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LA SERENA VERDAD SOBRE DIOS EN LA OBRA DE BLAS OTERO.

 Estos son los puntos a desarrollar en  el tema:

1.-Reseña biográfica.

2.-Etapas en la obra de Blas Otero.

3.-Listado de sus obras.

4.-Dios en las diversas etapas de la obra de Blas Otero.

5.-Concluyendo.

HOMENAJE A BLAS OTERO EN BILBAO.

1.-RESEÑA BIOGRÁFICA.

Blas de Otero nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao. A los 7 años entró en el colegio de Juana Whitney, madre de María de Maeztu; el preparatorio e ingreso de Bachillerato lo estudiaría en un colegio de jesuitas.

Cuando tenía 13 años murió su hermano, tres años mayor que él. Tres años después falleció su padre. En 1931 comenzó la licenciatura de Derecho; poco después tuvo que abandonarla para volver a Bilbao con su familia.

La situación de ruina económica tras la desaparición del padre, lo que impuso el regreso a la ciudad natal.

Ya de vuelta en Bilbao, Blas de Otero se encontró con que debía llevar adelante a la familia, a la vez que cursaba por libre sus estudios de Derecho. La situación supuso demasiado peso para su frágil estabilidad emocional, que se quebró.

El joven Otero empezó a padecer serias crisis nerviosas. Encontró tres apoyos para mantenerse cuerdo: la religión, la amistad y el arte. Su vida religiosa, por aquel entonces, era muy intensa. Miembro de la Federación Vizcaína de Estudiantes Católicos, congregante de Los Luises de San Estanislao de Kostka

También comenzó a moverse en los ambientes artísticos de su ciudad; junto a un grupo de amigos creó distintos grupos poéticos: en un primer momento «Los Luises»; después vendría «Alea» y finalmente «Nuestralia», su particular torre de cristal

. El poeta se debatía entre su vocación poética, que le exigía una vida bohemia, y la necesidad de trabajar para mantener a su familia. En 1935 acabó Derecho en Zaragoza; poco después empezó la Guerra Civil, que pasó para él sin pena ni gloria.

En 1941 comenzó a trabajar como asesor jurídico a la vez que veía crecer su prestigio como escritor. En 1943, incapaz de soportar el conflicto con su vocación, volvió a Madrid para matricularse en Filosofía y Letras, con el plan de emular a otros poetas-profesores y ganar cátedra de Literatura

 A partir de entonces se dedicó a enseñar Derecho por lo particular y a preparar oposiciones.

En 1945 sufrió una terrible crisis depresiva que lo llevó a recluirse en el sanatorio de Usúrbil.

.En estos años nacieron, casi íntegramente, las tres obras de su ciclo existencial: Ángel fieramente humanoRedoble de conciencia y Ancia.

Seleccionando poemas inéditos, junto a otros publicados en diversas revistas de la época, salió Ángel fieramente humano, obra que presentó al premio Adonais que no logró. En 1950, sin embargo, ganó el premio Boscán con Redoble de conciencia.

En 1950 conoció en París a la actriz y poeta vasca Tachia Quintanar, con quien mantuvo una relación amorosa y una buena amistad durante toda su vida.

Desde 1955 ya fue considerado uno de los grandes poetas de la posguerra.

La soledad de Blas de Otero crecía con su prestigio. Su búsqueda de un «tú» con el que dialogar había fracasado. No obstante, encontró una manera de mitigar su soledad: el encuentro con los otros, ser hombre entre los hombres. Así apareció el «nosotros» en su poesía: un cambio en su poética que no sólo significó una nueva dimensión en su obra, sino también el descubrimiento de la solidaridad humana, que terminó con su crisis y le devolvió la paz espiritual. La poesía del desarraigo pasó a ser poesía del encuentro.

Su extraño sentimiento hacia España, de amor y repulsión a la vez, lo llevó al autoexilio en París. Allí accedió a los círculos comunistas e incluso se afilió en 1952 al Partido Comunista por afinidad, si no política, sin duda ideológica: en él veía cristalizados sus ideales humanistas.

Si el odio lo había llevado lejos de España, el amor le hizo volver: la gran añoranza que sentía por su tierra le hizo sumirse en nuevas crisis emocionales y depresivas. A finales del mismo año regresó con la firme convicción de conocer a fondo su país y tratar con el pueblo llano.

