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DIOS  Y LA FE CRISTIANA EN LA OBRA DE JOSÉ GARCÍA NIETO.

1.-Reseña biográfica.

2.- Obra poética y su carácter.

3.-Dios en la obra de José García Nieto.

4.-Algunos poemas religiosos comentados de José García Nieto.

EN COVALEDA CASA DE JOSÉ GARCÍA NIETO.

 1.-RESEÑA BIOGRÁFICA.

 José García Nieto nació en Oviedo el 6 de julio de 1914. Su infancia, que transcurrió entre Soria y Toledo, estuvo marcada por la pérdida de su padre a los seis años. Empezó la carrera de Ciencias Exactas, pero la abandonó para cursar Periodismo, en Madrid, ciudad en la que se instaló en 1929.

Desde sus primeros años en la capital contactó con el círculo literario Café Gijón. Su poética se inscribió dentro de la corriente de los llamados garcilasistas. Su intensa actividad intelectual se concretó en proyectos como la fundación de la revista Garcilaso que dirigió.

CON SU MADRE.

Junto a Pedro Lorenzo, lideró el grupo literario «Juventud Creadora». También dirigió las revistas Acanto —del Consejo Superior de Investigaciones Científicas—, Poesía Española y Mundo Hispánico —del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid—.

Durante la guerra civil española pasó un periodo en la cárcel y al concluir la contienda quedó en libertad.

El 15 de octubre 1951 contrae matrimonio con María Teresa Sahelices Martín en la iglesia parroquial de San Marcos de Madrid. Celebra la ceremonia el Padre Félix García. Entre los testigos, por parte de la novia, figura Camilo José Cela; por parte del novio, Gerardo Diego.

En 1982 se le nombró presidente del Círculo de Bellas Artes y el 28 de enero de ese mismo año fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua, en la que ingresó el 13 de marzo de 1983 para ocupar el sillón vacante de José María Pemán. En el acto de ingreso, José García Nieto fue presentado por Gerardo Diego y por Camilo José Cela.

También fue individuo de número del Instituto de Estudios Madrileños, académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y socio de mérito del Ateneo de Madrid.

En 1992 sufrió un ataque cerebral con graves consecuencias para su salud.

Obtuvo el Premio Cervantes de Literatura, máximo galardón de las Letras españolas que, pese a su delicado estado, pudo recibir personalmente, el 10 de diciembre de 1996.

El 27 de febrero de 2001 fallece en Madrid, a la edad de 87 años.

CON LOS REYES DE ESPAÑA.

2.- OBRA POÉTICA Y SU  CARÁCTER.

 Poeta, articulista y crítico literario, José García Nieto pertenece a la llamada generación del 36, de la que formaron parte, entre otros, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y Salvador Pérez Valiente.

García Nieto es una de las figuras más señeras de la corriente neoclásica de la posguerra española. Su obra, un ejemplo de lírica clara y armoniosa, se enmarca dentro de un paisaje lleno de esperanza, que canta a la plenitud de una existencia y que se rige de manera convincente por las formas métricas heredadas de la tradición renacentista.

Además de la poesía y obra ya dicha, García Nieto cultivó otros géneros literarios: cuentos y obras de teatro, adaptaciones de piezas del teatro clásico español…

Por la indiscutible calidad de su poesía, tanto por sus méritos intelectuales, ha sido objeto de numerosos galardones, entre otros, el Premio Nacional de Literatura «Garcilaso», en 1951; el Premio «Fastenrath» de la Real Academia Española, en 1955; el Premio Nacional de Literatura, en 1957; y en 1986 y 1987, respectivamente, los premios «Mariano de Cavia» y «González Ruano» de Periodismo.

 Asimismo, ha obtenido los premios «Hucha de Oro» (1972), «Juan Boscán» (1973), «Francisco de Quevedo» (1976), «Alcarabán» (1977), «Angaro» (1978), y un largo etcétera.

Publicó su primer poemario Víspera hacia ti  en (1940). Su obra abarca una treintena de libros, entre los podemos mencionar: Versos de un huésped de Luisa Esteban, Tú y yo sobre la tierra (1944); Retablo del ángel, el hombre y la pastora, Toledo (1945); Del campo y soledad (1946); Sonetos por mi hija, (1953); Corpus Christi y seis sonetos, (1962); Circunstancia de la muerte, La hora undécima (1963); Memorias y compromisos (1966); Facultad de volver, (1970); Taller de arte menor y cincuenta sonetos, (1973); Sonetos y revelaciones de Madrid (1976); Los cristales fingidos (1984), y Galiana (1986).( Cf. CVC. José García Nieto. Biografía.

cvc.cervantes.es/actcult/garcia_nieto/biografia.htm).

