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LOS SANTOS ÓLEOS.

LA UNCIÓN CON ÓLEO Y LA ORACIÓN  POR LOS ENFERMOS  HECHA POR UN SACERDOTE, ES UN SACRAMENTO, POR EL QUE SE  LE CONCEDE LA GRACIA Y   EL ALIVIO EN SU ENFERMEDAD .

  El título del tema nos da de forma sintética los elementos que constituyen el Sacramento de la Extremaunción, o Sacramento de la Unción de los enfermos y también   Sacramento de las curaciones, nombres aplicados al mismo en la historia de la Iglesia.

            El mismo título aporta también el orden que seguiremos en su desarrollo, incluidos en el  siguiente índice:

 

1.- Explicación de los términos del Título.

2.- Sobre la naturaleza sacramental de la  Extremaunción o Unción de los enfermos.

3.-Efectos de este sacramento.

4.-Opiniones contrarias a este doctrina.

5.- Doctrina de la Iglesia.

6.- Doctrina de la Sagrada escritura.

7.- Doctrina de la Tradición.

 

1.- EXPLICACIÓN DE LOS TÉRMINOS  DEL TÍTULO.

 El elemento material, o materia   de este sacramento es el aceite de oliva, o según las  circunstancias, otro cualquier aceite de plantas, bendecido bien por el obispo o por el presbítero , esto dice el canon 847& 1 del Código de Derecho Canónico a este respecto:

«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras:  “Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.” En estas palabras va incluida  la forma del sacramento, que tiene una estructura deprecativa.

            El enfermo ha de tener una enfermedad grave, lo que no quiere decir que esté en peligro inminente  de muerte, ni que deba estar acostado permanentemente pues entre los efectos de la unción se incluye la sanación corporal; tratándose de  personas  muy mayores ancianas, se puede considerar que por su edad  son sujetos aptos para la administración de la unción.           

            Con relación a la bendición del óleo  en la Iglesia católica oriental , el presbítero tiene licencia de la santa sede , para la bendición , en la Iglesia latina la bendición del óleo se reserva al obispo, esta forma de bendición es necesaria para su validez.( Cf. Canon  945).

  LA UNCIÓN CON ÓLEO DE   NICOLÁS POUSIN.         

Referente a la unción  decir que la misma ha de hacerse según el  ritual aprobado  por la Iglesia,  en cada momento, este ritual a través de la historia de la Iglesia ha tenido  variantes accidentales , por ejemplo  la unción, decía el canon 947, 1. ,que había de hacerse en la frente y en cada uno de los sentidos corporales  con sus correspondientes  palabras:  “Por esta santa unción y su piadosa misericordia que te perdone el Señor lo que pecaste con los ojos, con los oídos, etc.  Hoy basta con hacerla una sola vez en la frente del enfermo o en otra parte de su cuerpo: Ya hemos visto la forma indicada antes por el canon  847.

            Otra variante es su administración   comunitaria, cuando durante siglos esta unción se hacía generalmente a personas individuales. Esta variante está relacionada con la  referente al tipo de enfermedad del ungido, como se ha dicho anteriormente.

            El ministro de este sacramento es el presbítero .

 LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS ES UNO DE LOS SIETE SACRAMENTOS.

2.- SOBRE LA NATURALEZA SACRAMENTAL DE LA EXTREMAUNCIÓN O UNCIÓN A LOS ENFERMOS.

 Este rito de la unción tiene todos los elementos esenciales  de la esencia de los sacramentos : Es un signo sensible y simbólico, y eficaz de la gracia, instituido por Cristo de una forma perenne

.

 3.-EFECTOS DE ESTE SACRAMENTO.

 Los EFECTOS del Sacramento, unos son comunes y otros especiales.

            Efectos comunes son la gracia considerada en sí misma; y efectos particulares o especiales son aquellos dones de la gracia actual, los cuales se confieren en cada Sacramento en orden a obtener el fin peculiar del Sacramento.

            Hay que hacer notar especialmente que no se deben identificar los términos «en primer lugar, per se, propiamente», «en  segundo lugar, “per accidens”, impropiamente». Pues puede suceder que se intente algo «per se» pero no en primer lugar.