Convivió y trabajó con mineros; recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino. El compromiso que adquirió con la gente de a pie le empujó a terminar Pido la paz y la palabra y a escribir En castellano.

Entre 1956 y 1959 vivió en Barcelona, donde frecuentó los grupos artísticos locales. Allí le censuraron En castellano, pero publicó Ancia, resultado de la suma de Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, más algunos poemas nuevos. Aunque se sitúe cronológicamente en la época social de su poesía, la temática corresponde a la época anterior, para la que sirvió de epílogo y broche final. Ancia ganó el Premio de la Crítica en 1958 y el Premio Fastenrath en 1961.

En 1960 viajó a la URSS y China invitado por la Sociedad Internacional de Escritores. Por esta época se publicaron (siempre fuera de España por culpa de la censura) Esto no es un libro (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964).

En 1964 se trasladó a Cuba, donde le fue concedido el Premio Casa de las Américas. Allí conoció a la cubana divorciada Yolanda Pina, con la que se casó. Durante tres años vivió en La Habana con ella; en 1967 se divorció y regresó a Madrid, donde reanudó la antigua amistad y el amor con Sabina de la Cruz. Su relación con ella duró hasta la muerte del poeta y le dio la estabilidad definitiva. Fueron días de paz espiritual, tranquilidad emocional y pasión creadora.

Su enfrentamiento con el franquismo, al que había visto nacer, crecer y morir, fue constante. Anheló y cantó la democracia durante 40 años; luchó por ella, e incluso apareció en mítines, conferencias y recitales en las primeras elecciones. Sin embargo, no llegó a ver completamente realizado su sueño.

El 29 de junio de 1979 murió en Majadahonda (Madrid) de una embolia pulmonar, habiendo cumplido con sus preceptos vitales y al final de una larga búsqueda, vital pero también poética. Está enterrado en el cementerio civil de Madrid.( Cf. WIKIPEDIA)

 2.-LAS ETAPAS EN LA OBRA DE BLAS OTERO.

 La obra de Blas de Otero se encuentra dividida en cuatro etapas:

a) Primera Etapa:

En la primera Etapa, que constituye su poesía inicial, se encuentra “Cántico espiritual”, publicada en 1942 marcada por una gran religiosidad, se perciben las influencias de la mística española, en especial de los poetas san Juan de la Cruz y fray Luis de León.

b).-Segunda Etapa

Más adelante, a raíz de una crisis existencial en la que influyó la obra de Dámaso Alonso “Hijos de la ira”, Blas de Otero desecharía esta poesía primeriza e iniciaría una etapa de poesía desarraigada, con dos obras importantes: “Ángel fieramente humano” en 1949 y “Redoble de Conciencia” una año después. Ésta última obra fue galardonada con el Premio Boscán, tras el cual Otero vendió su biblioteca y se trasladó a París, donde militó en el partido comunista, ya que su ideología no comulgaba con el régimen franquista.

Con el tiempo, comienza en el poeta un cambio interior que lo acerca a lo colectivo, experimentando, en cuanto a ideología, un giro radical, que va desde un cristianismo dramático a un marxismo militante.

c) Tercera Etapa.

 Estamos ante una etapa en la que domina el “yo” del poeta, con sus problemas, su angustia existencial… Su poesía es asimismo de corte existencial ya que se interroga sobre el sentido de la existencia, del mundo, del hombre. En muchos momentos, sus poemas pueden considerarse religiosos por dirigirse a un Dios “terrible” que se asemeja más bien al del Antiguo Testamento. Es un Dios al mismo tiempo anhelado e incomprensible ya que guarda silencio ante las injusticias que sufre el hombre. Le gustaría que Dios fuese ese refugio al que pudiese acudir el hombre para soportar el dolor, pero no es así, por lo que se siente desamparado.     

La religiosidad de Blas de Otero entra en crisis. Por este motivo buscará la eternidad y la realización vital en el amor encarnado en una mujer, pero el resultado será igualmente frustrante.

Así, sólo le quedará una vía para salir de la soledad y abandonar la angustia profunda en que se encuentra sumido: los demás hombres. Se produce de este modo un acercamiento al “nosotros”. Aquí planteará el problema del sufrimiento en general, de los demás hombres. A partir de ese momento sólo importará ser hombre, sin esperar ninguna solución extraterrenal.