 3.-DIOS EN LA OBRA DE JOSÉ GARCIA NIETO.

 Unas palabras de José García Nieto en el acto de entrega del Premio Cervantes en 1996 pueden valer para iniciar la respuesta al tema de la religiosidad de nuestro autor, dicen así:

También soy un ente religioso. “Dios está aquí…” es el principio de un canto religioso. Yo cantaría “Dios está ahí…”. Es una cuestión de distancia. He tenido una fe sencilla y oracional, que va cambiando con el tiempo. Pero esto, Él lo sabe. Y espero que a mi debilitación se asome su misericordia, que creo infinita, porque es hermoso que lo crea…

Antes de todo era la esencia y en ella se derramó sobre todo, y en todo está todavía para el que sepa descubrirla. Si, Dios estaba como estuvo siempre en las cosas:

Gracias, Señor. porque

estás todavía en mi palabra;

porque debajo de todos mis puentes

 pasan tus aguas

(Cf.https://biblioteca.uah.es/otros/documentos/1996_JoseGarciaNieto.pdf)

Quizá sea en la primera parte de La red donde el tema de Dios aparece en la obra de Nieto

El  sentimiento religioso de nuestro autor se  descubre no sólo en los poemas que podrían calificarse como religiosos, como en los Versos para la Navidad y los sonetos sobre la Eucaristía, Corpus en Toledo…  sino en la consideración de toda la realidad tanto cósmica como humana   así por ejemplo lo  encontramos en El parque pequeño y Elegía en Covaleda aunque a veces  no deje de aparecer debilitado como en La hora undécima.

Otras veces  confiesa que Dios  responde a su llamada, y lo entrega  a los demás en un acto en el que el poeta se considera como el liturgo intermediario:

«Pero yo te convoco y Tú desciendes;
toco la luz y el corazón me enciendes.
Luego te entrego a los demás, Dios mío.

Puente soy que a tu paso me resiento;
hambre tengo y te doy por alimento
,
y abajo, con la muerte, suena el río.»

( Cf.«El oficiante», en Tregua, La red, Geografía es amor, Madrid, Espasa-Calpe, 1982, pág. 79.).-

4.-ALGUNOS  POEMAS RELIGIOSOS COMENTADOS DE JOSÉ GARCÍA NIETO.

 1.-CANCIÓN DEL PASTOR EN VELA.

 ¡No, que no puedo dormir!

El Niño está en el Portal.

¿Y si me lo llevan, dí?

En el Portal está el Niño,

 en el Portal que está abierto

Para ladrones y fríos.

Y si me lo levan, dí,

¿ quién lo podrá rescatar…?

No, que no pudo dormir.

No, que no me cierre el sueño

Los ojos con que velar

La luz del Portal abierto.

Que si se llevan de aquí

La luz del mundo mañana

¿ quién me traerá el día, dí… ?

Déjame sueño, sin sueño

Que si se llevan su luz

Voy a despertarme ciego.

Que si se lo llevan, dí

¿Podrán los ojos del llanto

Descansar para dormir …?

 COMENTARIO.

La canción no necesita comentario, el argumento, sin embargo, sin fundamento bíblico, tiene su originalidad, ¿ se quedó un pastor velando mientras María y José dormían ?

Puestos a especular hasta podemos hacer teología: el Portal está para todos abierto, todos pueden entrar desde el pecador ladrón, ¿ acaso no fue un ladrón el primero que entró en el paraíso ? al tibio helado por muchos fríos; en él, por el que en él mora, todos pueden hallar luz, salvación y rescate, él sería el rescatador nunca y en ningún caso necesitado de rescate.

Lleva razón el pastor cuando habla del peligro de quedarse ciego. pues sin el que es la luz del mundo ¿ qué otra cosa se puede esperar ?

El poema, por lo menos, es una buena felicitación para la Navidad.

 2.-GRACIAS , SEÑOR.

 Gracias, Señor, porque estás

todavía en mi palabra;

porque debajo de todos

mis puentes pasan tus aguas.

Piedra te doy, labios duros,

pobre tierra acumulada,

que tus luminosas lenguas

incesantemente aclaran.

Te miro; me miro. Hablo;

te oigo. Busco; me aguardas.

Me vas gastando, gastando.

Con tanto amor me adelgazas

que no siento que a la muerte

me acercas…

Y sueño…

Y pasas.

Hombre, te vas quedando mudo

cuando conoces las palabras.

No te dicen lo que decían

allá en el aire de tu infancia

cuando, en lucha por poseerlas

y no tenerlas encerradas,

ibas del corazón que pide

hasta los labios que proclaman.