            Así en nuestro caso, la Extremaunción confiere la gracia segunda en primer lugar y «per se» pues es un sacramento de vivos; sin embargo en segundo término, pero también «per se» confiere alguna vez la gracia primera, a saber cuando el enfermo, impedido para recibir el sacramento de la confesión, haya hecho un acto de arrepentimiento de los pecados y dispuesto de este modo recibe la Extremaunción.

JUNTAMENTE CON LAS GRACIAS ACTUALES NECESARIAS..

. Las gracias actuales suelen unirse a la gracia habitual y son conferidas especialmente para cada uno de los sacramentos.

             En la Extremaunción se dan aquellos auxilios especiales que son necesarios para el enfermo en orden a alcanzar la vida eterna. Estos auxilios los describe el Concilio Tridentino del siguiente modo: «La unción hace desaparecer los pecados, si todavía hubiere que expiar algunos, y hace desaparecer también los restos de los pecados, y restablece el alma del enfermo, y le da fuerza, avivando en el enfermo una gran confianza en la misericordia divina, con la cual se le ayuda a éste y le son más llevaderas las molestias y las penas de la enfermedad, y resiste más fácilmente a las tentaciones del demonio que le acecha con su aguijón» (D 909).

            EFECTO SECUNDARIO es aquel que pretende el Sacramento mismo, pero no con tal principalidad que deba ser obtenido forzosamente. Sin embargo no es un efecto «per accidens» (pues éste no se pretende «per se», como sucede en aquellos sacramentos de vivos, como la Eucaristía, los cuales pueden «per accidens» perdonar los pecados).

LA DESAPARICIÓN DE LOS PECADOS Y DE LOS RESTOS DE ESTOS.

            La Extremaunción perdona los pecados tanto mortales como veniales, si los hay, y además todo -aquello, que de algún modo impide el que el hombre dotado de la gracia no se una plenamente con Dios. Los EFECTOS del Sacramento, unos son comunes y otros especiales.

Y LA SALUD DEL CUERPO CONDICIONADA.

La Extremaunción alcanza a veces, cuando conviene a la salvación del alma, la salud del cuerpo (D 909), así lo afirma el Concilio Tridentino explicando el efecto de este sacramento.   Así pues, la salud corporal es presentada también como efecto intentado «per se» por el sacramento, sin embargo no para ser alcanzado de modo absoluto y necesario, sino solamente de modo condicionado a la salvación del alma.

 DESPERTÁNDOSE A LA VIDA             

Esta salud corporal, que se alcanza algunas veces, en virtud del sacramento, no es necesariamente carismática o milagrosa: pues Dios deja que las causas naturales obren para recuperar la salud; por lo cual no hay que esperar de modo infalible el efecto de la salud, cuando este sacramento es administrado demasiado tarde. Si en cambio la Extremaunción es recibida a su debido tiempo, puede alcanzarse el efecto de la salud corporal (si conviene a la salvación del alma) por medio de las causas naturales dirigidas por una providencia especial de Dios, v.gr, iluminando a los médicos a fin de que receten las medicinas adecuadas, alejando las preocupaciones en el enfermo.

 4.- OPINIONES CONTRARIAS A ESTA DOCTRINA.

  Los primeros adversarios de este sacramento parece que fueron los waldenses y los albigenses, a los cuales posteriormente se adhirieron los wicleffitas y los husitas, los cuales sin embargo menospreciaban más bien que negaban el sacramento (D 424 y 669)

Los protestantes unánimemente niegan la sacramentalidad de la Extremaunción, sin embargo por distintos motivos :

            LUTERO, porque afirma que solamente son sacramentos los que están contenidos de modo expreso en el Evangelio; ahora bien acerca de la Extremaunción no encuentra mención expresa.

            CALVINO interpreta el texto de Santiago como que se trata de curaciones carismáticas y dice que fue introducida la noción de sacramento en la Iglesia en el siglo V por Inocencio I; por lo cual llama a la Extremaunción «hipocresía cómica».

            Los protestantes históricos pretenden explicar de distintas formas el origen de este sacramento y en general admiten que solamente se hizo común a partir del siglo XII.