Blas de Otero, al creer en los hombres, recobrará la esperanza y decidirá escribir definitivamente para el hombre, conectando así con la poesía social de Pido la paz y la palabra (1955) al que siguen En castellano (1959) (año en el que obtiene el Premio de la Crítica), y Que trata de España (1964) título que englobará luego a los tres libros. En ellos expresa su anhelo de paz, su ansia de libertad y la esperanza de un futuro distinto para el mundo, pero particularmente para España, utilizando un lenguaje sencillo, que sin dejar de ser poético llegue a las mayorías.

En sus poemas en versos libres aparece – en ocasiones – una amarga ironía, muy original. En Ancia (1958), Blas de Otero reunió en un solo volumen los poemas que en un primer momento incluyó en Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), a los que añadiría varios poemas nuevos.

d) Cuarta Etapa:

Ya en su última época, la poesía final, publica “Mientras” e “Historias fingidas y verdaderas” en 1970 y va componiendo, entre otras, las poesías de Hojas de Madrid (1968-1979).

Durante este tiempo visita las grandes naciones comunistas de la época, la Unión Soviética, China y Cuba, aunque en 1968 tiene que regresar a España debido al avanzado estado de su cáncer.

Blas de Otero fallece en Madrid el 29 de julio de1979 en compañía de Sabina de la Cruz, cuatro años después de la muerte de Franco, y habiendo vivido al fin la legalización del partido comunista en España.

La obra de Blas de Otero no es muy numerosa pero ha sido uno de los máximos exponentes de la literatura de posguerra y al que muchos poetas posteriores le son deudores, por su lirismo y compromiso social, en definitiva, uno de los poetas más importantes de España del siglo XX( Cf. Blas de Otero (1916-1979): Biografía y Obra – Rincón castellano www.rinconcastellano.com/cont/blasdotero.html)

3.-LISTADO DE SUS OBRAS.

 POESÍA.

 Cuatro poemas, Editor J. Díaz Jácome, 1941.

Cántico espiritual, Cuadernos del Grupo Alea, San Sebastián, 1942.

Ángel fieramente humano, Ínsula, Madrid, 1950.

Redoble de conciencia, Instituto de Estudios Hispánicos, Barcelona, 1951.

Pido la paz y la palabra, Ediciones Cantalapiedra, Torrelavega (Santander), 1955.

Ancia, Editor Alberto Puig, Barcelona, 1958. Prólogo de Dámaso Alonso.

En castellano, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1960.

Que trata de España, Ruedo Ibérico, París, 1964.

Historias fingidas y verdaderas, Alfaguara, Madrid, 1970.

Pido la paz y la palabra, Lumen, Barcelona, 1975. Introducción de José Batlló, primera edición completa en España.

Hojas de Madrid con La galerna, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2010. Edición de Sabina de la Cruz, prólogo de Mario Hernández.

 ANTOLOGÍAS.

 Antología (y notas), Mensajes de Poesía, Vigo, 1952.

Esto no es un libro, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1963.

Expresión y reunión (1941-1969), Alfaguara, Madrid, 1969.Reedición (1981)

Mientras, Javalambre, Zaragoza, 1970.

País (1955-1970), Plaza y Janés, Barcelona, 1971. Prólogo de José Luis Cano.

Verso y prosa, Cátedra, Madrid, 1974 (edición del autor).

Todos mis sonetos, Turner, Madrid, 1977. Prólogo de Sabina de la Cruz.

Poesía con nombres, Alianza, Madrid, 1977.

Blas de Otero para niños, Ediciones de la Torre, 1985. Edición de Concha Zardoya, ilustraciones de Marina Seoane.

Poemas de amor, Lumen, Barcelona, 1987. Edición de Carlos Sahagún.

Poesía escogida, Vicens Vives, Barcelona, 1995. Edición de Sabina de la Cruz y Lucía Montejo.

Mediobiografía (Selección de poemas biográficos), Calambur, Madrid, 1997. Edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández.

Poemas vascos, Fundación Blas de Otero y Ayuntamiento de Bilbao, Bilbao, 2002. Selección y prólogo de Sabina de la Cruz.

Antología poética, Castalia, Madrid, 2007. Edición de Pablo Jauralde Pou.

 INÉDITOS.

 Poesía e historia.

