solas viviendo, presa de la tristeza.

 

Buscaban un dios nuevo, y dicen que le hallaron.

Yo apenas vi a los hombres; jamás he visto dioses.

¿Cómo ha de ver los dioses un pastor ignorante?

Mira el sol desangrado que se pone a lo lejos.

Resultado de imagen de La miseria del hombre

 COMENTARIO

 También en este caso el título es ya su comentario; el poeta vuelve los ojos a un pasado en el que le contaron lo de los tres reyes magos que encontraron en una choza a un niño: Y al entrar en la choza descubrieron los reyes La miseria del hombre, de que antes no sabían. Es lo que el poeta sostiene hoy ya viejo.

 PARTE QUINTA .EPITAFIO

 La delicia, el poder, el pensamiento,

Aquí descansan. Ya la fiebre es ida.

Buscaron la verdad, pero al hallarla

             No creyeron en ella.

 Ahora la muerte acuna sus deseos,

Saciándolos al fin. No compadezcas

Su sino, más feliz que el de los dioses

             Sempiternos, arriba.

 COMENTARIO.

 En la lápida de los reyes ya muertos pusieron este epitafio: Buscaron la verdad, pero al hallarla No creyeron en ella. Así la muerte acuna sus deseos : y así hallaron la felicidad plena que el hombre anhela.

 CONCLUSIÓN .

 Cernuda no ha sido capaz de sacar una conclusión de unas premisas que él admite cuando dice: Oh Dios. Tú que nos has hecho para morir, ¿por qué infundiste a sed de eternidad, que hace al poeta? ¿ Acaso esa sed de eternidad implicada en la estructura humana no está pidiendo su realización ?

La reacción de Cernuda pone de manifiesto de nuevo su huida de Dios :Déjame a solas/ con mis obras humanas y su rechazo de Dios “mas tú no existes. Eres tan sólo el nombre/ que da el hombre a su miedo e impotencia”.

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quijotediscipulo 

1.-quijotediscipulo, ó ¿ Don Quijote predicador y teólogo ?es también el autor  de los siguientes blogs, todo ellos en wordpres.com

 sanchoamigo ó Sancho Gobernador de una Ínsula.

 elcuradellugar ó La Religión en el Quijote

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