            Los ritualistas y anglocatólicos admiten ciertamente la sacramentalidad de la Extremaunción, no obstante del modo como ellos mismos explican la noción de sacramento. Los más modernos no se atreven a retrotraer la Extremaunción al siglo XII, sino que dicen que ya en el siglo VIII estuvo en uso sin embargo solamente como remedio de una enfermedad corporal; en el siglo IX ya se relacionó con las enfermedades del espíritu, a saber en orden a borrar los pecados; y por último en el siglo XII los teólogos la incluyeron entre los sacramentos.

            Los modernistas aplican a este sacramento su teoría de la evolución dogmático-ritualista y pretenden encontrar en el paganismo el origen de este rito, en el Avesta (S. REINACH), en los ritos de los agnósticos (RENAN), o en los ritos de los judíos.

            Otros derivan la santa unción de la opinión, que falsamente atribuyen a los judíos y a los cristianos de la época de Santiago, según la cual todas las enfermedades vendrían del pecado; por lo cual Santiago habría instituido la Unción para perdonar los pecados y de este modo sanar las enfermedades.

            LOYSI afirma que Santiago no quiso promulgar el sacramento de Jesucristo, sino solamente recomendar una cierta piadosa costumbre. Por último    GIBSON dice que la unción que antes se llamaba extrema, por el hecho de que era la última que se daba después del bautismo y de la confirmación, posteriormente se llamó así porque fue administrada a los enfermos que estaban en peligro de muerte. Ahora bien explica este paso por medio de una simple evolución ritual.

 

LA VEJEZ Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS.

5.-DOCTRINA DE LA IGLESIA.

 INOCENCIO I, al tratar del ministro de la Extremaunción, después de decir que no solamente el presbítero sino también el obispo puede administrar la Extremaunción, pasa a tratar la cuestión acerca del sujeto; y excluye de la Extremaunción a los que hacen penitencia pública, sobre todo por esta razón: «porque es una clase de sacramento. En efecto a quienes se les niegan los otros sacramentos, ¿cómo se piensa que puede ser concedido una clase de sacramento?» (D 99).

            Estas mismas palabras las repite el Concilio Ticiense después de encomendar «que este saludable sacramento… fuera dado a conocer a los pueblos por medio de una inteligente predicación» CD 315).

            En la profesión de fe prescrita a los waldenses INOCENCIO III cita también entre los sacramentos, después de la penitencia y antes del matrimonio, «la unción de los enfermos con el óleo consagrado» (D 424).

            Del mismo modo INOCENCIO IV, al tratar de los errores de los griegos, prescribe: «Y a los enfermos, según las palabras de Santiago se les dé la Extremaunción CD 3042; ed. 28,451).

            La profesión de fe de Miguel Paleólogo enseña «que son siete los sacramentos de la Iglesia,  a saber el primero el bautismo…: otro la extrema unción, la cual según la doctrina del bienaventurado Santiago, se les administra a los enfermos» (D 465).

            Del mismo modo se les propone a los seguidores de Wicleff y de Huss como sacramento que debe ser admitido (D 669); y se le describe con más detalle, así como cada uno de los siete sacramentos, en la instrucción dada a los armenios (D 700).

            El Concilio Tridentino ya había citado la extrema unción entre los siete sacramentos de la Nueva Ley (D 844); mas posteriormente propuso de un modo especial la doctrina de este sacramento en cuatro cánones, dirigiéndose directamente contra los errores de los protestantes. Cn.1; «Si alguno dijere que la extrema unción no es verdadera y propiamente sacramento instituido por nuestro Señor Jesucristo y promulgado por el bienaventurado Santiago Apóstol, sino que es solamente un rito admitido por los Padres o una ficción humana, sea anatema.» (D 928).

            Cn.2: «Si alguno dijere que la unción sagrada de los enfermos no confiere la gracia ni perdona los pecados ni alivia a los enfermos, sino que ya ha cesado, como si en otro tiempo hubiera sido solamente una gracia curativa, sea anatema» (D 927).       Los otros dos cánones se refieren al rito y al ministro de la extremaunción <D 928-929, véase también en el capítulo, D 907-910).