Nuevas historias fingidas y verdaderas.

 OBRAS COMPLETAS

 Blas de Otero. Obra completa (1935-1977). Edición de Sabina de la Cruz con la colaboración de Mario Hernández. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2013. 1274 p. ISBN 9-788481-099553.

 4.-DIOS EN LAS DIVERSAS  ETAPAS DE LA OBRA DE BLAS OTERO.

 En los párrafos anteriores hemos hecho ya referencia a la actitud religiosa de Blas Otero en las diversas etapas de su vida, actitud que ha quedado claramente reflejada en su obra, a continuación incidimos en el mismo tema con referencias aún más concretas que las ya anteriormente indicadas, sirviéndonos de un artículo de José Alberto Garijo Serrano que transcribimos a continuación.

 1.1. LA IMAGEN DE DIOS EN LA POESÍA DEL PERIODO DE FORMACIÓN (1935-1950)

 La obra representativa de este periodo es Cántico espiritual (1942), rememorando a san Juan de la Cruz. Es una poesía de corte místico que busca la ascensión del hombre en la búsqueda de Dios.

Un ejemplo es este soneto que da inicio a Cántico espiritual,en el que se aprecia la influencia de los místicos castellanos –la «herida del amor» tan presente en la poesía castellana desde el Cancionero, el anhelo de lo divino, la dulzura del encuentro con el Amado y el dolor de la ausencia–, llenos del sosiego de la religiosidad juvenil, pero en el que destaca ya con fuerza el Yo del poeta que interpela directamente a Dios, y que será frecuente en la etapa existencialista:

Todo el amor divino, con el amor humano,

me tiembla en el costado, seguro como flecha.

La flecha vino pura, dulcísima y derecha:

el blanco estaba abierto, redondo y muy cercano.

 

Al presentir el golpe de Dios, llevé la mano,

con gesto doloroso, hacia la abierta brecha.

Mas nunca, aunque doliéndose, la tierra le desecha

al sembrador, la herida donde encerrar el grano.

 

¡Oh Sembrador del ansia; oh Sembrador de anhelo,

que nos duele y es dulce, que adolece y nos cura!

Aquí tenéis, en haza de horizontes, mi suelo

 

para la vid hermosa, para la espiga pura.

El surco es como un árbol donde tender el vuelo,

con ramas infinitas, doliéndose de altura.

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 1.2. LA IMAGEN DE DIOS EN LA ETAPA EXISTENCIAL. O DE «POESÍA DESARRAIGADA» (1950-1955)

 En España, en la época que Ricardo Gullón llama de la «generación escindida»,o de lo que Dámaso Alonso llama «poesía desarraigada», surgen poetas para los que«el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla»

 El verso de Blas de Otero en la etapa de poesía desarraigada es,como decía Dámaso Alonso, «áspero, no por otra cosa, sino porque se corresponde con el derrumbamiento en huida del mundo y de su imagen del mundo»

.En la trayectoria  de Blas de Otero esta corriente viene representada por Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), recogidos y completados con ocho poemas más en Ancia (1958).

 a).-La temática de Dios, el hombre y el vacío en Ancia.

 El enfrentamiento con Dios en Ancia se encuadra en la ruptura con la religiosidad tradicional que sufre Blas de Otero a mediados de la década de los ’40. Surge, como él mismo dice, en el poema «Tierra»:

Un hombre como un árbol desgajado.

Una generación desarraigada.

Unos hombres sin más destino que

apuntalar las ruinas.

.En ella se dibuja el triángulo hombre – muerte – Dios, que a menudo se simbolizan respectivamente mediante las metáforas árbol – mar – cielo. El hombre aparece como «árbol» (con las raíces metidas en tierra, pero con las ramas levantadas hacia Dios y la eternidad, zarandeado por el viento que lo arranca de la tierra), como en el segundo cuarteto del soneto «Soledad», en el que, en un ingenioso desplazamiento rápido de la metáfora desde el ámbito vegetal al náutico, el hombre es simultáneamente «árbol» y «arboladura»:

Árbol de Dios, oh sí, arboladura

hundida al fondo donde el hombre ama;

y, desde allí, mortal, eterna, clama,

reclama, sueña eternidad y altura.