Pero te vas quedando mudo

de conocerlas, de apresarlas,

de mezclarte, tú que eres tierra,

con su antigua, celeste gracia,

de repartirlas como lluvia

entre los surcos de tu alma

y ver tan lejos la cosecha,

tan repetida la jornada,

de sol a sol tus campos yertos,

y de silencios acechada

tu soledad donde no encuentras

más música que la que hablas.

Hombre, te vas quedando mudo,

y tenías sólo palabras.

¿Qué llevarás al Dios que espera

y va acortando tus distancias… ?

 COMENTARIO.

 El poema contiene la idea que nuestro autor repetiría en el acto de entrega del Premio Cervantes a la que nos hemos en el párrafo anterior. Después de decir: Gracias, Señor, porque estás todavía en mi palabra; el poeta hace como una historia de esa presencia a través de su vida, una presencia que por un lado, se siente iluminada por otras palabras de gracia , las de Dios,  y por otro, le van dejando mudo conforme pasa el tiempo y se  va acercando el momento del encuentro con un Dios que va acortando distancias, algo que no deja de inquietarle pues: ¿Qué llevarás al Dios que espera…?

Una sugerencia: se cuenta que Santo Tomás de Aquino al final de su vida dejo de escribir después de haber tenido una visión de Dios en la  que éste le dijo: bien has escrito de mi Tomás ¿ qué quieres en recompensa? el santo contestó: a  Ti sólo,Señor¡

 3.-EL HACEDOR

 Entra en la playa de oro el mar y llena

la cárcava que un hombre antes, tendido,

hizo con su sosiego. El mar se ha ido

y se ha quedado, niño, entre la arena.

 

Así es este eslabón de tu cadena

que como el mar me has dado. Y te has partido

luego, Señor. Mi huella te ha servido

para darle ocasión a la azucena.

 

Miro el agua. Me copia, me recuerda.

No me dejes, Señor; que no me pierda,

que no me sienta dios, y a Ti lejano…

 

Fuimos hombre y mujer, pena con pena,

eterno barro, arena contra arena,

y sólo Tú la poderosa mano.

COMENTARIO.

 El soneto, que forma parte del bloque de sonetos de García Nieto a su hija, es una descripción de la colaboración de los padres con Dios, el verdadero Hacedor que actúa, también en este caso, con su  poderosa mano. en el engendro de sus hijos.

Lo expresa con esta bella imagen con la que da comienzo el soneto: Alguien  retiró su cuerpo tendido  sobre la arena y quedó esculpida en ella  la huella de su figura. El hueco se  llenó con el  de agua del Mar, Dios,  el Mar  se retiró  y quedó como niño pequeño entre la arena: Mi huella te ha servido para darle ocasión a la azucena.

Mirando el agua, nueva criatura, la siente una copia y un recuerdo  y se dirige a Dios con una inteligible súplica, para terminar recordando que hombre y mujer fueron un simple instrumento de Dios.

 4.- LA HORA UNDÉCIMA .

 En la sombra sin nadie de la plaza,

la espalda de la amada y su silencio;

en la sombra sin nadie de la plaza,

aquel niño de Batres, mudo y quieto;

en la sombra sin nadie de la plaza,

mis hijos, solos, vadeando el sueño…

             

Y han pasado las horas, y las luces

distintas; los videntes y los ciegos

han pasado -la plaza está vacía-;

los torpes han pasado, y los despiertos,

y los del pie descalzo y la sandalia

rota; los de la cera, los del fuego,

los de la miel, los del dolor pasaron…

             

La plaza, sola. Un hombre, solo, en medio.

Del señor que llamaba, apenas queda

una huella levísima en el suelo.

Se detuvo en la arena como si algo

le faltara. Miró a su espalda. Luego

llamó otra vez. Y otra. Y todavía

otra. Pero ya nadie oía; pero

nadie abrió los balcones, las ventanas,

las torpes barricadas de su encierro.

             

El hombre, el hombre, qué delgada ruina,

qué abdicación, qué torre sin cimiento,

qué nube hacia otras nubes deshilándose,

qué carbón imposible hacia otro fuego.