            S. PIO X condenó a los modernistas que afirmaban: «Santiago en su epístola no intenta promulgar un sacramento de Jesucristo, sino recomendar una piadosa costumbre y si en esta costumbre tal vez ve un medio de gracia, este medio no lo toma en el rigor, con que lo tomaron los teólogos, los cuales establecieron la noción y el número de los sacramentos» (D 2048).

ADMINISTRACIÓN COMUNITARIA DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS.

EL CONCILIO VATICANO II.

 Tres son los textos conciliares sobre el sacramento de la unción de los enfermos: los nn. 73, 74 y 75 de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada Liturgia, el n. 11 de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia y el n. 27 del Decreto Orientalium Ecclesiarum sobre las Iglesias Orientales Católicas.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, explicita que «[…] no es solo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida […]», señalando que son oportunos para recibirlo los tiempos de enfermedad o de vejez.. El cambio de sentido impuesto al sacramento por el Concilio, responde a la necesidad e importancia de asistir a los enfermos para que el Espíritu Santo los acompañe y reconforte.

JESÚS CURANDO A LA MUJER QUE SUFRÍA FLUJOS DE SANGRE.

5.-DOCTRINA DE LA SAGRADA ESCRITURA.

 En la Nueva Ley según el Concilio Tridentino, el sacramento de la Extremaunción fue promulgado por Santiago. El texto clásico de la Epístola Católica se expresa en estos términos: ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor hará que se levante, y si hubiere, cometido pecados, le serán perdonados (Sant 5,14s).

Los protestantes y racionalistas negaron la autenticidad de esta Epístola, pero esto lo hacen erróneamente, ya que está contenido en el canon de la sagrada Escritura y aunque han desaparecido los comentarios patrísticos a esta Epístola, consta sin embargo que estos comentarios fueron hechos por Clemente Alejandrino, Dídimo, Cirilo de Alejandría y Agustín.

  FRAGMENTO MURATORIANO.          

La Epístola de Santiago se encuentra ya en el fragmento Muratoriano, en Orígenes y en Jerónimo; y directamente se refiere a los cristianos convertidos del judaísmo («a las doce tribus que están en la dispersión»), sin embargo lo que dice conviene absolutamente a todos los cristianos. Aunque haya distintas sentencias por parte de los intérpretes acerca del tiempo en que fue escrita la epístola, sin embargo no puede retrasarse más del alío 61 ni podemos situarla antes del año 40.

            El autor había leído, según parece, la Epístola de San Pablo a los romanos en la cual el Apóstol de las Gentes ensalza la necesidad y la excelencia de la fe en orden a la justificación y se dedica totalmente a demostrar la inutilidad de las obras de la ley a causa de la ineficacia de las obras legales en orden a alcanzar la justificación.

Ahora bien puesto que algunos cristianos habían entendido mal la Epístola de

 San Pablo, interpretando que sólo la fe justifica prescindiendo de las obras, Santiago quiere mostrar en contra de éstos que la fe sin obras es muerta.

CRISTIANOS PERSEGUIDOS Y MUERTOS EN SIRIA.

Por último exhorta a los fieles a que soporten la persecución, y ejerzan la caridad, la misericordia y la limosna.

            Al texto en su c.5 y v.14-15 le preceden inmediatamente unos preceptos más generales: cómo hay que comportarse en el gozo y cómo hay que hacerlo en la tristeza…

De este caso más general pasa el .Apóstol a un caso más particular sobre la tristeza por motivo de enfermedad; y así como respecto a la tristeza general recomendó la oración ” ¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore“, ahora frente a la enfermedad recomienda de nuevo la oración pero juntamente con la unción: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llamen a los presbíteros de la Iglesia que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor…”

            Está enfermo; υνιαει suele oponerse a κακοπαθειν, pero en este texto se opone a κακοπαθειν y en todos los lugares del Nuevo Testamento donde se emplea κακοπαθειν, significa una enfermedad grave, no una enfermedad leve. Después en el v.15 usa el Apóstol de la palabra καμνοντα (salvará al enfermo), que significa «estar aquejado de enfermedad», a manera de luchar con la muerte

            Alguno entre vosotros, a saber alguno de los discípulos del Señor, esto es de los cristianos a los que se dirige la Epístola.