 La muerte, por otro lado, se simboliza como «mar» (amenazador, negro, violento, agitado), y Dios como «cielo» (eternidad, luz), pero a veces también como «mar»(oscuro, violento), tal como expresa, por ejemplo, el poema «Hombre»:

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.

Abro los ojos, me los sajas vivos.

Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.

Ser –y no ser– eternos, fugitivos.

¡Angel con grandes alas de cadenas!

La voz del poeta se hace grito desgarrado desde lo hondo de su condición mortal y solitaria. Es la del ser humano que se sabe creación de Dios, pero abocado a la muerte,y que le pide cuentas a su Creador de por qué lo ha creado mortal. El «ser –y noser– eternos, fugitivos», con resonancias shakesperianas.

La muerte es el «abismo»que se presenta delante del poeta, y ante el cual grita y grita, «noche a noche». Perono hay respuesta. Dios no responde. Esta ausencia de Dios se expresa mediante imá-genes de realidades negativas emparentadas con los sentidos: el oído – el «grito» y el«silencio»–, la vista –la «noche»–y el gusto –la «sed»–En el poema «Ecce Homo» el poeta se presenta cara a cara ante Dios para pedirle una explicación:

En calidad de huérfano nonato,

y en condición de eterno pordiosero,

aquí me tienes, Dios. Soy Blas de Otero,

que algunos llaman el mendigo ingrato.

Grima me da vivir, pasar el rato,

tanto valdría hacerme prisionero

de un sueño. Si es que vivo porque muero,

¿a qué viene ser hombre o garabato?

Escucha cómo estoy, Dios de las ruinas.

Hecho un cristo, gritando en el vacío,

arrancando, con rabia, las espinas.

¡Piedad para este hombre abierto en frío!

¡Retira, oh Tú, tus manos asembrinas

–no sé quién eres tú, siendo Dios Mío!

  El tema de la «sed» recurre en los sonetos «Cara a cara» («vengo, Dios, a decirte –si no a verte– / mi inmensa sed, mi sed de ti: ahogándome»), «Sumida sed» («Te bebía, sentía, y te bebía, / solo, sediento, con palpar de ciego, / hambriento, sí, ¿de quién?, de Dios sería. / Hambre mortal de Dios, hambriento hasta / la saciedad, bebiendo sed, y, luego, / sintiendo, ¡por qué, oh Dios!, que eso no basta»).

El grito del poeta es el de Cristo coronado de espinas. Es su señal de identidad,que es la de un individuo concreto, no anónimo, ni generalizado. Tan concreto, como que es el mismo poeta: «Soy Blas de Otero».

Frente a este hombre con nombre y apellido, Dios aparece como un desconocido: «no sé quién eres tú, siendo Dios Mío!».

En ese «Soy Blas de Otero» parece resonar el momento en el que Dios revela su nombre a Moisés (cf. Ex 3,14), como resonaba también en unos versos de Cántico espiritual:

«Nada soy si no soy el que yo soy, / el que ha salido de Tus manos»

.Se trata de una autorrevelación del hombre. Por el contrario Dios se esconde detrás del sufrimiento del que no quiere dar cuentas, detrás de sus «manos asembrinas» (asesinas + siembra).

La mano de Dios que pesa implacable sobre el hombre recuerda el texto de Job y de los Salmos:

Ojalá se cumpliera mi petición

y Dios me concediera lo que espero:

que Dios quisiera aplastarme,

que soltara su mano y acabara conmigo (Job 6,8-9)

Tened compasión de mí, compañeros,

porque la mano de Dios me ha golpeado (Job 19,21).

Tus flechas se me han clavado,

tu mano pesa sobre mí (Sal 38,3).

Retira tu herida de mí

perezco a causa de la dureza de tu mano (Sal 39,11).

 b) El recurso a la intertextualidad.

 La crítica literaria ha señalado frecuentemente el repetido uso de la intertextualidad en Blas de Otero En sus poemas resuenan los clásicos castellanos (Quevedo, Góngora, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, César Vallejo), los ecos del habla coloquial, la liturgia católica, la espiritualidad juvenil (San Juan de la Cruz) y, por supuesto, la Biblia.

