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En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. Me dijo:

«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

La primera lectura de hoy nos llega dentro del contexto en el que el año 573 a.C., el templo del Rey Salomón había quedado completamente destruido y los israelitas vivían en constante y completa aflicción, pero Dios les envió al profeta Ezequiel con un mensaje de esperanza: Habría un nuevo templo, mejor que el antiguo, y de este templo fluirían aguas que serían portadoras de vida y salud. Dios le estaba diciendo a los de su pueblo que no se quedaran paralizados por la desesperanza de la situación del momento, sino que elevaran la mirada hacia su presencia y confiaran en sus promesas.

Esto es lo que celebramos hoy al recordar la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma. Esta iglesia fue construida poco después del año 313, cuando el Emperador Constantino declaró que todos sus súbditos cristianos eran libres de practicar su fe sin persecución.

Pero esta basílica no constituye solamente un histórico templo católico, sino que es símbolo de toda la Iglesia viviente, dinámica, vibrante y de la que brota el torrente del agua de la vida y el amor divinos. El Señor nos anima a todos, a ti y a mí, a que bebamos de esta agua y nos sumerjamos en ella. ¡Vamos, nademos en las aguas profundas y transformadoras del amor y la gracia de Dios, y así veremos la renovación de la Iglesia y del mundo!

Hermanos: Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.

Corintio era una ciudad importante y abundante en el istmo (franja estrecha de tierra) que separa el norte del sur de Grecia. El Apóstol Pablo pasó allí 18 meses durante su Segundo Viaje de Misionero y fundó allí una iglesia. Hechos 18 relata la obra de Pablo en Corintio durante ese tiempo en bastante detalle.

Pablo escribe esta carta para responder a un informe de la gente de Cloé sobre los problemas que hay en la iglesia de Corintio (1:11). En esta carta, Pablo se dirige a estos problemas a través de su enseñanza apostólica.

Ahora, en capítulo 3, se enfoca de nuevo en las divisiones de la iglesia de Corintio. Divisiones personificadas por cristianos corintios que decían, “Yo cierto soy de Pablo” o “Yo de Apolos” (3:4; véase también 1:12). Pablo se dirigió a este asunto en versículos 1-9 y terminó diciendo, “Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois” (3:9).

En cuanto al contenido doctrinal del texto, coincide básicamente con lo que Ezequiel dice en la primera lectura que hemos comentado , dice allí, entre otras cosas » Ahora, los miembros del Cuerpo de Cristo, es decir la Iglesia, somos piedras vivas (1 Pedro 2, 5) en la construcción del templo santo.» Y el texto de hoy dice :“Porque… vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois” (3:9).

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:«¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Introducción

En Juan 2:13-22, Jesús muestra una faceta sorprendente de Su carácter al purificar el templo. Este pasaje revela su celo por la santidad del lugar de adoración y su autoridad divina. A través de este acto, Jesús no solo confronta la corrupción religiosa, sino que también apunta hacia el verdadero templo: su propio cuerpo. Este relato nos desafía a examinar nuestras vidas como templos de Dios, buscando pureza, reverencia y una relación genuina con Él.

Versículo clave: “Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén. Y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.” (Juan 2:13-14)

Explicación: Jesús encuentra el templo, lugar sagrado de adoración, convertido en un mercado. Este acto no solo refleja la corrupción, sino también la pérdida de reverencia por las cosas santas.

Aplicación práctica:  Este versículo nos llama a reflexionar sobre nuestras prioridades y sobre la forma en que reverenciamos a Dios en nuestras acciones diarias.

Versículo clave: “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas.” (Juan 2:15)

Explicación: Con autoridad divina, Jesús toma acción para purificar el templo. Este gesto simboliza Su derecho como Hijo de Dios para restaurar el orden en los asuntos espirituales.

Aplicación práctica: Permitamos que Jesús limpie nuestras vidas de todo lo que obstaculiza nuestra relación con Él. Su autoridad no solo purifica, sino que también restaura nuestra comunión con el Padre.

Versículo clave: “Y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.” (Juan 2:16)

Explicación: Jesús enfatiza que el templo es la casa de Su Padre, un lugar dedicado exclusivamente a la adoración. Este llamado es un recordatorio de que nuestras vidas, como templos del Espíritu Santo, deben reflejar santidad.

Aplicación práctica: Examina tu vida. ¿Hay algo que necesita ser quitado para que sea un lugar de comunión con Dios? Él nos llama a mantener la pureza espiritual como un acto de reverencia hacia Su presencia.

Versículo clave: “Respondieron entonces los judíos y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” (Juan 2:18-19)

Explicación: Aquí Jesús apunta hacia su muerte y resurrección, revelando que Él mismo es el verdadero templo de Dios. Este evento señala el cambio de enfoque: de un lugar físico a una relación personal con Dios a través de Cristo.

Aplicación práctica: Nuestra fe no se basa en edificios, sino en Jesús como el fundamento. Él es el templo vivo donde encontramos la presencia y gracia de Dios.

Versículo clave: “Cuando, pues, resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.” (Juan 2:22)

Explicación: Los discípulos comprendieron plenamente estas palabras tras la resurrección. La victoria de Jesús sobre la muerte confirma su autoridad y cumplimiento profético.

Aplicación práctica: La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe. Nos invita a confiar en Su poder y en Su palabra, incluso cuando no entendemos completamente lo que Él está haciendo.

Jesús purifica el templo como una acción profética y un llamado a una vida de santidad. Este pasaje nos recuerda la importancia de mantenernos espiritualmente limpios y reverentes ante Dios. Al poner nuestra fe en el Cristo resucitado, encontramos la verdadera adoración y comunión con el Padre.

Jesús no teme entrar en nuestras vidas, incluso cuando están llenas de desorden o compromisos mal dirigidos. Su deseo es limpiarnos, renovarnos y restaurarnos a la plenitud de la comunión con Él. No importa cuánto caos haya en tu «templo», Su amor es más grande. Él tiene la autoridad para transformar todo aquello que nos separa de Dios. Confía en Él y dale la bienvenida para que haga Su obra en ti.

Reflexiona sobre tu vida como un templo del Espíritu Santo. ¿Qué necesita ser limpiado? Dedica tiempo esta semana para orar y permitir que Jesús transforme y purifique tu corazón, renovando tu compromiso con Él.



LA REPRODUCCIÓN DE LOS ESTIGMAS DE CRISTO CRUCIFICADO

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