SAN PEDRO: NO TENGO ORO NI ORO NI PLATA… EN NOMBRE DE JESÚS NAZARENO   LEVÁNTATE Y ANDA.        

Llame a los presbíteros de la Iglesia. προρκαλεσασθω (mande llamar) confirma la interpretación anteriormente dada acerca de una enfermedad grave, pues no es el enfermo mismo el que va junto a los presbíteros, sino que son ellos lo que deben llegarse hasta el enfermo, por haber sido llamados por éste.

            Por presbíteros se entiende en los Evangelios los magistrados del pueblo judío, pero en los Hchs y en las Epístolas del N.T. son «los sacerdotes tanto del primer orden como del segundo»lo cual se ve más claro en nuestro texto cuando se añade «de la Iglesia», pues en la Iglesia católica presbíteros son los que desempeñan la función sacerdotal. Así interpretan todos los Hchs 20, 17.[6]

            Y oren sobre él. Los vocablos ευχη, προσευχομαι según los helenistas significan una oración litúrgica o los recintos mismos donde se rezan las preces litúrgicas; y προσευχομαι επ’ αυτον se emplea para significar la efusión de la gracia sobre aquél en favor del cual se ora. Sobre él puede o bien significar sencillamente en favor de él o bien inclinado sobre él; este último sentido se entiende mejor en el sentido sacramental, cuando se imponen las manos sobre el enfermo mientras se hace la súplica.

            Y lo unjan con óleo. No se concreta el modo de ungirle, porque esto no concernía al propósito de la Epístola, la cual no va dirigida precisamente a los presbíteros. El tiempo griego aoristo en participio parece indicar que la oración y la unción ce realizaban al mismo tiempo.

            En el nombre del Señor. Algunos exegetas unen esta perícopa con la expresión «oren sobre él», y en este caso significa: «oren sobre él invocando el nombre del Señor», esto es, a la manera como suelen terminar las oraciones litúrgicas «por Cristo nuestro Señor». Otros en cambio prefieren unir esta perícopa con el vocablo «y le unjan». De modo que resulte: «y le unjan con óleo en el nombre del Setter», esto es «por mandato y autoridad del Señor»

            Y la oración de la fe. ευχη responde al vocablo προσκαλεσασθωσαν v.14; así pues es una oración litúrgica de súplica.

            Se llama oración de la fe no porque sea una oración cuya eficacia se deba a la fe del enfermo (según pretenden los protestantes), pues no se trata de la oración del enfermo, sino de la del presbítero, por el contrario «oración de la fe» responde más bien al objeto o fundamento de la oración sacramental. En este sentido el bautismo suele ser llamado por S. Agustín «palabra de fe» y la Eucaristía es llamada también «misterio de fe».

            Salvará al enfermo. Aunque el verbo σω.ειν en muchos textos del N.T. se usa al hablar de la salud corporal, sin embargo no siempre se usa en este sentido, Más aún Santiago emplea esta palabra cuatro veces (1,21; 2,14; 4,12; 5,20) y siempre en sentido espiritual;• luego parece que también en este texto significa salud espiritual.

            Lo cual se confirma todavía más por el hecho de que poco después (v.16) al hablar de la salud corporal usa el verbo ιαθήτε. Así pues el sentido versa acerca de la liberación de todas las molestias de la enfermedad, las cuales no solamente son materiales, sino también, y en verdad con frecuencia, espirituales, como son las angustias, el temor al juicio de Dios por estar inminente la muerte, etc. Sin embargo de ningún modo se excluye la salud corporal.

            Y el Señor hará que se levante. El verbo εγειρειν en el N.T. tiene distintos significados: a) despertar del sueño (Mt 8,25; Lc 8,24); b) sanar de una enfermedad (Mt 1,31; 9,27; Hch 3,7); c) resucitar de la muerte (Mt 10,8; Jn 5,21; 12,1ss; Rom 4,24; 8,11; 1 Cor 5,12; Hebr 11,9).

 ORÍGENES.