A veces mediante juegos de palabras, como en el poema «Y el verso se hizo carne», –donde trata de su idea de la poesía y dice que anda «buscando un verso que se siente / en medio de los hombres»–, o en «Tu reino es de este mundo» –en el que trata del sufrimiento–, o en «Encuesta», en verso libre, lleno de fórmulas litúrgicas, pero en el que expresa su decepción frente a los poetas, la Biblia –que es tan inútil para buscar una respuesta al sufrimiento como la misma guía telefónica– y la espiritualidad aprendida.

Los textos bíblicos están presentes en estos poemas frecuentemente no mediante citas directas, sino mediante imágenes y expresiones que apuntan hacia ellos en un juego intertextual que requiere la colaboración del lector que conoce esos textos. Otero trasponelas imágenes bíblicas a su propia experiencia de desarraigo. Podemos apreciar los recursos intertextuales bíblicos, por ejemplo, en un poema como «Muerte en el mar»:

 Si caídos al mar, nos agarrasen

de los pies y estirasen, tercas, de ellos

unas manos no humanas, como aquellos

pulpos viscosos que a la piel se asen…

Ah, si morir lo mismo fuese: echasen

nuestros cuerpos a Dios, desnudos, bellos,

y sus manos, horribles, nuestros cuellos

hiñesen sin piedad, y nos ahogasen…

Salva, ¡oh Yavé!, mi muerte de tu muerte.

Ancléame en tu mar, no me desames,

Amor más que inmortal. Que pueda verte.

Te toqué, oh Luz huidiza, con las manos.

No seas como el agua, y te derrames

para siempre, Agua y Sed de los humanos.

 O en esta súplica:

 SALMO POR EL HOMBRE DE HOY.

 Salva al hombre, Señor, en esta hora

horrorosa, de trágico destino;

no sabe a dónde va, de dónde vino

tanto dolor, que en sauce roto llora.

Ponió de pie, Señor, clava tu aurora

en su costado, y sepa que es divino

despojo, polvo errante en el camino;

mas que tu luz lo inmortaliza y dora.

Mira, Señor, que tanto llanto, arriba,

en pleamar, oleando a la deriva,

amenaza cubrirnos con la Nada.

¡Ponnos, Señor, encima de la muerte!

¡ Agiganta, sostén nuestra mirada

para que aprenda, desde ahora, a verte!

 El «mar» es protagonista habitual en el imaginario simbólico de Blas de Otero, reminiscencia de sus orígenes bilbaínos.

Además del empleo de términos inusuales («ancléame», «desames»), estos versos presentan claras referencias bíblicas a Dios como «mar», como «luz» y como «agua», reforzadas por el sorprendente uso del término «Yavé», que necesariamente nos remite al Dios del Antiguo Testamento:

a) Dios como mar. En las imágenes marinas resuenan los salmos en los que se invoca a Dios que salve el alma / la vida (ׁנפש (ׁde la muerte (cf. Sal 33,19; 56,14; 89,49;116,8), e incluso a la oración de Jonás (cf. Jon 2,3-10).

Pero en este poema, Otero expresa con una paradoja de fuerte calado expresivo que la vida no es vida, sino muerte, cuando en lugar de decir «Salva, ¡oh Yavé!, mi vida de la muerte!» –como sería lógico esperar– dice «Salva, ¡oh Yavé!, mi muerte de la muerte», porque la vida es, paradójicamente, una muerte, es saberse abocados a la aniquilación, ser un ser para la muerte.

b) Dios como luz. En las imágenes de la luz reaparecen los milagros de la curación del ciego de Mc 5,22-26 en el que Jesús toca los ojos del ciego y, sobre todo, el ciego de nacimiento de Jn 9.

En el «Que pueda verte» resuena el grito del ciego Bartimeo de Mc 10,46-52, y el anhelo del salmista por «ver a Dios»(cf. Sal 27,8; 84,8) e incluso el de Job que por fin recaba de Dios una respuesta y puede verlo (cf. Job 42,5).

c) Dios como agua y sed. Las imágenes de Dios como «agua» y «sed» se hacen eco del Sal 63 («Mi alma está sedienta de ti»), de los pasajes en los que Dios da agua en el desierto (cf. Ex 15,22-27; 17,1-7) y, sobre todo, de los pasajes de la Samaritana (Jn 4,1-42) y de Jesús en la cruz (Jn 19,28-34), en los que Jesús simultáneamente tiene sed y ofrece agua. El oxímoron sed –agua, como vemos, ya está presente en los textos joánicos.