El hombre, el hombre, el hombre, el hombre, el              

      hombre

qué redoble de letras en un cuero

rajado, qué bandera mancillada,

qué cristal defendiéndose en el cieno,

qué fuerza para nada, contra nada,

qué rama malherida por el viento,

qué triste perdidizo en la tristeza,

qué soledad en soledad naciendo…

El hombre, el hombre, todavía el hombre;

yo, el hombre, ya lo he dicho; yo, en el miedo

de un bosque, en las fronteras de una isla

-el agua junto al pie, y el alma al cuello-;

yo, el hombre, sí, yo mismo, yo, más solo

que tú, hombre como yo; tanto o más lejos

de la verdad que tú, o acaso menos,

o acaso más…

      Oh, qué torpeza el hombre;

oh, qué locura el hombre; oh, qué destierro,

qué cueva sin salida, qué raíces

sucias de tierra, qué turbión, qué dédalo,

qué picador en lo hondo de una mina

sin la luz encendida del minero…

             

El hombre, yo, lo he dicho ya, creía

que siempre habría más, que habría tiempo

para más. ..¿Para qué, niño de Batres?

¿Para qué que no sea tu silencio

junto al pan en la tarde; con tus ojos

volcados en la nada, en Dios inmersos?…

El hombre, yo, junto al girar del cántaro,

que busca sin descanso, aquí, en el centro

de la plaza, a la orilla del arado,

o en el arado mismo, junto al hierro

resplandeciente de la vertedera,

¿está definitivamente ciego?…

             

Vas a pasar, Señor, ya sé quién eres;

tócame por si no estoy bien despierto.

Soy el hombre, ¿me ves? , soy todo el hombre.

Mírame Tú, Señor, si no te veo.

No hay horas, no hay reloj, ni hay otra fuerza

que la que Tú me des, ni hay otro empleo

mejor que el de tu viña…

      Pasa…

      Llama…

Vuelve a llamarme…

      ¿Qué hora es? No cuento

ya bien. ¿Es la de sexta? , ¿la de nona? ,

¿la undécima? ¿O ya es tarde?

      Pasa…

      Quiero

seguir, seguirte…

      Llama. Estoy perdido;

estoy cansado; estoy amando, abriendo

mi corazón a todo todavía…

Dime que estás ahí, Señor; que dentro

de mi amor a las cosas Tú te escondes,

y que aparecerás un día lleno

de ese amor mismo ya transfigurado

en amor para Ti, ya tuyo. ..

      El ciego,

el sordo, anda, tropieza, vacilante,

por la plaza vacía.

      Ya no siento

quién soy. No me conozco…

      ¡Grita! ¡Nómbrame,

para saber que todavía es tiempo!…

Hace frío…

      ¿Será que la hora undécima

ha sonado en la nada?…

      Avanzo, muerto

de impaciencia de estar en Ti, temblando

de Ti, muerto de Dios, muerto de miedo.

             

Yo soy el hombre, el hombre, tu esperanza,

el barro que dejaste en el misterio.

 COMENTARIO.

 El poema presenta en una primera parte una triste y pobre visión del hombre, de la humanidad entera. Es una muestra de la inseguridad cristiana del poeta.

 Del hombre sin embargo se puede decir de todo, pequeñez, maldad, inutilidad,… pero también grandeza, el hombre una caña pero una caña pensante, que decía Blas Pascal

En la segunda parte aparece lo que para el poeta puede ser la salvación y plenitud humana: Dios nunca es tarde para alcanzar esa plenitud si el hombre vuelve a su principio. Rememorando el pasaje del evangelio donde sale el amo en busca de trabajadores alos largo del día (Cf , Mt 20, 1-16); el poeta se sitúa silencioso y solitario en la plaza a la hora undécima, ya bien entrada la tarde,  con la esperanza de que al final también él se vea contratado y así plenificado. Porque para Dios según la revelación cristiana siempre hay tiempo, nunca es tarde.

5.-¿ POR QUÉ , DE PRONTO ASÍ…?

¿Por qué, de pronto, así, reconciliado
con todo: con el mundo y su armonía?
Señor, en esta tarde, tuya y mía,
dame que se haga eterno tu cuidado.

¿Por qué sin esperarte has esperado
a un corazón que hacia el desierto huía?
¿Por qué me has dicho: “Hay tiempo todavía
para recuperar al olvidado”?

Atrás mi casa “estaba sosegada”;
se quedaba en mis hijos la mirada;
habías Tú dispuesto mesa y vino.

Y he salido a buscarte, y a perderme,
y a herirme con tu espada… Solo, inerme,
me has dejado en un alto del camino.

COMENTARIO.

 El poeta interroga a Dios el motivo por el que ha retardado su eterno encuentro con Él , precisamente cuando el piensa que estaba en el mejor momento para ese encuentro: ¿Por qué me has dicho: “Hay tiempo todavía para recuperar al olvidado”?

¿ La respuesta?: Solo, inerme,
me has dejado en un alto del camino.

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 elcaballerodelverdegaban.

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