6.-DOCTRINA DE LA TRADICIÓN.

 A) Antes del siglo VIII.

 Siglos I-II.

 Hemos de confesar que no poseemos testimonios explícitos de esta época acerca de la Extremaunción; pueden darse como explicación de este hecho las razones siguientes:

             1. Si exceptuamos unos pocos y muy cortos fragmentos, no quedan comentarios de los Santos Padres a la Epístola de Santiago; acerca de la existencia de los cuales tenemos algunos indicios.

             2. Tampoco tenían por costumbre los Padres componer sistemáticamente un sermón de todo lo que concierne a la vida cristiana, sino que enseñaban las distintas doctrinas y dogmas cuando se presentaba la ocasión. No había tantas ocasiones de hablar acerca de la Extremaunción (y esto incluso en nuestra época no ocurre con frecuencia): y al ser. el complemento de la penitencia y administrarse al fin de la vida, había que insistir más en el sacramento de la penitencia mismo y en los sacramentos que son necesarios a lo largo de todo el curso de la vida.

            3. Probablemente, por distintas dificultades, principalmente en la época de las persecuciones, en los primeros tiempos no fue tan frecuente el uso de este sacramento, sobre todo siendo así que debía ser administrado en presencia de los paganos; y muchas veces los cristianos se bautizaban al fin de la vida.

MARÍA CON EL NIÑO Y LOS PADRES DE LA IGLESIA.

 Siglos III-V.

 Se hallan muchas alusiones con mayor o menor claridad, las cuales, si se unen en un solo conjunto, muestran que estuvo en uso la unción de los enfermos como un rito eclesiástico para alcanzar la salud del alma y del cuerpo.

            Así se expresan TERTULIANO, S. ATANASIO, DIDIMO, S. HILARIO, S. GREGORIO NACIANCENO, S. AMBROSIO, S. AGUSTIN, POSIDIO, CASIANO, S. OPTATO, TEODORETO, VICTOR DE ANTIOQUTA, ARNOEIO IUNIOR, ARATOR. Más claros y manifiestos de entre los cuales pueden servir de ejemplo los siguientes:

            ORIGENES, al tratar de los distintos modos, como pueden ser perdonados los pecados, escribe: «Todavía hay una clase de perdón de los pecados, que es la séptima, aunque penosa y que exige esfuerzo por medio de la penitencia, cuando el pecador batía en lágrimas su lecho y sus lágrimas son para él el alimento día y noche, cuando no tiene rubor en manifestar al Sacerdote del Señor su pecado y buscar la medicina, según aquel que .dice: He dicho: manifestaré al Señor en mi contra mi justicia y tú has perdonado la impiedad en mi corazón.

             En lo cual se cumple también lo que dice el Apóstol Santiago: Y si alguien está enfermo llame a los presbíteros de la Iglesia y pondrán sobre él las manos ungiéndole con el óleo en el nombre del Señor y la oración de la fe salvará al enfermo y si hubiere caído en pecados se le perdonarán».     

            Orígenes no excluye en este texto la Penitencia, pero tampoco se refiere exclusivamente a ella, según pretenden los protestantes, Pues al ser la Extremaunción el complemento de la Penitencia y al querer Orígenes mostrar «cuantas clases hay de perdón de los pecados», no es extraño el que una en un mismo texto ambos sacramentos.

            AFRATES habla acerca de los distintos usos del óleo sagrado y dice:      «Duplicaron los frutos del aceite resplandeciente, en el cual está el signo del sacramento de la vida, por el que se perfeccionan los cristianos y los sacerdotes y los reyes y los profetas: ilumina las tinieblas, unge a los enfermos y reconcilia a los penitentes por medio de su sacramento misterioso».

            El sabio persa cita esta unción de los enfermos entre las unciones sacramentales (bien en sentido estricto o en sentido lato), como son el Bautismo, la Confirmación y la Penitencia. Luego da por supuesto también que la unción de los enfermos es un rito especial, realizado por cualquier cristiano no a guisa de devoción, sino según el modo ritual o sacramental.