La súplica desesperada a Dios, que parece ser el causante del sufrimiento y, sin embargo, permanece callado, está también presente, por ejemplo, en Sal 102. También Job suplica «¡Ojalá sucediera lo que pido, y Dios me diera lo que espero! ¡Ojalá quisiera Dios aniquilarme, dejarme de su mano y aventarme!» (Job 6,8-9) y «¿Hasta cuándo seguirás vigilándome, sin darme tregua ni para tragar saliva?» (Job 6,19)

.1.3. LA IMAGEN DE DIOS EN LA ETAPA SOCIAL O HISTÓRICA (1955-1964).

La etapa social o histórica de Blas de Otero viene representada por Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959), y Que trata de España (1964), en los que e linterés se vuelve hacia la situación social e histórica de la España del momento, abandonando los temas más existenciales.

 En la poesía de la etapa social el hombre ya no aparece como ser débil, arbóreo, angustiado. Ahora surge un hombre nuevo considerado en su dignidad y en su capacidad de transformar el mundo. Por eso puede afirmar:

«Creo en el hombre». Dios, Jesucristo, los dogmas, se disuelven ante la críticadespiadada del poeta, como en Poesía con nombres.

Esta forma de enfrentar la confesión de fe cristiana es patente en el poema «A la resurrección de Cristo»:

Cuentan que una mañana, aun oscuro,

una mujer –María Magdalena,

dicen– vino a un sepulcro; y vio llena

de susto, atrás la losa, contra el muro,

Y dicen que le dijo un ángel

 ¿Por qué, mujer, tu pena?

Ha resucitado como dijo

 delante nadie sellará seguro.

Esto cuentan. Y dicen más: que Cristo

de pie, habló: María. Y ella: Maestro

Juan 20,16 (Rabboni).

al Señor y me ha dicho…

Dicen, cuentan.

Pero, yo digo, con Thomás: Si

1 tro dedo… No sea que los Cuatro mientan.

( Cf. [PDF]El rostro de Dios en la poesía de Blas de Otero y Yehuda Amijaihttps://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/download/43045/40854 de

 5.-CONCLUYENDO.

 A pesar de todo lo dicho la idea, los sentimientos, los anhelos, las esperanzas … que por cima de todas la vicisitudes y cambios en la vida y obra de Blas Otero, quedan como algo que siempre permanece es lo que el mismo manifiesta en el siguiente poema con el que terminamos nuestro tema:

MONUMENTO A BLAS OTERO EN BILBAO

 SERENA VERDAD

 Hay un momento, un rayo en rabia viva,

entre abismos del ser que se desgarran,

en que Dios se hace amor, y el cuerpo siente

su delicada mano como un peso.

Hemos sufrido ya tanto silencio,

hemos buscado, a tientas, tanto; estamos

tan cubiertos de horror y de vacío,

que, entre la sombra, su presencia quema.

Grandes dolores, con su hambre inmensa,

nos comieron las ansias; mas ninguno

es como tú, dolor de Dios: león

del hombre; hambre inmortal; sed siempre en vilo.

Pero, de pronto, en un desmayo íntimo,

en un instante interno, eternizado,

nace el amor, irrumpe, nos levanta,

nos arroja en el cielo, como un mar.

Somos pasto de luz. Llama que va

vibrando, en el vaivén de un viento inmenso;

viento que sube, arrebatadamente,

entre frondas de amor que se desgarran.

Y este río que pasa siempre y nunca,

y esta selva ignorada que me acoge,

son, sobre abismos milagrosos, sueños

de Dios: eternidad que fluye y queda.

Busqué y busqué. Mis manos sangran niebla,

troprezaron en Hambrías y galayos,

se me abrieron, llagaron de infinito,

pero todo fue en vano: Te evadiste.

Llegué a odiar tu presencia. Odiemos, dije,

al Inasible. ¡Ah, sí! Pero el suplicio

se hizo mayor. Mi sed ardía sola.

Como una ola, me anegaste Tú.

Y fui llama en furor. Pasto de luz,

viento de amor que, arrebatadamente,

arrancaba las frondas y las iba

subiendo, sí, subiendo hasta tu cielo.

Allí, mecidas, en vaivén de céfiro,

en finísima luz y aguas de oro,

gozan la paz, parece que te miran,

¡oh serena Verdad!, con mis dos ojos…

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