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PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja.
El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.
Palabra de Dios
COMENEs el día de la intervención de Dios. El pueblo de Israel tiene a Dios
muy presente. Incuso en los tiempos antiguos, cuando todavía no
habían descubierto que solo hay un Dios y que los ídolos de los otros
pueblos no eran nada, ellos ya tenían claro que su Dios estaba más
cerca de su pueblo que los dioses de los demás. Dios escuchaba su
clamor cuando eran oprimidos por el faraón; Dios habitaba enuna
tienda cuando ellos estaban en el desierto, viviendo en tiendas; Dios se
manifestaba a Moisés y hablaba con él como un amigo habla con un
amigo. Dios no soporta ver la injusticia, la opresión de los poderosos
contra los débiles, el sufrimiento de su pueblo. Dios interviene; ha
intervenido muchas veces en la historia, pero, al final, intervendrá de
forma definitiva. Los profetas hablan de esto con la expresión «aquel
día», el día en que las cosas se verán como son, en que la verdad
brillará a los ojos de todos, en que ya no habrá nada que temer.
Retoñará el tocón de
TARIO :Isaías 11, 1-10
Retoñará el tocón de Jesé.
Con una metáfora del campo comienza Isaías a dar esperanza a su
pueblo. Qué alegría cuando, de un tronco seco, comienza a despuntar
el verdor de la yema. Las plantas tienen su parte de misterio, no es
fácil saber si un árbol está del todo muerto, a pesar de las apariencias,
la vida puede estar circulando en su interior, en la oscuridad, en la
profundidad desconocida. Y llega un momento en el que, contra toda
esperanza, sale a la luz la vida que ya había, pero que nadie conocía.
Esta es la profundidad de la imagen que el profeta nos presenta. Está
diciéndole a su pueblo, y a nosotros: «no desesperéis, es verdad que el
árbol de nuestra sociedad, de nuestra vida, de nuestro mundo, parece
muerto, reseco, sin futuro. Pero tiene todavía vida por dentro, muy
escondida, muy al fondo, en el tocón, cerca de las raíces. Dios es capaz
de hacer que esta vida rebrote y, os lo aseguro, rebrotará».
Isaías vive un tiempo de reyes funestos, que toman decisiones
equivocadas. Son descendientes de David, el rey al cual Dios le hizo la
promesa: «Siempre habrá un descendiente tuyo en el trono del reino».
Pero no se han comportado como David, han sido infieles a Dios, y
todo el pueblo ha tenido que pagarlo.
Por eso Isaías anuncia un descendiente del tocón de Jesé, el padre de
David. Quiere decir que los reyes que hay ahora son el tronco y las
ramas secas que se han de cortar, pero que, volviendo a los orígenes, a
David, y más aún, al padre de David, Dios construirá un nuevo futuro.
En la Iglesia tenemos que volver siempre a los orígenes, a Dios, a sus
promesas. Tenemos que fijarnos en todas las cosas superfluas que se
nos pegan a lo largo del tiempo. En la vida de cada uno sucede lo
mismo; podemos tener unas convicciones, desear ser fieles a Dios, a
nuestra fe, a nuestra vocación, pero el día a día nos pone delante mil y
una preocupaciones que pueden hacer que es oscurezca aquello que
antes teníamos tan claro. Volver a las raíces, a los orígenes, es la
invitación que Isaías nos hace.
Lo mismo se puede decir de la experiencia del pecado, del extravío de
la vida, cuando hemos errado el camino. Volver atrás es hacer
memoria del porqué de nuestros pasos, de las motivaciones que nos
movieron al principio, de la vocación que Dios nos dirigió
llamándonos por nuestro nombre y tocándonos el corazón. Volver atrás
no es refugiarse en el pasado, sentir nostalgia, lamentarse del tiempo
presente. ¡Eso nunca! Los profetas siempre miran al futuro y nos
enseñan a hacer lo mismo. Volvemos atrás para encontrar de nuevo el
camino justo y seguirlo con confianza, de la mano de Dios que nos
guía.
Sobre él se posará el Espíritu del Señor.
Isaías pasa a describir cómo será el nuevo rey que Dios enviará a su
pueblo. La principal característica es que el Espíritu de Dios vivirá en
él. El Espíritu es el aliento, la vida, la presencia de Dios mismo en su
vida. Fijémonos en que no dice que el Espíritu «le inspirará», que sería
una idea muy normal. El profeta está diciendo mucho más, el Espíritu
«se posará», vivirá en él, residirá en él, irá a él para quedarse.
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Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9
Hermanos:
Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús, de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito:
«Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre».
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 1-12
Por aquellos días, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:
«¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?
Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.
Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias.
Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga». Imprimir Descargar PDF

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