 UNCIÓN DE LOS ENFERMOS . MARCELO GRANDE. PARROQUIA DE NTRA. SRA. DE LA ASUNCIÓN. MIGUELTURRA. C. REAL .ESPAÑA.           

S. JUAN CRISÓSTOMO habla dos veces acerca de la unción de los enfermos:            

En el tratado Sobre el sacerdocio 3,6 compara a los Sacerdotes con los padres y a fin de ensalzar la autoridad y la potestad de los sacerdotes, dice: «Es tan grande la diferencia entre ambos, cuanta es la diferencia entre la vida presente y la futura. Pues aquéllos, los padres, engendran ciertamente a los hijos para esta vida, éstos, los Sacerdotes, engendran a los cristianos para la vida futura; y aquéllos, los padres, ni siquiera pueden apartar de sus hijos la muerte corporal, ni pueden rechazar una enfermedad que sobrevenga, en cambio éstos, los Sacerdotes, han salvado muchas veces al enfermo y al alma que estaba a punto de condenarse, a unos dándoles como pena el perdón, a otros no permitiendo que cayeran en absoluto en el pecado; y esto no sólo a base de enseñanzas y advertencias, sino también auxiliándoles con oraciones.

            Pues no solamente cuando nos regeneran, sino también después de la regeneración pueden perdonar los pecados cometidos. En efecto: ¿Está enfermo, dice, alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia , y oren sobre. él ungiéndole con el óleo en el nombre del Sellar. Y la oración de la fe salvará al enfermo y el Sellar hará que se levante y si hubiera cometido pecados se le perdonarán».

            También se refiere a la Extremaunción, la cual los griegos la conservaban en una lámpara, el Santo Doctor cuando compara a la Iglesia con una casa particular: «¿Pues qué no es aquí grande, no es aquí extraordinario? Puesto que esta mesa es mucho más digna de honor y mucho más suave que la tuya y esta lámpara mucho más también que la tuya, Y esto lo saben cuantos con fe habiendo sido ungidos con el óleo a su debido tiempo han sido liberados de las enfermedades».

            A estos testimonios podrían añadirse: EUSERIO DE CESAREA, S. CIRILO DE ALEJANDRIA, ISAAC DE ANTIOQUIA, el autor de la obra Acerca de las promesas y predicaciones da Dios, el Evangelio de Nicodemo, CESAREO ARELATENSE.

 PADRES DE LA IGLESIA LATINA.

 Siglos VI-VIII.

 Aparte de los textos particulares ya más abundantes, a partir de este siglo aparece mucho más el uso histórico sirvan de ejemplo:

            CASIODORO: «Después de estas advertencias [Santiago> da a los fieles una regla saludable al decir: de ningún modo hay que jurar sino que el cristiano debe decir que es lo que es y que no es lo que no es; y si alguno es malherido por injuria de otro o se siente enfermo por enfermedad natural, dice que se llame a un presbítero, para que éste haciendo uso de la oración de la fe y por la unción del santo óleo salve a aquel, que parece abatido: prometiendo también que les han de ser perdonados los pecados a aquellos que hayan sido visitados con una de estas dos oraciones».

            PRIMARIO interpretando las palabras del Apocalipsis «no causes daño al aceite y al vino» (Apoc 6,6) dice: «Así pues en el vino prohíbe que se haga daño a la virtud de los sacramentos en el vino y en el óleo, en cuanto unción y sangre preciosa. De aquí que leemos en el Libro de los Salmos: Y el vino que recrea. el corazón del hombre para que lustre su rostro con aceite» (Sal 103,15).

            Ahora bien se encuentran narraciones acerca de la administración de la Extremaunción: en la vida de S. Mauro, de S. Launomaro, de S. Eutiquio, de S. Laobano, de Tresano, de S. Eugenio obispo Ardarcense.

            Después del siglo VIII. Ya pueden presentarse muchos textos tanto extraídos de los decretos de los Concilios como de la práctica que ya resulta frecuentísima así como finalmente de testimonios explícitos.

 BIBLIOGRAFIA P. Severino González: Sacrae theologiae summa. Patres societatis Jesu in hispania profesores  T.IV BAC 1951. S. Th., Suppl.q.9. Lercher- Umberg, n 644-649).

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